Las signaturas de las Quatuor Navigationes se entrelazan con las de la Cosmographiæ, al contrario de lo que sucede en la tercera tirada de Saint Dié. De suerte que la edición de Strasburgo no está formada de dos partes distintas, que pudieran separarse y formar dos cuadernos diferentes.
Los tipos empleados en Strasburgo son más pequeños, y muy inferiores á los de Saint Dié; nótase además que son muy gastados, dejándose ver en muchos lugares la fuerza de la presión. Las líneas entre sí tienen menor espacio. El papel es de calidad inferior. En suma, la edición de Strasburgo indica un trabajo barato, que nada tiene de común con la obra del aficionado, distintivo característico de las ediciones de Saint Dié.
Waltzemüller tuvo muy en cuenta el gasto: el número de su edición fué muy limitado, si hemos de juzgar por los ejemplares que han llegado hasta nosotros, que es el mismo que los de las ediciones de Saint Dié, aun siendo éstas anteriores á aquella—Waltzemüller debe de haber distribuido la obra á las mismas personas que ya habían recibido las del Gimnasio vosgense, que deben de haberle sido conocidas, sea por sí mismo, ó por medio de su amigo Ringmann; y debe de haberlo hecho así á fin de contrarrestar á los modestos vosgenses, y sostener su primera tentativa de apropiarse su trabajo.
Felizmente Waltzemüller tomó el partido de publicar á su costo, ó por sí mismo, el común trabajo de los asociados de Saint Dié; de otro modo pudiera llegar á considerársele como víctima, y así lo ha considerado d’Avezac. Pero á la vista de esta edición, es imposible dejar de descubrir el espíritu de rapiña literaria que anima á Waltzemüller. En nuestros días le llamaríamos falsificación, y alguna otra cosa más. En 1509, no existían leyes que protegiesen la propiedad literaria. Al apropiarse Waltzemüller la obra del Gimnasio vosgense, se convirtió en un falsificador, un plagiario, un verdadero pirata: y se ve la injusticia de llamar á la Cosmographiæ Introductio, “Cosmographiæ de Waltzemüller,” ú “obra de Ilacomylus.” Hay en eso un golpe grave, dirigido á la propiedad literaria y científica, que es importante señalar.
Próximo á llegar á la consideración de los dos nombres Americus y América, que han hecho tan célebre ese librito, digamos que el pequeño tratado de geografía que forma su introducción ó primera parte, es un trabajo muy mediocre, y que muestra el escaso conocimiento que sus autores poseían del estado en que se hallaban los adelantos geográficos al comienzo del siglo XVI, y cómo, por otra parte, llegaban éstos á los eruditos de un lugar pequeño, perdido entre los Vosgos, y muy distante de los puertos de mar. De Cristóbal Colón, de Cabot, nada sabían, y también ignoraban los descubrimientos de los portugueses. Respecto de las nociones ptolomáicas, procuraban ponerse de ellas al corriente, haciéndose con ejemplares de los textos más completos de Ptolomeo. Nada de original: era aquello un trabajo elemental, cuyo solo mérito consistía en la edición latina de la segunda carta de Vespucci, edición más fácil de leer que la del bárbaro italiano de 1506.
XI
Jean Basin de Sendacour es el autor de los nombres Americus y América—Razón que tuvo para preferir estos nombres á Albericus, Amerigo Amerigonius y á Albericia, Amerigiu, y Amerigonia—Los franceses han conservado el nombre indígena Amérique, y han sido los primeros en nombrar americanos á los habitantes del Nuevo Mundo—Razones que hay contra la suposición de que Waltzemüller y Gualterio Lud hayan podido ser los autores de los nombres Americus y América.
Henos aquí, pues, llegados á los nombres Americus y América. Las largas digresiones que preceden, no son en manera alguna inútiles, como vamos ya á verlo. Todo cuanto se encuentra en el documento impreso contemporáneo que hemos considerado, y que es el único verdaderamente auténtico, es de importancia para llegar á la verdad.
Durante el invierno de 1506 á 1507, la pequeña Sociedad de Geografía del Gimnasio vosgense, tuvo en su poder: 1.º, la primera carta de Vespucci, edición de Strasburgo del impresor Matías Hupfuff, la cual contiene la composición en verso elegiaco de Philesius, y en la que Vespucci es conocido con el nombre propio de Albericus; 2.º, muy probablemente la segunda carta de Vespucci, en la que lleva el nombre de Amerigo; en fin, 3.º, una traducción francesa, manuscrita ó impresa, de esa misma segunda carta, que contiene los cuatro viajes, y en la cual se llama Amerige.