Un cerco de viñetas representando coronas y ramilletes, ofrendas de cariño, rodeaban el retrato de una jóven morena, esbelta, de rostro oval, frente elevada y abundosos cabellos.
Vestida de negro, con esa sencillez elegante y severa que es y será la moda en todos los tiempos, cruzados los brazos sobre el pecho, apoyábase en la reja de un balcon.
Sus grandes ojos negros miraban á lo léjos, y una ténue sonrisa suavizaba la seriedad de su boca.
En aquel semblante, á la vez, juvenil y reflexivo, había un encanto indefinible, que atraia y hacía meditar.
Mauricio, cerrando los ojos, cotejó aquella imágen con la que había en su corazon....
Era la misma, era el ideal que soñara bajo el velo de crespon negro en la rada de Pouillac y en la bahía de Rio Janeiro....
XIX
¿Cuánto tiempo permaneció así, fija la mirada en aquel retrato, absorto en su contemplacion?