—Me contentaré con que usted me admita como inquilino invisible.
—Contando, desde ahora, con fuertes resistencias, voy sin embargo, á proponerlo á mis huéspedas; por supuesto, alegando en gracia del solicitante, las razones por él expuestas.
Venga usted á verme mañana.—
XI
Desde que lo vió llegar, madame Bazan tendió á Mauricio las manos.
—¡Triunfamos!—exclamó, con la espontánea alegría francesa.
—Reunido anoche mi areópago á la hora del té, expuse el caso con todas sus atenuantes modificaciones.
¡Quién lo creyera! La seccion jóven fué á V. adversa.
¡Y dicen que la juventud es indulgente! ¡Qué error!