Lo mismo (prosigue Forbes) que el tallo de una planta que iba á cubrirse de hojas se detiene en su desarrollo, se contrae, conviértese en órgano amoroso, esto es, en flor, el polípero, contrayendo algunos de sus pólipos, transformando sus estómagos contraídos, hace la placenta, los huevos de donde sale su flor movible, la tierna y graciosa medusa. (Ann. of the Nat. hist., t. 14, 387)


Hubiérase podido adivinarlo al ver su gracia indecisa, esa debilidad desarmada que nada teme, que se embarca sin instrumentos náuticos, demasiado confiarla en su propia existencia: es el primero y conmovedor rayo de luz del alma nueva, salido, indefenso, de las seguridades de la vida común, probando tener vida propia, obrar y sufrir por su cuenta—blando bosquejo de la Naturaleza libre,—embrión de la libertad.

Ser uno mismo, ser por sí solo un mundito completo, ¡gran tentación para todos! ¡Seducción universal! ¡Bonita locura que constituye el esfuerzo y el progreso todo del mundo! Mas, en sus primeros ensayos ¡qué injustificada parece! Diríase que la medusa ha sido creada para zozobrar.

Cargada por encima, mal afirmada por debajo, está construida al revés de la fisalía, su parienta. Esta, sólo mantiene fuera del agua un glóbulo, una vejiga insumergible, dejando arrastrar por el fondo sus prolongados tentáculos, extremadamente largos (veinte ó más pies), que la afirman, barren el mar, entorpeciendo á los peces con sus golpes, de los que hace presa. Ágil ó indolente, hinchando su globo nacarado y matizado de azul y púrpura, arroja por medio de sus dilatados cabellos de un azur siniestro, cierto veneno sutil que abate cuanto toca.

Aunque menos temibles, tampoco perecen los velelos, los cuales tienen la forma de almadía. Su pequeño organismo es algo sólido; y saben navegar, voltear al viento su vela oblicua. Las porpitas, que parecen una flor, una margarita, tienen en su favor la ligereza, flotando aún después de muertas. Otro tanto sucede con innumerables seres fantásticos y casi aéreos, guirnaldas con campanillas de oro ó guirnaldas de botones de rosa (fisóforo, estefanomia, etc.), cinturones azurados de Venus. Todos estos seres andan y sobrenadan invenciblemente, no temiendo más que á la tierra; engólfanse bogando en el Grande Océano, y por enmarañado que esté, allí encuentran su salvación. Las porpitas y los velelos tienen tan poco temor al Océano que, pudiendo sobrenadar siempre que les plazca, hacen esfuerzos para hundirse, y cuando se desencadena la borrasca, escóndense en las profundidades del mar.

No acontece lo mismo con la pobre medusa, que ha de resguardarse de la playa al mismo tiempo que de la tempestad. Podría hacerse pesada á voluntad y bajar, mas, le está prohibido el abismo; sólo vive á la superficie, en plena luz, rodeada de peligros. Ve, oye, y tiene muy delicado el tacto, demasiado delicado por desdicha suya. No le es dado guiarse por sí misma: sus más tenues órganos la sobrecargan y con facilidad hácenla perder el equilibrio.

Así, pues, nos dan tentaciones de creer que se arrepiente de un ensayo de libertad tan peligroso y que echa de menos el estado inferior, la seguridad de la vida común. El polípero produjo la medusa, y ésta hace el polípero volviendo á la asociación. Mas esa vida vegetativa es tan engorrosa, que á la siguiente generación vuelve á emanciparse y lánzase otra vez al acaso de su inútil navegación. Extraña alternativa, en la que flota eternamente. Movible, sueña con el reposo; inerte, se desvive por moverse.


Estas metamorfosis tan originales, que subsecuentemente elevan y rebajan al ser indeciso, haciéndolo alternar entre dos vidas tan distintas, es, con toda verosimilitud, condición de las especies inferiores, de las medusas que todavía no han podido penetrar en la carrera irrevocable de la emancipación. Por lo que toca á los demás, fácil sería creer que sus deliciosas variedades marcan progresos interiores de vida, grados de desarrollo, los juegos, las gracias y las sonrisas de la nueva libertad. Esta, admirable artista, sobre el sencillo tema de disco ó umbrela que flota, cual tenue araña de cristal que relumbra á los rayos del sol, ha formado una creación infinita de lindas variantes, un diluvio de pequeñas maravillas.