334. Año 1443. Alfonso de Madrigal, llamado El Tostado (1400? † 1455), doctorado en Salamanca á los veinticinco de edad, obispo de Ávila, El Abulense, fué símbolo de los escritores más fecundos, habiendo escrito 24 tomos en folio, según la edición de Venecia, 1615. Defensorium trium propositionum contra Juan de Torquemada (1443). De Sanctissima Trinitate. De statu animarum post mortem. Liber de quinque figuratis paradoxis. Cuestiones sobre la filosofía natural y moral (en castellano). Breviloquio de amor y amicicia. Comentó todos los libros históricos de la Sagrada Escritura. Véase Nicolás Antonio, Bibl., II, 255. En castellano: Commentario sobre Eusebio (sobre su Crónica), Salamanca, 1506, 5 vol. Tratado de los Dioses de la gentilidad, Salamanca, 1506; Burgos, 1545. Confessional, Sevilla, 1521; Logroño, 1529. Artes y instrucción para todo fiel Christiano como ha de dezir Missa, Zaragoza, 1503, etc. Publicóse la Parte primera del Tostado sobre el Eusebio en español, en Salamanca, 1506; la Segunda, en 1506; la Tercera, en 1507; la Cuarta y Quinta, en 1507.
335. Al entrar triunfalmente en Nápoles Alfonso V de Aragón el año 1443, abre de par en par á los españoles las puertas de Italia y del Renacimiento clásico. De guerreras y comerciales puramente, que habían sido hasta entonces las comunicaciones entre ambas Penínsulas, se convierten en literarias, familiares y amistosas. La corte de Alfonso V fué centro de humanistas italianos; de aragoneses y catalanes, que se hacen sus discípulos; de poetas cortesanos, de teólogos, filósofos y sabios de todo género. Las composiciones poéticas de aquella corte las recogió, no se sabe quién, en el Cancionero de Stúñiga, así llamado por ser la primera con que comienza de Lope de Stúñiga. Hasta ocho poesías suyas hay en el volumen, aunque faltan las mejores, especialmente políticas, que se hallan en otros Cancioneros manuscritos. De su padre hay dos en el de Baena (418, 576). Juan de Tapia celebró los amores del Rey con Lucrecia Aniano. Pedro Torrellas ó Torroella, mayordomo del Príncipe de Viana, cultivó en castellano el género burlesco y mofador, siendo famosas sus Coplas de las calidades de las donas, ó "de maldecir de mujeres", en las que las puso cual digan dueñas; fueron refutadas por Suero de Ribera, Juan del Enzina y otros. Mosén Juan de Villalpando, caballero aragonés, fué el único poeta del siglo xv que hizo sonetos después de Santillana, pero en versos de arte mayor y rimas cruzadas. Juan de Dueñas, castellano de azarosa y larga vida, compuso una fantasía alegórica de la Nao de Amor, estando preso en la torre de San Vicente. Quejóse contra Juan II de la poca justicia, que sólo compraba el que tenía "bien poblado su bolsón", y de que los judaizantes esquilmaban al pueblo. Escribió un diálogo en 1438, El pleyto que ovo Juan de Dueñas con su amiga, á manera de paso dramático. Juan de Andújar compuso en versos de arte mayor Loores al rey don Alfonso, y fué poeta alegórico, admirador de Dante, de quien imitó en la Visión de Amor los cantos IV y V del Infierno. El mejor de todos es Carvajal ó Carvajales, que suena algo á popular en la naturalidad y ligereza, sobre todo glosando letrillas corrientes entre el pueblo, en las graciosas serranillas, algo á lo Santillana y algo á lo Hita por el desenfadado realismo. También probó á cantar hazañas y lo hizo en son guerrero. Juan de Valladolid ó Juan Poeta, judío converso, se ganaba la vida recitando sus versos y los ajenos, como "ciego juglar, que canta viejas fazañas, | que con un solo cantar | cala todas las Espannas", como dice motejándole Montoro, y vió el cielo abierto cuando oyó cuán bien trataba Alfonso V á los poetas, y así se fué allá y corrió además por Mantua y Milán, de 1458 á 1473 como bufón, improvisador y astrólogo, sucediéndole peregrinas aventuras, de las cuales la última fué caer, al volver á España, en manos de cosarios, que le vendieron en Fez, donde estuvo cautivo, hasta que, rescatado, tornó á la corte de Castilla á ser hazmerreir de los palaciegos poetas, que hacían chacota de sus desgracias y de su antigua condición de judío. Algunas de sus coplas están en el Cancionero de obras de burlas provocantes á risa, con las que á él le endilgaron, desde Antón de Montoro hasta el Conde de Paredes, padre de Jorge Manrique. Baste mencionar algunos otros, como Mosén Juan Ribelles, catalán; Pedro de Santafé, Fernando de la Torre, burgalés; Suero de Ribera, Gonzalo de Cuadros, el Conde de Castro, Mosén Juan de Moncayo, Mosén Hugo de Urríes, traductor del Valerio Maximo; don Juan de Sessé, don Pedro Manuel de Urrea, que merece capítulo aparte.
336. B. Croce, La Corte Spagnola di Alfonso d'Aragona a Napoli, 1894: "Entonces fué revelado á los españoles el nuevo aspecto de la vida italiana y poco después empezaron á conocer los italianos la nueva vida española". "Semi-barbari et efferati homines" llamó Boccaccio á los castellanos, y Dante, en el De vulgari eloquio, confundía nuestro idioma con el provenzal. El gran político cardenal don Gil de Albornoz desbarató á los tiranos que devastaban á Italia y volvió á las manos del Papa el patrimonio de San Pedro; pero Alfonso V españolizó la Italia meridional y, convirtiendo su corte en escuela y tertulia de los mejores ingenios de Italia y Aragón, echó el puente por donde el renacimiento entrase de lleno en España, cabalmente en el punto y hora en que la cultura de las humanidades llegaba allí á su colmo. Acerca de esta comunicación de ideas entre ambos pueblos durante aquel reinado, consúltense: Amador de los Ríos, Hist. de la lit. esp., t. VI; Burckhardt, La cultura italiana en el Renacimiento; Gothein, Desarrollo de la cultura en el Sur de Italia, Breslau, 1886; B. Croce, obra citada (vol. XXIV de los Atti della Accademia Pontaniana di Napoli); José Jordán de Urríes, Los poetas aragoneses en tiempo de Alfonso V, Zaragoza, 1890; Antonio Rubió y Lluch, El Renacimiento clásico en la literatura catalana, Barcelona, 1889; M. Pelayo, Antología, t. V, página cclxiii, el cual dice: "Entonces empieza el segundo Alfonso V, el Alfonso de los humanistas, que es complemento y desarrollo, no negación ni contradicción, del primero; el que con aquella misma furia de conquista, con aquel irresistible ímpetu bélico con que había expugnado la opulenta Marsella y la deleitable Parténope, se lanza encarnizadamente sobre los libros de los clásicos; y sirve por su propia mano la copa de generoso vino á los gramáticos; y los arma caballeros; y los corona de laurel; y los colma de dineros y de honores; y hace á Jorge de Trebisonda traducir la Historia Natural de Aristóteles; y á Poggio la Ciropedia, de Xenophonte; y convierte en breviario suyo los Comentarios, de Julio César; y declara deber el restablecimiento de su salud á la lectura de Quinto Curcio; y concede la paz á Cosme de Médicis á trueque de un códice de Tito Livio; y ni siquiera se cuida de espantar la mosca que se posa media hora en su nariz mientras oye arengar á Giannozzo Manetti. Es el Alfonso V que, preciado de orador, exhorta á los príncipes de Italia á la cruzada contra los turcos, ó dicta su memorial de agravios contra los florentinos en períodos de retórica clásica; el traductor en su lengua materna de las Epístolas, de Séneca, y el más antiguo coleccionista de medallas después del Petrarca".
Los principales humanistas italianos de aquella corte fueron el Panormita, el Fazio, Lorenzo Valla y Eneas Silvio (después Pío II). De los españoles que se hicieron sus discípulos véase Pedro Miguel Carbonell, De viris illustribus catalanis suae tempestatis. Todos ellos, maestros y discípulos, escribían en latín. Otros eran los poetas cortesanos, que escribían en castellano y algunas veces en catalán.
337. Los primeros humanistas españoles son los de la corte de Alfonso V de Aragón en Nápoles (1416-1458): Ferrando Valentí. Luciano Colomer, De Grammatica libri IV. Jayme García, que corrigió el texto de Terencio. Jayme Pau, Apostillas al Derecho Romano. Juan Ramón Ferrer, De laudibus scientiarum. Jerónimo Pau, De fluminibus et montibus Hispaniae. De Viris illustribus Hispaniae, etc. Los poetas cortesanos eran bilingües, catalanes los más, versificaban en castellano más que en su lengua propia. El Cancionero de Stúñiga (1872) es el que más nos ha conservado sus versos, además del general, de Hernando del Castillo (1511); el de Obras de burlas provocantes á risa (1519); el de Herberay des Essarts, y el de la Academia de la Historia ó de Gallardo, de quien antes fué. El códice M. 48 de la Biblioteca Nacional sirvió para la publicación del de Stúñiga; y hay otros dos en la Biblioteca Casanatense de Roma y en la Marciana de Venecia (Mussafia, Ein Beitrag zur Bibliographie der "Cancioneros" aus der Marcusbibliotek in Venedig, en Sitzb. d. phil. hist., CI, LIV, Band. I).
Lope de Stúñiga, comendador de Guadalcanar, hijo del mariscal Íñigo Ortiz y biznieto de Carlos el Temerario, rey de Navarra, apadrinó á su primo Suero de Quiñones en el Paso honroso y rompió lanzas con otros caballeros. Versificó fieramente contra don Álvaro de Luna, como en el Decir sobre la cerca de Atienza, hecho en 1446; hizo un monólogo el año anterior, estando preso, y coplas delicadas, como la Gentil dama esquiva, muy glosada después. La leyenda forjó que Torrellas había muerto á manos de mujeres en pago de sus invectivas. Cuéntase en el Tractado de Grisel y Mirabella, compuesto por Juan de Flores á su amiga, Sevilla, 1529: "Una dama llamada Brasayda, de las más prudentes del mundo en saber y en desenvoltura y en las otras cosas á graciosidad conformes, la cual por su gran merecer se habia visto en muchas batallas de amor y en casos dignos de memoria, y un caballero de los reynos de España, al qual llamaban Torrellas, un especial hombre en el conocimiento de las mujeres ó muy osado en los tratos de amor e mucho gracioso, como por sus obras bien se prueba", aboga por las mujeres ante el rey de Escocia; pero vence el que aboga por los hombres, para su mal, pues reina y damas asen de él, átanle de pies y manos y le atormentan despiadadamente: "É fué luego despojado de sus vestidos, é atapáronle la boca por que quexar no se pudiesse, é desnudo fué á un pilar bien atado, é allí cada una traía nueva invención para le dar tormentos; y tales ovo, que con tenazas ardientes, et otras con uñas y dientes rabiosamente le despedazaron. Estando assi medio muerto, por crecer más pena en su pena, no lo quisieron de una vez matar, porque las crudas é fieras llagas se le resfriassen é otras de nuevo viniessen; é después que fueron assi cansadas de atormentarle, de gran reparo la reina é sus damas se fueron allí cerca dél porque las viesse, é allí platicando las maldades dél, é trayendo á la memoria sus maliciosas obras... dezían mil maneras de tormento, cada qual como le agradaba... Ε assi vino á sofrir tanta pena de las palabras como de las obras, é después que fueron alzadas las mesas, fueron juntas á dar amarga cena á Torrellas... Ε después que no dexaron ninguna carne en los huesos, fueron quemados, de su ceniza guardando cada cual una buxeta por reliquias de su enemigo. Ε algunas ovo que por joyel en el cuello la traían, porque trayendo más á memoria su venganza, mayor placer oviessen". Otras tres composiciones de Torrellas pueden verse en los números 173, 175 y 856 de la edición de los Bibliófilos Españoles. Juan de Dueñas tuvo que acogerse á los Infantes de Aragón. En sus versos nos cuenta sus andanzas y peligro en que estuvo de renegar la fe por "una fermosa gentil judía".
338. Cancionero de Lope de Stúñiga. Ed. Marqués de la Fuensanta del Valle y J. Sancho Rayón, Colección de libros españoles raros ó curiosos, t. IV. Consúltense: B. Croce, La lingua spagnuola in Italia, Roma, 1895; B. Croce, Primi contatti fra Spagna é Italia, Napoli, 1894; B. Croce, Ricerche ispano-italiane, Napoli, 1898; G. Mazzatinti, La biblioteca dei re d'Aragona in Napoli, Rocca S. Casciano, 1897; A. Farinelli, en Rassegna bibliografica (1899), t. VII; Cancionero de obras de burlas provocantes á risa. Ed. L. de Usoz y Río, Londres, 1841.
339. Pedro Juan Belluga († 1468), nacido en Valencia, floreció en el reinado de Alfonso V de Aragón, "el Bártolo valenciano", como le llamaron algunos, estudió en Bolonia. Speculum principum, impreso en París, 1530. Singularia iuris.
Cocinero de Alfonso V de Aragón fué Ruperto ó Roberto de Nola, que escribió en lemosín y tradujo al castellano el Arte de Cocina, Toledo, 1577.
Por este tiempo Fray Bernardo Fontova, cartujo valentino, confesor de doña María, la esposa de Alfonso V de Aragón, escribió Tratado espiritual de las tres vías: purgativa, iluminativa y unitiva. Menosprecio de las cosas visibles. Escuela de la Divina Sabiduría.