—.... El mismo Cristo, en las bodas de Caná, estableció su dependencia del hombre.—Mujer, dijo á su madre, que le pedía un milagro, ¿qué hay de comun entre tú y yo?
Alicia, ruégote que tomes de sobre aquella mesa los Santos Evangelios y leas en San Juan las palabras de Jesús á su Madre, en aquella ocasion.
Oyóse hojear el libro y la voz de Alicia leyó:
—..... Y como faltara el vino, dijo á Jesús su Madre:—«No tienen vino»—y Jesús respondió—«Mujer, ¿qué tenemos que hacer en esto, tú y yo? Mi hora aún no ha llegado».
—Jesús se refería á la edad en que un profeta debía comenzar su obra: los treinta años, que él no había alcanzado todavía.
Pero la madre que tenía la seguridad de ser obedecida, dijo á los criados:—«Haced lo que él os dijere.»
Y Jesús obedeció: y por obedecerla hizo su primer milagro: convirtió el agua en vino esquisito que hizo exclamar á los convidados:—«¿Por qué nos dan ahora este vino que debimos gustar al principio?»
—Pues que de citas equivocadas se habla, ninguna como la de aquel señor diputado que en plena Cámara llamó precepto evangélico al—«Creced y multiplicaos»—del Génesis.
—Y diputado por Córdoba: la ciudad teóloga por excelencia.
—¡Ah! ¡y que con todas estas deficiencias se atrevan los hombres á disputarle á la mujer su emancipacion!