—Veinticinco y veintiocho—exclama—. Caballo...
Luego, dirigiéndose a mí, continúa:
—Son 20 pesetas tiradas... Este año llevo perdidas ya 15.000. ¡Como no se repita lo del año pasado...! ¿Sabe usted cuánto me costó la broma el año pasado? Pues 7.000 duritos justos. No se gana nunca, nunca...
La ruleta gira vertiginosamente. Los azares despiden de cuando en cuando la bola con un ruido seco. De pronto la bola entra en un cajetín y el croupier canta el número.
—Doce. Rojo. Manque. Par...
—¿Lo ve usted?—suspira D. Salustiano—. Era indudable. No hay manera humana de ganar.
Y cogiendo ocho duros en fichas, los pone a una «calle». Diez y nueve, veinte y veintiuno.
—Ocho duros más que voy a perder—me dice—. No se gana nunca. Está demostrado...
En efecto. D. Salustiano pierde los ocho duros.
—¿Se ha convencido usted?—me pregunta—. Pues para que acabe usted de convencerse, me voy a jugar cien pesetas a una fila. Las perderé, ya lo sé, pero no importa...