He aquí otros diezinueve nombres de lugares, con la misma terminación: Tepich, Xoncanich, y Cancabtic, en Yucatán; Tenosique, en Tabasco; Chirique, Tuquerrique ó Tucurrique, Bruzhik, Brunhik, Izguizhik, Berbazhik, Tayutique ó Tuyotique y Turiric, en Costa-Rica; cerro de Cunchique, en el Salvador; Mizquic ó Mizquique, en Méjico; Zapotitlic, en Jalisco; Pitic y Saric, en Sonora; Tajique, en Nuevo Méjico, y Munchique, en Colombia. En fin, citemos el nombre Ameralik, distrito de Groenlandia, cerca de Godthaab, á 64° 5′ latitud Norte, y 51° de longitud.

Después de las montañas de Amerrique, de Nicaragua, tenemos las de Lepaterrique de Honduras. Observemos, que todos los nombres indígenas americanos, de lugar, son descriptivos de aquel á que se aplican.

Conviene decir, que de los documentos que poseemos sobre la América, sea que traten de demarcaciones, concesión ó confiscación de propiedades por letras patentes ó reales cédulas, ó que contengan descripciones de provincias ó nuevas exploraciones en ninguno se halla nunca un solo nombre de cadena de montañas, de mesetas ó llanuras. Encuéntranse nombres de provincias, villas, pueblos, ríos, puertos de mar, bahías, cabos, y algunas veces de valles. Esta omisión en la geografía física, muestra que la ciencia de la descripción exacta y topográfica de un país, no existía, y explica cómo no se encuentra el nombre de la Sierra de Amerrique, en ningún documento antiguo de la América Central.[2]

Tan numerosas son las incertidumbres y contradicciones, en cuanto concierne á los navegantes y á los descubrimientos geográficos, de fines del siglo XV y principios del XVI, que Humboldt dice con justicia:—“En la cronología de los descubrimientos, confúndense, á la sazón, las fechas, las naciones y los hombres.”[3] Y si Saint Beuve ha podido exclamar respecto de los acontecimientos y de los hombres de nuestro siglo:—“¡Cuánto trabajo cuesta hallar la verdad, y con cuántas dificultades se tropieza en el camino!” ¿qué sucederá, cuando se trata de cosas de hace cuatro siglos? ¿Qué deberá hacerse para distinguir lo verdadero de lo falso, y trasformar en luz vagas vislumbres? Examinar de cerca, comparar y hacer converger todo lo que se halla á nuestro alcance: por una parte los datos históricos impresos en la época misma; y por otra, los manuscritos que vayan encontrándose, ó que hubiesen sido impresos largo tiempo atrás: en fin; darse cuenta exacta de las condiciones sociales de la época.


III

Primer viaje de Vespucci, de 1497 á 1498—Ultimo viaje de Colón, de 1502 á 1503—Su permanencia al pié de la Sierra Amerrique—Espejos de oro de los indios de la costa de mosquitos—Razones que impidieron á Colón hacer mérito de la Sierra de Amerrique en su Lettera Rarissima—Quinto viaje de Vespucci en 1505, á la costa de los moscos—El nombre Amerrique propalado por la tripulación y oficiales de esta expedición—Schöner declara desde 1515, que el nombre Amerrique (América) era ya popular.

Comencemos por citar viajes y descubrimientos—Si se acepta la opinión de Varnhagen[4] de que Vespucci efectuó su primer viaje de 1497 á 1498, que el navío en que lo hizo tocó en las cercanías del Cabo Gracias á Dios, y que otros dos días de navegación le llevaron al Cabo Camarón, en la costa meridional de Honduras; veremos por su relación, que los caribes tenían oro, pues portaban ornamentos de este metal, que los indígenas decían haber tomado á sus vecinos, con quienes estaban en guerra. Esos vecinos son, el día de hoy, los indios de la costa de mosquitos, situada al pié oriental de las montañas de Amerrique. Hay en esto una especie de luz que permite suponer que Vespucci y sus compañeros han debido ser los primeros europeos que pronunciaron el nombre Amerrique.

Cristóbal Colón, en su cuarto y último viaje, se detuvo largo tiempo en Cariai, á la embocadura del río Bluefields, en la costa de los mosquitos, en frente, y al pié de la Sierra de Amerrique. Allí hizo reparaciones á sus navíos, y dió descanso á sus tripulaciones. Allí vieron los europeos que los indios portaban como adorno, espejos de oro, pendientes del cuello—Interrogados con frecuencia, de dónde venía aquel oro, los indios designaron varios países que lo producían en abundancia. Colón no cita en su relación más que el de Veraguas; pero dice expresamente que los indios nombraron otras muchas localidades abundantísimas en oro.[5] Aquellos indios vivían al pié oriental de los montes de Amerrique, á muy corta distancia de las actuales minas de oro de La Libertad,[6] y no es posible que el nombre Amerrique no hubiese sido con frecuencia pronunciado por ellos, en respuesta á las incesantes preguntas de los europeos, harto ávidos de oro.