En efecto, es bien sabido, que el móvil principal y casi siempre único de los viajes de descubrimiento, era el oro, y que así los jefes como las tripulaciones, no tenían casi otra preocupación que la de obtener la mayor cantidad posible del precioso metal.

Colón no se cansaba de prodigar elogios al oro de los países que había descubierto. Cada vez que entraba á alguna gran población de España, hacía colocar al cuello de un indio de Haití que había llevado consigo en su segundo viaje, una magnífica cadena de oro, con peso de seiscientos castellanos. En uno de sus informes dijo, “que había apartado pepitas de oro, tamañas como huevos de gallina ó de pato, que quería llevar á la Corte de España, intento que le frustró el Comandante Bobadilla.”

Habiendo dejado la región situada al pié de la Sierra de Amerrique, Colón tocó veinticinco leguas más al Sur, en el país de Veragua, que él menciona en su relación. A Colón le pareció que esta era la provincia donde el oro se hallaba en mayor abundancia. Además, fué allí donde hubo la primera indicación de la existencia de un mar al Oeste (el mar del Sur). Estas dos consideraciones deben de haber fijado en su espíritu el nombre de Veragua, que debe de haberse adherido más fuertemente al lugar que los de las otras regiones de la costa fuera de Gracias á Dios; y como este último viaje fué descrito por Colón, ya viejo, enfermo, disgustado de las injusticias de que había sido víctima, no es sorprendente que en su relación no haya citado todos los nombres nuevos, cuanto bárbaros, que había oído de boca de los naturales con quienes estuvo en comunicación.

Por lo tanto, de que el nombre Amerrique no ocurra en la Lettera raríssima, no puede seguirse que Colón y sus compañeros no lo hayan oído, ni lo hayan repetido con frecuencia á su regreso á Europa: esta sería una suposición de las menos probables, y contraria á lo que ha sucedido á todos los navegantes y descubridores de tierras nuevas, ricas en oro.

Humboldt dice, que en las Quatuor Navigationes de Vespucci casi no se encuentran indicaciones geográficas; y añade:—“La omisión de los hechos y sitios más memorables, caracteriza casi en el mismo grado muchas de las relaciones fragmentarias publicadas en los primeros años del siglo dieziseis.”[7]

Admitido el quinto viaje de Vespucci en 1505,[8] y que durante él visitase las costas de Centro-América, y que haya visitado Veragua y la costa de los mosquitos, es probable que este navegante se detuviese á la embocadura del río Bluefields, y que se comunicase con los indios “de los espejos de oro” del pié oriental de la Sierra de Amerrique.

Así, de 1497 á 1505, tenemos tres indicaciones históricas, bastante ciertas, de desembarcos y comunicaciones de los españoles, á las órdenes de Colón, de Pinzón, de Solís ó de Cosa, en dos de las cuales estuvo Vespucci. ¡Cuánta razón para que hombres poseídos de la sed de riquezas, y especialmente de oro, hayan oído y llevado á Europa, y repetido mil y mil veces en sus conversaciones, el nombre de uno de los lugares más ricos en oro, esto es, el nombre indígena de Amerrique! Tal es la razón principal que hizo decir á Schöner en 1515, que á la sazón este nombre era ya popular y generalmente empleado.


IV