Debo aquí hacer una observación que no he visto enunciada, y que tiene su valor en el difícil estudio que nos hemos propuesto. Todos los cartógrafos han inscrito en los globos ó cartas, el nombre América, sin variación alguna, salvo los franceses que escriben Amérique, desde que en Francia dejaron de ponerse inscripciones latinas á las cartas. Hay notable uniformidad y corrección perfecta, ne varietur en la palabra América como nombre de lugar, ó nombre geográfico, en tanto que el mismo nombre, aplicado á Vespucci, ha tenido muchísimas variaciones, ofreciendo todas las combinaciones posibles de sonidos semejantes, tales como: Amerigo, Amerrigo, Almerigo, Amergio, Morigo, Emeric, Aïmeric, etc.; verdadera cacofonía de prenombres ó de apelativos, sin igual en la historia, que si los nombres propios, se escriben con frecuencia de diferentes maneras, no así los siguientes, entre muchos otros: Cristóbal, Juan, José, Sebastián, Fernando, etc., que no varían si no es en su traducción de una lengua á otra.
El nombre de lugar Amerrique se ha mantenido íntegro, siempre que se ha usado geográficamente, ya en cartas, ya en libros,[53] mientras que, al quererse dar á un hombre los aires de la fábula, como lo hizo Jean Basin con Vespucci, se ha llegado á una confusión completa, verdadera torre de Babel, donde parecen haberse ensayado todas las combinaciones para hacer armonizar el bello nombre indígena Amerrique con el prenombre Alberic.
Tenemos aquí una nueva prueba de haber sido un nombre de lugar el que se impuso á un hombre, y no el prenombre de un hombre al nuevo Continente—El uno es un nombre de lugar conocido de todo el mundo, en tanto que el otro es un sobrenombre fantástico, que cada uno escribe á su modo.
Por lo demás, este error es natural y se comprende fácilmente.
En el Nuevo Mundo ocurre con frecuencia, aunque con menos éxito. Citaremos, por ejemplo, el nombre indígena Canadá. Dos historiadores que gozan de cierta reputación, bien merecida por el uno, declaran, en 1637,[54] y en 1672,[55] que el Canadá fué así llamado en honor de M. de Can ó Cane, señor francés que fué el primero en fundar una colonia en América, llamada entonces la Nueva Francia. Hubo efectivamente dos hermanos de Caen (no M. de Cane ó Cane) que llegaron al Canadá en 1621, un siglo después que Jacques Cartier. Afortunadamente, este último nos dice en su relación del viaje, que Canadá es palabra de los indios de las riberas del San Lorenzo, y quiere decir villa, ó reunión de chozas de indígenas. Pero supongamos que Jacques Cartier no hubiese dado tal explicación, y que los dos hermanos de Caen hubiesen llegado á la región del San Lorenzo cinco ó seis años después que Cartier, tendríamos un caso semejante al de Colón con Vespucci, en la cuestión del nombre América.
Respecto del Labrador, la confusión llega al caos. El bello nombre Brador ó Bradaur, sonoro y admirablemente apropiado, es palabra de los indios de las orillas del golfo de San Lorenzo. Significa “bahía estrecha y profunda,” que se introduce á la tierra, y corresponde exactamente al nombre noruego fiord. Toda la costa del Labrador no es, en efecto, otra cosa que una serie de fiords contrapuestos á los de la costa noruega.
Demos en pocas palabras otros orígenes imaginarios. Primeramente, La tierra de los esclavos, donde se arrebataban indios para reducirlos á la esclavitud. Este país es tan pobre y rudo, que nunca ha tenido más que una escasa población, muy diseminada. En seguida, La tierra de la Labor, ó tierra del Labrador, para indicar tierras fértiles donde no hay otra cosa que rocas, irrisoria etimología![56] En fin, el inevitable navegante, un ballenero basco, llamado el Capitán Labrador, que penetró en el estrecho de Bell-Isle, hasta una bahía que nombró Labrador, y esto á mediados del siglo XV, cuarenta años próximamente antes del descubrimiento del Nuevo Mundo por Cristóbal Colón. De esta bahía se supone haberse extendido á toda la costa.
El bello nombre Brador se ha dado, además, á una bahía particular, donde se encuentra el pueblo ó establecimiento de pescadores llamado Brador, el antiguo Brest de los franceses. En fin, las dos bahías profundas que parten en dos la isla de Cabo Bretón, llevan los nombres de Grande y Pequeño Brador, que los franceses, y á su ejemplo, los ingleses, escriben Bras-d’or.