366. Antón de Montoro ó el Ropero de Córdoba (1404-1480), así llamado por el oficio de sastre que tuvo, nació en Montoro y se convirtió del judaísmo á la religión católica, floreciendo en los reinados de Enrique IV y de los Reyes Católicos como coplero de verdad, sobresaliendo en la sátira y poesía burlesca, no sin sales y donaires y siempre con la naturalidad y sinceridad que le ponen á cien codos por cima de Mena y demás poetas eruditos. Es el primer poeta que se allega al pueblo y bebe en su decir la fuerza satírica, aunque por lo mismo á veces algún tanto grosera.

367. En una composición dirigida á la Reina Católica en 1474, dice haber cumplido setenta años. No reniega, antes confiesa su origen judío; pero parece se convirtió de veras, pues tiene á veces unción religiosa. Sus émulos, como Guevara, Hernán Mexía y el comendador Román le burlaban, aconsejándole se dejase de las Musas y empuñase "la vara de su remendería"; pero otros, que conocieron su valor poético, le animaban á que dejase tan abatido oficio, que hacía despreciar sus versos, así Alfonso Velasco. Siguió él siendo sincero sastre y sincero poeta, y aunque dirigía versos á quienes le pudiesen socorrer y no llevaba á bien ver más favorecidos á otros peores poetas que él, fuera de la dura sátira que hizo contra Juan de Valladolid "porque pidió dinero al Cabildo de los Abades de Córdoba", no puede decirse que se rebajó ni que infamó su poesía. Fué grande admirador y amigo de Juan de Mena y de don Íñigo López de Mendoza; pero para el que no se pague de frías y afectadas erudiciones y aprecie más la personalidad de un poeta que escribe naturalmente y no sin chiste, buen humor y mordacidad cuando conviene, valía como poeta mucho más que todos ellos. Lope de Vega dice de sus "agudos epigramas" que "tienen tantos donaires y agudezas, que no les hace ventaja Marcial en las suyas" (Introd. á la Justa Poét. de San Isidro). El códice que encierra más poesías suyas es el de la Biblioteca de la catedral de Sevilla ó Colombina del siglo xv, del que se sacó una copia incorrecta que se halla en la Nacional (Dd-61, fol. 123...); pero hay que ver además dos Cancioneros de la Biblioteca Real y otro de la Nacional de París (586 del Catal. de Morel-Fatio), el Cancionero de obras de Burlas y las diversas ediciones del Cancionero general.

Cancionero de Antón de Montoro, edic. E. Cotarelo y Mori, Madrid, 1900. Consúltense: Pedro J. Pidal, Introd. al Canc. Baena, pág. xxxiii, etcétera; J. Amador de los Ríos, Histor. de la liter. esp., t. VI, págs. 150-160; M. Menéndez y Pelayo, Antología de poetas líricos, etc., t. XI, págs. xx-xxxviii; R. Ramírez de Arellano, Antón de Montoro y su testamento, en Revista de Archivos, etc. (1900), t. IV, págs. 484-489; R. Ramírez de Arellano, Ilustraciones á la biografía de Antón de Montoro, en Revista de Archivos, etc. (1900), t. IV, págs. 923-935.

368. Año 1453. Juan Álvarez Gato (1430?-1496), madrileño, emparentado con el linaje de Luján, fué hijo de Luis Álvarez Gato, señor del mayorazgo de su apellido en Madrid y alcaide de sus reales alcázares en tiempo de don Juan II, á quien había servido en la guerra de Granada y en Olmedo. Fué el hijo armado caballero por el mismo Rey (1453) y tuvo hacienda en Pozuelo de Aravaca, donde le visitó varias veces el mismo don Juan II, que le trataba de amigo. Enrique IV se valió de él para sosegar las diferencias entre Toledo y el Conde de Fuensalida, fué mayordomo de la Reina Católica, murió después de 1495 y fué sepultado en la iglesia del Salvador, capilla de Nuestra Señora de la Antigua. Su mujer se llamó Aldonza de Luzón, de quien no tuvo hijos, pasando el vínculo, por él fundado, á la familia de su hermano Fernán Álvarez Gato, comendador de Villoria en la Orden de Santiago. Escribió "coplas viciosas de amores, pecadoras y llenas de mocedades... habla en cosas de razón y al cabo espirituales, provechosas y contemplativas". En las eróticas hay fantasía viva y risueña y un decir algo picante, entre las tonterías amorosas, poco sinceras, y las frías alegorías que entonces se usaban. La versificación es fácil y graciosa, tanto que Gómez Manrique dijo de él que "fablaba perlas y plata". Hizo lindas glosas á cantarcillos sagrados y profanos, sobre todo, populares. En sus últimos años "se despidió del mundo" y se dió á componer coplas espirituales, que no son tan buenas como las amorosas de su mocedad.

Amigo de Álvarez Gato, y de parecida, aunque no tan fecunda vena, fué el capitán Hernán ó Ferrand Mexía, veinticuatro de Jaén. Su mejor composición fué la sátira contra las mujeres, imitación mejorada de la que hizo Torrellas. Escribió, además, en prosa, el Nobiliario Vero (Sevilla, 1492), libro de heráldica de los mejores y más antiguos que tenemos.

369. En la Miscelánea, del portugués García de Resende, se dice que Álvarez Gato, "hombre de criar e tratar caballos e mulas, vino á privar tanto que le dió el Rey renta y estado cerca de sí. No hizo jamás bien á su padre y yendo con el rey camino, topando á su padre que venia con dos jumentos cargados, el padre se quitó el bonete y el hijo non le miró. Súpolo el rey y mandóle echar de la corte, diciendo que quien non era para facer bien á su padre non se podía su señor fiar de él". Quien tan mal informado estaba del linaje y oficio del padre no puede ser creído en esta leyenda y en los villanos sentimientos, tan opuestos á los que muestran los versos del poeta. Cayó temporalmente en desgracia de don Beltrán de la Cueva, pero la causa la pone el mismo Álvarez Gato: "Al tiempo que fué herido Pedrarias por mandado del rey don Enrique, paresciole muy mal (al autor), porque era muy notorio que le fué gran servidor, y por esta causa hizo las coplas siguientes". En ésta y en otra sátira se despide de la corte por no ver el abatimiento real.

Las poesías eróticas solamente pasaron al Cancionero general, y faltan, por haberse perdido, las cinco primeras hojas, en el códice de la Biblioteca de la Academia de la Historia. Amador de los Ríos, en las ilustraciones del tomo VI de su Historia crítica, puso íntegro el índice de sus 82 poesías. Véanse algunas en Gallardo, t. I. Cancionero de Juan Álvarez Gato, edic. R. Foulché-Delbosc, en Cancionero Castellano del siglo xv, 1912, t. I, págs. 222-269 (Nueva Bibl. de Aut. Esp., t. XIX); Cancioneros inéditos, ed. E. Cotarelo y Mori, Madrid, 1901. Consúltense: señora C. Michaëlis de Vasconcellos, Nuevas disquisiciones acerca de T. A. G., en Revista Lusitana (1902), t. VIII, págs. 241-244; M. Menéndez y Pelayo, Antología de poetas líricos, etc., t. VI, páginas xxxiv-liv.

Sobre Mexía véase la Relación de los fechos del Magnifico Condestable Miguel Lucas de Iranzo, en el Memorial Histórico Español, t. VIII, pág. 382. Ximena, en sus Anales de Jaén, pág. 115, le atribuye cierta obra sobre los pobladores de Baeza. Sus poesías se hallan en el manuscrito de su amigo Álvarez Gato y en el Cancionero de Castillo (núms. 115-124, edic. Biblióf. Españ.). Cancionero, ed. R. Foulché-Delbosc, en Cancionero Castellano del siglo xv, I, Nueva Bibl. de Aut. Esp., t. XIX, págs. 269-287; Der Spanische Cancionero des Brit. Mus., ed. H. A. Rennert, Erlangen, 1895.

370. Año 1455. Pero Tafur (1410?-1484?), descendiente de Pedro Ruiz Tafur, que con Martín Muñoz y Ruiz de Argote sorprendió la Axarquía de Córdoba, en donde estaba avecindado, nació en Sevilla y parece se crió en casa del Maestre de Calatrava don Luis de Guzmán, bajo cuyas banderas militó (1431-1432), cuando era frontero de Jaén. Con licencia de don Juan II partió de España (1435) y viajó por Italia, Judea, Chipre, Egipto, Rodas, Frigia, Grecia, Tartaria, Suiza, Alemania, Flandes, Borgoña y Francia, y vuelto á Córdoba (1439), acabó de ordenar y pulir la narración de sus viajes por los años que median entre la muerte de don Juan II (1453) y la de Ladislao el Póstumo de Hungría (1457), ignorándose el de su propia muerte. Joven, rico é hidalgo, fué regalado por el Papa, el Emperador de Alemania y por las personas de cuenta en todas partes. Su obra Andanças é viajes de Pero de Tafur por diversas partes del mundo avidos (1435-1439), es amena en la descripción, atinada en las observaciones, animada en las aventuras, desembarazada y llena de buen humor en el estilo, llana y corriente en el lenguaje.

371. Andanças é viajes de Pero Tafur. Edic. de M. Jiménez de la Espada, Madrid, 1874, de la Colección de Libros españoles raros ó curiosos, t. VIII. Consúltese: R. Ramírez de Arellano, en el Boletín de la Real Academia de la Historia, 1902, t. XLI, págs. 273-293.