Sin duda no hubiera tardado mucho en zozobrar por segunda vez, pues no es posible navegar con medios más débiles y de una manera más peligrosa que lo hacen esos seres. Mucho temen la playa, donde hay tantos objetos duros que las hieren, y en pleno mar á cada momento el viento las voltea. En este caso, como sus cabellos-nadaderas permanecen encima, flotan á la ventura, presa de los peces y con gran contento de las aves marinas que se divierten arrancándolas de su elemento.
Durante toda una estación pasada á orillas del Gironde, veíalas, empujadas fatalmente por el canalizo, ser arrojadas á la costa á centenares, y secarse allí míseramente. Estas eran grandes, blancas, muy lindas al llegar, como arañas de cristal con ricas girándulas, y en las que los rayos del sol producían tan variados matices que brillaban cual si fuesen pedrerías. ¡Ay! ¡qué diferencia al cabo de dos días! Afortunadamente que la arena se hundía y las enterraba.
Las pobres, sirven de pasto á todo el mundo, mientras que para sí propias no tienen otro alimento que la vida poco orgánica, vaga aún, los átomos flotantes del mar. Ellas los entorpecen, los eterizan, por decirlo así, y los chupan sin hacerles sufrir. Carecen de dientes: no están armadas, ni tienen ninguna defensa. Sólo algunas especies (y no todas, dice Forbes), pueden, cuando se les ataca, secretar un licor algo picante, como la ortiga. Sensación tan débil, por otro lado, que no tuvo reparo Dicquemare en recibirlo en un ojo, sin que le produjese malos resultados.
He aquí una criatura apenas garantida, que vive al acaso; y eso que es superior. Tiene sentidos, y á juzgar por sus contracciones, una susceptibilidad notable de sufrimiento. No se puede, cual acontece con el pólipo, dividirla impunemente: en este caso el pólipo se dobla, mas ella muere. Gelatinosa como aquél, parece un embrión, pero el embrión salido demasiado aprisa del seno del mar común, extraído de la base sólida, de la asociación que constituyó la seguridad del pólipo, y lanzado á la ventura.
¿Por qué ha emprendido la marcha? ¡Imprudente! ¿Cómo sin vela, remo ni timón, se aventuró á dejar el puerto? ¿Cuál es su punto de partida?
En 1750 Ellis vió surgir una medusita sobre un pólipo, y en nuestros días, varios observadores han visto y por lo tanto la cuestión está juzgada, que es una forma de pólipo, salida de la asociación. La medusa, hablando llanamente, es un pólipo emancipado.
¿A qué sorprendernos? dice perfectamente el discreto M. Forbes, que ha dedicado tantas vigilias á su estudio. Esto es sólo un indicio de que á tal grado el animal sigue aún la ley vegetal. Del árbol, ser colectivo, sale el individuo, el fruto que se desprende, cuyo fruto formará otro árbol. Un peral es como una especie de pólipo vegetal, en que la pera (individuo libre) puede darnos otro peral.