Apenas, las viejas, en mayoría, lograron triunfar, no sin el rigoroso aditamento de—forzosa ausencia de la casa, desde primera hora hasta la hora del sueño.

Venga usted á ver el cuarto que le destino. Es el único que un hombre puede habitar en esta casa, verdadero monasterio, dónde solo faltan la toca y el sayal.

Y empujando una puerta que abría en el zaguan, hizo entrar á Mauricio en una pieza pequeña, pero aseada; cubiertas sus paredes con papel de ramajes azules en fondo blanco.

Frente á la ventana, que recibía luz de la calle, una puerta empapelada como las paredes, clavada una percha en lo alto del marco y oculta bajo una cortina de damasco azul, hacía veces de ropero, cegando la comunicacion con la vivienda vecina.

Cubría el piso un tapiz de hule; y el mobiliario componíanlo una cama de nogal con dos colchones, dos almohadas y mosquitero de gasa blanca; un velador, un lavabo con juego de porcelana, una cómoda, dos sillas y una mesita central.

—¡Magnífico! Hé aquí cuanto necesito—dijo Mauricio, estrechando gozoso la mano á madame Bazan.


XII

Aquel mismo dia mandó allí su modesto equipaje, que la camarera instaló, arreglando el pequeño cuarto, á pesar de su deficiente mueblaje, con el realce de un buen gusto enteramente parisiense.