«El padre de Vd. ha muerto.

«Envuelto en una quiebra producida por la fuga de un sócio bribon, falleció víctima de una congestion fulminante.

«Los acreedores se presentaron munidos de sus derechos, y obtuvieron la liquidacion.

«Pero como el sócio (hermano de la señora Ridel) había sustraido en su fuga todo el numerario existente en caja, quedó un enorme pasivo, que toda la fortuna particular de Cárlos Ridel, no ha sido bastante á cubrir.

«Bajo el peso de tres catástrofes: la infame fuga de aquel hermano, impuesto por ella á la sumision de su marido; la súbita muerte de éste, y la miseria que le aparecía con su séquito de humillaciones, la desventurada mujer enloqueció.

«Silenciosa, sin lágrimas, huraño el ademan y fija la mirada, escuchó la intimacion de desalojo; y cuando intentaron hacerla salir de su casa, subióse á lo alto del mirador que coronaba el edificio, abrió un balcon y se arrojó á la calle.

«Cuando la levantaron de la vereda estaba muerta».

La carta cayó de las manos de Mauricio, que lloró con lágrimas de dolor á ese padre de quien no había recibido ni cuidados, ni caricias, pero cuyo desvío disculpaba, atribuyéndole su verdadera causa: la debilidad humana.

Mas, luego, secando sus lágrimas, escribió rápidamente, cual si temiera que su carta no llegara á tiempo:

—Ponga Vd. inmediatamente á la órden del Juez que entiende en la liquidacion de los bienes de Cárlos Ridel, todos los que de mi propiedad están bajo la administracion de Vd.—