359. Con razón dice M. Pelayo que esta obra es una concepción exótica entre nosotros. "No parece sino que la alegría y la luz de nuestro cielo y el espíritu realista de la misma devoción peninsular ahuyentaban de España como de Italia estas visiones macabras, estas fantásticas rondas de espectros, este humorismo de calaveras y cementerios, que en regiones más nebulosas, en Alemania y en el Norte de Francia, informa un ciclo entero de composiciones artísticas, y no sólo se escribe, se representa, se danza, sino que se pinta, esculpe y graba, y reaparece dondequiera: en las letras de los misales y de los libros de trovas, como en las vidrieras de las catedrales; y llega á obtener en aquella universal pesadilla del siglo xiv cierto género de siniestra realización histórica con las danzas de epilépticos y convulsiones de San Guy, que interrumpían con lúgubre y tremenda algazara el silencio de la noche y la medrosa paz de los cementerios. Nada de esto llegó á España sino muy tardíamente y por vía erudita" (Antología de poet. líric. cast., t. III, pág. cxxxix). De sus dos elementos, el trágico y terrorífico, el elemento de la Muerte misma, bañado todavía por los últimos reflejos del paganismo septentrional, ni arraigó ni podía arraigar en España. Pero sí el de la igualdad de todos ante la Muerte, que cuadraba con nuestro espíritu democrático, dando lugar á la sátira social. Este segundo es el que sobresale en la refundición castellana presente y en otra de fines del siglo xv ó comienzos del xvi, aumentada y ensanchada.
Hay quien la atribuye á esta época juzgando por la forma de los versos, que dicen revelan progreso respecto de los tanteos de Ruiz y de López de Ayala; yo creo que en Juan Ruiz hay tanta ó mayor perfección métrica y no menos en algunos trozos de López de Ayala. La importancia de esta obrilla está en ser un tanteo de drama, puesto que alternan la muerte con un predricador, dos donzellas, el padre santo, el emperador, el cardenal, el rrey, el patriarca, el duque, el arzobispo, etcétera, etc., con personas de todos estados y oficios, hasta el recabdador, el sacristán y el santero, convidándoles ella á entrar en la danza á todos, hasta treinta y tres, dándoles á entender que todos habrán de morir.
Publicó la primera Danza de la Muerte Ticknor en los apéndices al tomo III de su History of Spanish Literature, New-York, 1849; después, con mayor cuidado, Janer, en París, 1856, y en el tomo de Poetas anteriores al siglo xv; últimamente, con todo esmero, R. Foulché-Delbosc, Barcelona, 1907, y C. Appel, Beiträge zur romanischen und englischen Philologie dem X deutschen Neuphilologentage überreicht von dem Verein akademisch gebildeter Lehrer der neueren Sprachen in Breslau, Breslau, 1902, págs. 1-41. Consúltese: W. Seelmann, Die Totentänze des Mittelalters, Leipzig, 1893. La segunda la reprodujo Amador de los Ríos en los apéndices del tomo VII de su Historia de la literatura española, transcribiéndola del rarísimo ejemplar impreso por Juan Varela, de Salamanca, en 1529, que se guarda en el archivo capitular de Sevilla. Pasó al drama en el siglo xvi en un auto sacramental del segoviano Juan de Pedraza; después en el auto de las Cortes de la Muerte, comenzado por el placentino Miguel de Carvajal y acabado por Luis Hurtado de Toledo y á él alude el Quijote (II, 11); transformóse en el Diálogo de Mercurio y Carón, en manos de Juan de Valdés y en las tres Barcas, en las de Gil Vicente.
360. Hacia el 1450, según Nicolás Antonio (Bibl., II, 247), el zaragozano Pedro de Cavalleria escribió Zelus Christi contra Iudaeos, Saracenos et Infideles, Venecia, 1592.
Hacia 1450 Juan de Sahagún, cazador del rey don Juan II, escribió De las aves que cazan. Comentólo Bertrán de la Cueva, duque de Alburquerque (Nic. Ant., Bibl., II, 274).
Joseph-ben-Sem-Tob, averroísta segoviano, nacido el 1420, escribió en hebreo Gloria de Dios ó tratado del supremo bien y del objeto final de la ciencia. Sabiduría excelsa. Tratado del intellecto hylico ó de la conjunción del entendimiento agente con el hombre. Comentario sobre el De Anima, de Aristóteles; otro sobre Del Entendimiento, de Alejandro de Afrodisia, y otro á la Ética á Nicómaco, de Aristóteles. Su hijo Sem-Tob-ben-Joseph fué comentador de Aristóteles y Maimónides: Tratado sobre la causa final de la creación. Ídem sobre la materia prima y sus relaciones con la forma, etc.
361. Fernando de Córdoba (1425-1486?), doctor en teología, medicina y artes, gran polemista, de descomunal memoria, hablaba y escribía el latín, griego, arábigo y caldeo; venció á todos los contrincantes de Francia é Italia en Roma; sabía música, matemáticas y astronomía. Escribió De Pontificii Pallii mysterio. Commentaria in Almagestum Ptolomaei. Alberti Magni opus de Animalibus, Roma, 1478. Verum quo pervenerit aut qualem vitae habuerit finem nihil certi scribitur In Apocalypsim S. Ioannis Apostoli aliaque opuscula. De Artificio omnis scibilis (Ms. Bibl. Nac.). Trató de conciliar Platón con Aristóteles. Gozó del aprecio de Sixto IV y Alejandro VI, además del de Juan II, rey de Castilla. Consúlt.: J. Renom, Vida de Fernando de Córdoba y Bocanegra, Madrid, 1717; A. Bonilla, Fernando de Córdoba y los orígenes del renacimiento filosófico en España (Discurso de ingreso en la R. Acad. de la Historia y contestación de M. Pelayo), Madrid, 1911.
362. Del siglo xv fué el Libro de Cetreria que fiso Evangelista, corriendo fortuna por el Golfo de León, por no estar ucioso.
Fray Diego de Herrera, santanderino, jerónimo, In libros metaphysicorum Aristotelis commentaria. In Boetii libros de consolatione (Nic. Ant., Bibl., II, 252).