—Corrimos al pórtico para ver el desfile de la comitiva.

Veinte carruajes aguardaban alineados, al borde de la vereda.

Los esposos, entrelazados los brazos, salieron seguidos del cortejo, que se reunió delante del coche nupcial.

El novio estrechando con efusion la mano á Coll.

—¡Noble corazon!—le dijo—¡que el espectáculo de nuestra felicidad sea su recompensa!

Y volviéndose á la comitiva cambió con ella una mirada de inteligencia; luego dirigiéndose al cochero.

—¡Al muelle de pasageros!—ordenó.

La novia mirándolo sorprendida.

—¡Al muelle de pasageros!—repitió—¿Dónde vamos, pues?

—A Francia, amada mia, para pedir al sepulcro los restos que lloras y devolverlos á la tierra de la patria.