Este nombre Amerige, en francés, como traducción de Amerigo, se ha conservado en la traducción latina, conocida con el de Quatuor Navigationes, y ocurre en la introducción, para marcar que es sinónimo, en la traducción francesa, del nombre italiano Amerigo, y que el nombre latino Americus debe mirarse como su traducción libre, quizás muy libre.

El canónigo Jean Basin de Sandocourt tuvo el encargo especial—á causa de la elegancia de su estilo poético—de traducir en latín la versión francesa de las Quatuor Navigationes. Preséntase desde luego el nombre propio de Vespucci. Jean Basin tuvo ante sí Albericus, nombre bien conocido, y que según Humboldt, “recuerda á muchos hombres célebres de la edad media que lo han llevado;”[41] en seguida Amerigo, ó Amerige, nombre totalmente desconocido, así en italiano como en español, al menos como nombre propio, de Santo, y eso en la época del mayor fervor del cristianismo. Traducido en latín Amerige da Amerigius, como Virgilius, etc., ó bien, si se acepta el nombre italiano Amerigo, se tendría Amerigonius, ó con más elegancia Amerigo, como Cicero, Scipio, etc. Así es que Jean Basin tuvo á su disposición los cuatro nombres latinos Albericus, Amerigius, Amerigonius, Amerigo, como también Amerige;[42] y sin embargo no empleó ninguno de éstos—Por qué? Uno de mis críticos ha dicho:—“El uso de la palabra Americus, es una corrección más que un error del geógrafo alemán.”[43]

Corrección quiere decir falta cometida, ó al menos lapsus linguæ. Por medio de la corrección se vuelve la palabra á un sentido del que no puede desviarse, ni admitir variación, pena de ser incorrecta. Hasta ahora, á pesar de todas las investigaciones, no hay noticia de la existencia del nombre Americus en ningún libro ú otro impreso anterior á 1507. Este nombre tiene tanto de europeo, como Nicaragua, Guatemala, Niágara, Mississippí, Missouri, Ontario, Chimborazo, etc., etc., todos tan bellos como peculiares al Nuevo Mundo.

El elegante poeta Basin seguramente gustó mucho del nombre Amerrique ó Amérique, que llegó hasta él, como adelante probaremos, y lo juzgó admirablemente adaptado para colocarlo frente al de Vespucci, á quien miraba como descubridor del país de donde provenía este nombre sonoro y de fácil pronunciación. Y sin más examen, por una licencia poética muy grata á todos los versificadores y prosadores de gusto, disfrazó á su héroe Vespucci con un nombre indígena, operando la ingeniosa corrección de Amerige ó Amerigius por Amérique ó Americus. Con esto dió un golpe de maestro, de docto filólogo y de diserto prosador. Era preciso un poeta para semejante asimilación, digamos más bien, creación. El imbécil de Waltzemüller, lleno de importancia como director de imprenta y diseñador, no pudo ser autor de semejante arranque de vivacidad y de buen gusto. Por lo demás, Juan Basin no mostró hallar inconveniente en seguir literal y matemáticamente, cuanto halló en el manuscrito; y sin pestañear puso como dirigida al rey René, duque de Lorena, la segunda carta de Vespucci dirigida á su Magnificencia Messire Pierre Sederini, gonfalonero perpétuo de la República de Florencia. Para él todo esto no pasaba de ser un juego, una licencia poética. Juan Basin es un hombre á quien debe juzgarse como poeta, y tomarse por lo que es, á saber, el editor de la Nancéide, el autor de un tratado séptuplo sobre el arte de bien decir, (Novus elegansque conficiendar. epistolar.....Saint Dié, 1507). Era pulcro y elegante en el arte de decir y en el de escribir.

Una vez decidido á dar á Vespucci como nombre propio el de Americus, solo le quedaba un paso para llamar América al Nuevo Mundo. Con igual facilidad y naturalidad Jean Basin franqueó esa cortísima distancia: primero en un párrafo de la foja trece, página C (tirada de Setiembre de 1507) que hemos citado al principio del capítulo VI, en donde se encuentra inscrito al margen el nombre Ame-rige para indicar que Americus está allí en lugar de Amerige; en seguida en el capítulo IX: De quibusdam Cosmographiæ rudimentis, que es el alma de la Introducción, y que constituye su principal capítulo, al mismo tiempo que el más largo de toda ella, estando en ocho páginas. Al reverso de la foja quince, es decir, á la página treinta, que no está marcada, hállase el famoso y tan repetido pasaje, en estas palabras:

Nunc vero et hae partes (Europa, Africa, Asia) sunt latius lustratæ, et alia quarta pars per Americum Vesputium (ut in sequentibus audietur) inventa est quam non video cur quis jure vetet ab Americo inventore, sagacis ingenii viro, Amerigen quasi Americi terram, sive Americam dicendam: cum et Europa et Asia á mulieribus sua sortita sint nomina. Ejus situm et gentis mores ex bis binis Americi navigationibus quæ sequuntur liquide intelligi datur.

Este capítulo IX que tiene tan grande importancia, y que puede decirse el primero de toda la obra, presenta las particularidades que voy á indicar. Desde luego, como para aislarlo y separarlo de todo lo que precede, tiene al margen y al fin del capítulo VIII, una grande estrella de seis radios que pasan las líneas y se introducen al mismo margen. En el Tractandorum Ordo del principio, el título del capítulo IX es diferente del que lleva en el cuerpo de la obra, y que he citado antes. En el índice de las materias se lee lo siguiente: Nono capite quedam de divisione terræ, de finibus maris, de insulis et locor. ab invicem distantia dicent.

Después del acta de bautismo del Nuevo Mundo, se encuentra lo que sigue:—Hunc in modum terra iam quadripartita cognoscitur: et sunt tres primæ partes continentes: quarta est insula: cum omni quoque mari circundata conspiciatur. Esto indica que para los geógrafos del Gimnasio vosgense, América, la cuarta parte del mundo, no era continente sino isla.

Jean Basin, consciente ó inconscientemente, tomó “el nombre de un puerto por el de un hombre;” y por una serie de equivocaciones, errores, y falsas suposiciones, el nombre indígena Amerrique vino á ser nombre propio de Vespucci, nombre de un hemisferio, y propiedad de Martin Hylacomilus Waltzemüller, que no figuró con otro papel que el de castigatore ó director de la imprenta de los Lud de Saint Dié.