Pero como si la artista hubiera adivinado su presencia, el piano calló.

—Es una de las enemigas que rechazaron mi admision—pensó Mauricio.

Aquella noche, fantásticas visiones visitaron su sueño. Ora bajo la aérea forma de una vírgen, sonreíale el valse de Julieta; ora, en letras de fuego llameaba la misteriosa leyenda....

Desde entónces, en vano Mauricio aguzaba el oído; el cuarto vecino permanecía silencioso.

—Quizá para alejarse de mí, su habitante lo habrá abandonado—pensaba Mauricio, no sin consagrar un tierno recuerdo al encantado arpegio, y al bello valse de Julieta.


XIII

Cierto dia, encargado de redactar una memoria en que le era necesario compulsar leyes y decretos, Mauricio, huyendo de la cháchara de sus compañeros, resolvió hacer aquel trabajo en su habitacion.

Encerrado y sin dar al exterior señal de vida, escribía en la holgura del silencio y la soledad.