XXXI
—La Capilla de Nuestra Señora de las Victorias tenía hoy un aspecto imponente. Llenábala el cortejo de una boda.—
Así llegaron diciendo las jóvenes de vuelta de misa de ocho.
¡Una boda! Suena tan bien esta mágica palabra, que muy luego tuvo toda la casa por auditorio.
Y las jóvenes continuaban, y en su entusiasta lenguaje:
—¡Qué bella pareja!—decían.
—El, todo un buen mozo; con un aire tan sério y distinguido.
—¡Ella! ¡morena más linda! Qué alianza encantadora de lo blanco de la piel y lo negro de ojos y cabellos!