Llevan nueve meses en sus entrañas el fruto de sus amores, y amamantan á su hijuelo otros cinco ó seis, enseñándole á nadar, á pescar, á elegir los alimentos más suculentos; y tendríalo más tiempo á su lado si el marido no se volviera celoso: éste le expulsa, temeroso de que la harto débil madre no le dé en él un rival.
Educación tan corta, ha limitado sin duda los progresos que hubiese podido hacer la foca. La maternidad sólo es completa entre los lamantinos, tribu excelente en que los padres no tienen ánimo para despedir al hijo. La madre lo conserva á su lado durante largo tiempo. Nuevamente preñada, y aun cuando amamanta un segundo hijo, vésela llevar consigo al primogénito, joven macho que el padre no maltrata, que también estima y deja á la madre.
Esa ternura extrema, particular á los lamantinos, hase manifestado en la organización por un progreso físico. En la foca, nadador famoso, y en el elefante marino, tan pesado, el brazo es una nadadera, estando apretado y ligado al cuerpo, y no puede desprenderse. Mas el lamantín hembra, tímida mujer anfibia, mama di l'eau, como dicen los negritos de las colonias francesas, produce el milagro: todo se desliga, por un esfuerzo constante. La Naturaleza se ingenia con la idea que la atormenta de acariciar al pequeñuelo, abrazarlo y acercárselo á los pechos. Ceden los ligamentos, se dilatan, desprendiendo el antebrazo, y de ese brazo surge un pólipo aplanado.—Esta es la mano.
De manera que el lamantín goza de tan suprema dicha: con su mano abraza al hijuelo para estrecharlo contra su pecho, y, agarrándolo, colócalo sobre su corazón.
He aquí dos grandes cosas que podían llevar muy lejos á esos anfibios:
En ellos ya existe la mano, el órgano de la industria, el instrumento esencial para el trabajo venidero. Que se ablande y auxilie á los dientes, como entre los castores, y empezará el arte; primeramente el arte de abrigar á la familia.
Por otro lado, hácese posible la educación. El hijuelo colocado sobre el corazón de la madre, empápase lentamente en su vida, permaneciendo mucho tiempo á su lado y en la edad á propósito para aprender; todo esto es debido á la bondad del padre que no rechaza al inocente rival. Y ahí está el progreso.
Si hemos de dar crédito á ciertas tradiciones, el progreso no quedó limitado á esto. Desarrollados los anfibios, asemejados á la humana forma, habríanse trocado en semihombres, en hombres de mar, tritones ó sirenas. Sólo que, al revés de las melodiosas sirenas de la fábula, éstos hubieron permanecido mudos, impotentes para constituirse un lenguaje, para entenderse con el hombre y moverle á compasión. Talas razas han desaparecido, dícese, del mismo modo que vemos desaparecer al infortunado castor que si bien no puede hablar, llora.