Pronta estaba ya para el regreso; pero su padre, que vino á buscarla, á su paso por Rio Janeiro contrajo una fiebre, y murió apenas llegado aquí.
La pobre niña ha quedado sola en el mundo, hundida en el dolor; pero no se ha desalentado. Rendidos al padre los últimos deberes, vuelve á Buenos Aires, donde vá á buscar en el trabajo la subsistencia......
Pero, ¡qué charlar de viejo! dirá Vd.
—¡Oh! no señor, que me interesa profundamente esa jóven.
—Y si puede Vd. serle útil, durante la travesía, nos obligará mucho, á mí y á mi familia. Además, la señorita Julia Lopez, merece por sí sola toda suerte de atenciones.... Pero, hijo mio, pronto, pronto, márchese Vd., que apenas tiene tiempo de tomar el trasporte y llegar á Pouillac.
—Adios, hijo mio. Escríbame V.; y déme siempre ocasiones de serle agradable. Por su parte: «contra mala fortuna, fuerte corazon», y no olvide Vd. que el trabajo, impuesto por Dios al hombre como un castigo, es la mayor de sus bendiciones....—
Mauricio se apartó profundamente enternecido de aquel noble anciano, tan servicial y benéfico, no solo para sus compatriotas, sino para todos los americanos que aportan á Burdeos.
Al llegar á bordo del vapor, pronto ya á partir de Pouillac, Mauricio encontróse en medio de una escena de adioses entre los viajeros que se iban, y los que venidos á despedirlos, regresaban.
Lejos del tumulto, sola, sentada en un banco de popa, estaba una jóven vestida de luto.