Hagamos notar que Jean Basin era francés, al menos en el sentido de la lengua francesa que se hablaba en Lorena; que es en Francia, y solo allí, de todos los países de Europa, donde la palabra indígena Amerrique se ha conservado en toda su pureza, suprimiéndole una r que se ha reemplazado con un acento agudo sobre la primera e, Amérique,[44] y que suaviza un poco la pronunciación de la palabra primitiva. Todas las demás lenguas aceptaron y emplearon el nombre América, latinizado por Jean Basin.
Agreguemos que los franceses designaron desde luego á los indígenas del Nuevo Mundo con el nombre de Amériquains, escrito con las letras q y u, como el nombre de lugar Amérique, según puede verse de la obra del Padre Lafiteau: Mœurs des sauvages Ameriquains, etc., Paris, 1724.
Conviene acabar de dar las razones que hacen inadmisible la opinión de que Waltzemüller haya sido autor de los nombres Americus y América, dados á Vespucci y al Nuevo Mundo.
Las correcciones que á la obra del Gimnasio vosgense introdujo Gualterio Lud, nada tocaron de lo referente á estos nombres. Waltzemüller no tiene, pues, razón alguna para considerar alterada la parte que puede pretender pertenecerle, en punto á lo que en este particular se dice del Nuevo Mundo en dicha obra. Si no hay más correcciones que las de Gualterio Lud, sería hasta cierto punto fundado sostener que Waltzemüller pudo ser inspirador de los nombres Americus y América, pero en ese caso, se encontrarían de ello rastros en sus otras obras, es á saber, el tratadito intitulado Architecturæ et Perspectivæ Rudimenta, de 1508, ó la descripción de su carta itineraria de Europa, hecha por su amigo Ringmann en 1511 (Instructio manuductionem prestans in cartam itinerariam Martini Ilacomili, etc.) y sobre todo la edición monumental de la Geografía de Ptolomeo, de Strasburgo, año de 1513. Waltzemüller dibujó todas las cartas y blasones heráldicos de esta última obra, comenzada en Saint Dié en 1505, bajo el cuidado del canónigo Gualterio Lud[45] y continuada después durante seis años, es decir de 1507 á 1513, por dos jurisconsultos de Strasburgo, J. Aeszler y G. Uebelin: si él hubiese sido autor de los nombres Americus y América, allí tenía una ocasión magnífica y rara, y no habría dejado de colocarlos en una obra magistral que estuvo toda en su mano. En la epístola dedicatoria de su tratadito de arquitectura de 1508, nos ha dejado un ejemplo de sus quejas y la manera ruidosa como sabía reclamar lo poco que había hecho por el Gimnasio vosgense.
Esta carta está dirigida á Ringmann, y con referencia á ella podemos hacer notar, que Waltzemüller no llega hasta pretender parte alguna, como autor, en la obra de Saint Dié de 1507; solo reclama la parte principal en la hechura, dibujo é impresión de una figura universal de la tierra en forma de planisferio. De este planisferio, atribuido á lo que parece á otros, (sin duda alguna al Gimnasio vosgense) y que circuló con esta designación desagradable para Waltzemüller, obteniendo cierta celebridad, no queda ningún rastro: Ortelius no la cita en 1570, y al presente nos es desconocida.
Puede objetarse que si Waltzemüller no hubiese por lo menos aprobado los nombres Americus y América, que los habría suprimido al reimprimir la obra á su costa en 1509. La respuesta es fácil. No podía hacerlo sin tocar el trabajo del principal colaborador, Jean Basin, y sin poner en cuestión el punto de los verdaderos autores del libro, que ante todo, tenía el mayor interés de evitar. Cuando se roba, no debe dejarse nada.
Por lo demás, si no era admirador ni aprobador de estos nombres, como lo demuestran sus obras posteriores de cartografía, en las que no se encuentran mencionados, tampoco fué purista en punto á nombres propios; y al lado de su sobrenombre Hylacomylus, el nombre Americus debió parecerle una maravilla. D’Avezac ha demostrado, en efecto, que el nombre Hylacomylus,[46] es una alteración, y al propio tiempo una creación absolutamente única en su especie. Su verdadero nombre era Martin Waltzemüller (molino con cilindros revolvedores) que después cambió en el de Waldseemüller (molino de lago silvestre); luego, traduciendo en griego la palabra Wald por Hile y Müller por Mulos, amalgama digna de un herrero dado á la fantasía, creó el dulce nombre Hylacomylus, el nombre cacofónico Hylacomylus, Ylacomylus, ó Ilacomilus.
En fin, el canónigo Gualterio Lud no es tampoco el autor del nombre América. A la verdad, no fué de él ni aun partidario entusiasta, ni promotor diligente ó interesado, pues en su Speculi orbis declaratio...., de 1507, publicada en Strasburgo, no lo emplea jamás al hablar de los países nuevamente descubiertos.
En cuanto á Ringmann, si hubiese sido el autor de estos nombres, no habría dejado de imprimirles la estampa de su Philesius Vogesigena; pues nada salía de su pluma sin su señal, estando poseído, como su amigo Waltzemüller, de insaciable sed de celebridad, ó al menos de notoriedad. Como traductor de los textos de Ptolomeo, en 1513, no habría dejado de ponerlos en ese libro.
El modesto Jean Basin fué el padrino del primer libro, impreso, conocido, en que se halla el nombre que lleva el Nuevo Mundo. Preguntemos, sin embargo, le auxiliaría Vespucci? Esto lo examinaremos más abajo.