NOTAS DEL LIBRO TERCERO. Conquistas del mar.—Todo este libro ha brotado de mi pluma gracias á la lectura de los viajeros, desde la primitiva historia de Dieppe (Vitet, Estancelin), hasta los descubrimientos más recientes. Véanse sobre todo, Kerguelen, John Ross, Parry, Weddell, Dumont d'Urville, James Ross y Kane; Biot, Gaceta de los Sabios, y el juicioso á la par que luminoso compendio que de sus viajes ha publicado M. Laugel en la Revue des Deux Mondes.—Sobre la pesca, además del gran trabajo de Duhamel, véase Tiphaigne, Historia económica de los mares occidentales de Francia, 1760.

[Cap. iii.] Ley de las tempestades.—Añadid á los libros citados en el texto el excelente resumen de M. F. Julien (Corrientes, etc.), y el curioso sistema de M. Adhémar, sobre una mutación del mar que sobrevendría cada diez mil años.

NOTAS DEL LIBRO CUARTO. Renacimiento por el mar.—Desde 1725, Marsigli parece haber sospechado la presencia del yodo. En 1730 publicóse una obra de autor anónimo, Comes domesticus, en la que se recomiendan los baños del mar.

La bibliografía del mar no tendría fin. Todas las bibliotecas me han procurado datos. Complázcome en citar entre otros libros excelentes, los Manuales y Guías de los señores Guadet, Roccas, Cochet, Erns, etc. Helos encontrado rarísimos (por ejemplo Russell) en la Escuela de Medicina; muchos especiales, en lengua extranjera, en el Depósito de la Marina (tales como el Mediterráneo, de Smith, 1854). Nunca me cansaré de elogiar las atenciones que me prodigaron tanto el director coco el bibliotecario, quien me señaló varias veces obras poco conocidas.

Sobre la degeneración de las razas, véanse Morel (1857); Magnus Huss, Alcoholismus (1852), etc.

A mi ilustro amigo Montanelli y á los preciosos artículos de M. dall'Ongaro debo el tener noticia del folleto del doctor Barrellay (Ospizi marini).

Mi sabio amigo el doctor Lortet, de Lyon, al acusarme recibo de un ejemplar de la primera edición de mi libro, me escribe: «En los niños lánguidos y descoloridos he obtenido buenos resultados por medio de una exposición prolongada á la luz (luz viva, excitante), Convendría una playa mediterránea, donde el niño pudiera vivir desnudo, sin otra cosa abrigada que la cabeza, y unos calzoncillos, y que rodara por el mar y sobre la cálida arena. Junto á la orilla un sotechado, una especie de invernadero que, con ventanas para cerrarse los días fríos, recibiese el sol por todos costados.»

P. S. Acabo de saber con alegría que la administración parisiense de la Asistencia pública ocúpase en este momento en crear un establecimiento de la clase antedicha. Séame permitido, pues, explanar mis súplicas.

La primera es, que no se centralice á los niños en un mismo sitio; que no se haga un Versalles, una fundación ostentosa, sino varios pequeños establecimientos en estaciones distintas, donde puedan repartirse los jóvenes enfermos según sus diversas enfermedades y temperamentos.

Mi segunda súplica se reduce á que esa instalación, para ser duradera, aproveche al Estado en vez de serle onerosa; que los niños expósitos que en ella se asilaran, los convalecientes válidos, los enfermos restablecidos, sean ocupados, según los lugares, en los trabajos menos penosos de los puertos y de la navegación, en los oficios que de ellos dependen, tomando los hábitos y el gusto á la vida del mar. Cuando míseras poblaciones, asaz pobladas de pescadores y marineros, apartan los ojos del mar, hácense industriales, necesario es reemplazar á los desertores. Débense criar hombres nuevos, que no hayan oído discutir en la choza paterna el provecho y ventajas de la vida prudente, abrigada del interior.