Al verla, el nombre de Julia Lopez vino á la mente de Mauricio.
Anochecía; y la sombra de la hora y un largo crespon negro velaban el rostro de la viajera. Pero Mauricio adivinaba dos grandes ojos negros que lloraban, fijos en el lejano paisaje que él, tambien con dolor, contemplaba.
Un mismo duelo apenaba aquellos dos corazones: el uno dejaba un sepulcro; el otro, la tierra de caluroso afecto que reemplazara la patria y la familia.
Catorce años antes, á esa misma tristísima hora, el anochecer, un niño, angustiado el semblante, asomábase á la borda de un buque inglés que echaba el ancla en el puerto.
Sus ojos contemplaban con terror el país desconocido que tenía delante; y volvíanse llorosos hácia las azules lontananzas que en pos dejaba.....
¡La vida es una perpétua nostalgia!
VII
El vapor dejó las aguas de Pouillac y siguió su derrotero entre las brumas de la noche.
Cuando la luz del faro de Pouillac desapareció en el horizonte, un sollozo exhalóse bajo el velo de la viajera, que se alejó con lentos pasos.