460. La novela caballeresca fué planta exótica en España, porque su idealismo era contrario al realismo castizo, manifiesto en toda nuestra literatura. "Nació, dice M. Pelayo, de las entrañas de la Edad Media, y no fué más que una prolongación ó degeneración de la poesía épica, que tuvo su foco principal en la Francia del Norte, y de ella irradió, no sólo al Centro y al Mediodía de Europa, sino á sus confines septentrionales: á Alemania, á Inglaterra y á Escandinavia, lo mismo que á España y á Italia. Pero esta poesía, aunque francesa por la lengua, era germánica unas veces y otras céltica por sus orígenes, y más que la poesía particular de una nación cuya unidad no estaba hecha, fué la poesía general del Occidente cristiano durante los siglos xii y xiii...; tuvo por primer instrumento la forma métrica, asonantada al principio y rimada después; pero en los tiempos de su decadencia, desde la segunda mitad del siglo xiii y mucho más en el xiv y en el xv, cuando el instinto creador había huído de los juglares, cuando la amplificación verbosa y la mala retórica habían suplantado á la poesía, cuando las narraciones no se componían ya para ser cantadas, sino para ser leídas, cuando se había agrandado en demasía el público sin mejorarse la calidad de él, y á la vez que la aristocracia militar, avezada ya á los refinamientos cortesanos y á los artificios del lirismo trovadoresco y de las escuelas alegóricas, volvía desdeñosamente la espalda á las gestas nacionales, comenzaba la burguesía á apoderarse de los antiguos relatos, imprimiéndoles un sello vulgar y pedestre; la Musa de la epopeya se vió forzada á descender de su trono, calzó el humilde zueco de la prosa y entonces nacieron los libros de caballerías propiamente dichos. No hay ninguno entre los más antiguos, ni del ciclo carolingio, ni del ciclo bretón, ni de los secundarios, ni de las novelas aisladas, ni de las que toman asuntos de la antigüedad ó desarrollan temas orientales y bizantinos, que no sea transformación de algún poema existente ó perdido, pero cuya existencia consta de una manera irrecusable". En cambio, la epopeya castellana, por carecer de lo maravilloso y fantástico, por ser sincera pintura de la realidad de la vida, siguió viviendo entre el pueblo hasta que los eruditos recogieron sus romances, y por ser tan verídica é histórica aprovecháronse de ellos mucho antes, desde el siglo xiii, los mismos eruditos, al componer sus Crónicas. Así el idealismo de la epopeya caballeresca europea la hizo degenerar en novela prosaica, mientras que el realismo de la epopeya heroica castellana alimentó las Crónicas, venció al mester de clerezia y triunfó hasta entre los eruditos, llegando á escribirse sus romances á fines del siglo xv y originando los romances eruditos de los siglos xvi y xvii, y sigue siendo hasta hoy expresión de la poesía épica, tanto erudita como popular. Sólo un ciclo de los caballerescos fué aceptado por la musa popular castellana, el carolingio, porque en él vió el pueblo una rama de la propia epopeya nacional. Roncesvalles y Bernardo del Carpio son tan españoles como el Cid y don Rodrigo. "El grado de elaboración que en ellos (los romances de este ciclo) alcanza la materia épica, la gran distancia á que se encuentran de sus originales ultrapirenaicos, hasta el punto de ser difícil reconocerlos, hace evidente que descansan en una poesía anterior, en verdaderos Cantares de Gesta, compuestos libremente en España sobre temas traídos por los juglares franceses ó provenzales". Así M. Pelayo, el cual cree que la creación popular de Bernardo del Carpio fué como una protesta contra el seudo Turpin, escrito en Galicia por un francés y aceptado por los amigos de los cluniacenses, mientras que "las fabulosas conquistas de Carlomagno en España encontraron muchos incrédulos y el sentimiento nacional herido, no sólo protestó por boca del monje de Silos y del arzobispo don Rodrigo, sino que, invadiendo los campos de la épica nacional, españolizó la leyenda en términos tales, que más que imitación ó continuación fué protesta viva contra todo invasor extraño. Un personaje enteramente fabuloso, pero en cuya fisonomía pueden encontrarse rasgos de otros personajes históricos, apareció, primero como sobrino de Carlomagno y asociado á sus triunfos, después como sobrino del rey Casto y como único vencedor de Roncesvalles. La creación de Bernardo del Carpio se levanta en algún modo sobre el carácter local de la epopeya castellana, y la engrandece en el sentido de la patria española, haciendo combatir mezclados, bajo la enseña de Bernardo, á castellanos, navarros y leoneses, á infieles y cristianos juntamente". La Crónica general, de Alfonso X, recogió, ya prosificado, un cantar del ciclo carolingio, la leyenda de Maynete y Galiana, que se duda sea francesa ó española, pero que, de todas suertes, en España tomó forma tal, que difiere de la del resto de Europa, poética y sin extravagancias maravillosas, y M. Pelayo la cree española (Oríg. novel., t. I. página cxxxiii). La mayor parte de los libros de caballerías extranjeros se tradujeron en el siglo xv, pero hay algunos anteriores. Las más antiguas ficciones de este género están en la Gran Conquista de Ultramar, sobre las Cruzadas; después vienen las que Amador de los Ríos halló en un códice de El Escorial: el Noble Cuento del emperador Carlos Maynes, la Estoria del rey Guillermo de Inglaterra, el Cuento muy fermoso del emperador Ottas et de la infanta Florencia su fija et del buen caballero Esmere, el Fermoso cuento de una sancta emperatriz que ovo en Roma et de su castidat y la Estoria del cavallero Plácidas, que fué después cristiano e ovo nombre Eustacio. La primera y última han sido publicadas é ilustradas por Herman Knust, Dos obras didácticas, Socied. Biblióf. Españ., Madrid, 1898. La Estoria del rey Guillermo no está traducida del poema francés de Cristián (siglo xii), sino de otro texto. Otra versión del siglo xvi ha reimpreso Knust, en el tomo acabado de citar, tomado de la edición de Toledo, 1526: Chronica del rey don Guillermo, rey de Inglaterra e duque de Angeos: e de la reina doña Berta su muger. Es libro de caballerías á lo divino, agiográfico, así como la Estoria del caballero Plácidas, traducción de la leyenda de San Eustaquio mencionada por San Juan Damasceno, inserta en el Menologio Griego, del emperador Basilio x, y divulgada en Occidente por el Speculum Historiale, de Vicente de Beauvais, etc. Mussafia ha editado el Fermoso cuento de una sancta emperatriz, Viena, 1867 (Sitzungsberichte der Κ. K. Akad. der Wissenschaften, v. 53) y probado que proviene del poema francés de Gautier de Coincy (1177-1236) sobre la emperatriz Crescencia. El de von Ottas salió de Florence de Rome, y publicólo Amador de los Ríos, Hist. crít., t. V, pág. 391. Del ciclo bretón hay huellas en el siglo xiii en España; pero cuando se desenvolvió fué en el xiv. La leyenda del rey Artur, vencedor de los sajones, es muy antigua en Bretaña y se menciona en un libro del siglo x, en la Historia Britonum, de Nennio. Los normandos, conquistada Inglaterra, fraternizaron con los bretones contra los sajones, y Jofre de Monmouth, obispo de S. Asaph († 1154), fué el primer creador de una historia fabulosa, pero muy poética, que se suponía traducida de antiguos libros gaélicos y que fué formándose y escribiéndose en libros latinos. Invención suya parece la del sabio Merlín y sus profecías. Luego vino la Tabla Redonda con los lays de Bretaña, lírica con antigua música céltica (G. Paris, La littérat. franç. au moyen âge, 2.ª ed., París, 1890, pág. 91). En el siglo xii aparece la leyenda de Tristán, de origen gaélico, y en último término mitológico y por lo mismo antiquísima: uno de los autores que la trató fué Thomas, anglo-normando (1155-1170), después del perdido poema de Christián de Troyes (hacia 1150), que compuso además el Lancelot (Lanzarote) hacia 1170, el Perceval ó Cuento del Graal en 1175. Pasó esta literatura á Italia en el siglo xiii; pero tardó en penetrar en España por ser tan contraria en su idealismo á la épica castellana, hasta que Galicia y Portugal, países de espíritu céltico, la acogieron y la comunicaron con su propia lírica, acaso en el siglo xiii y cierto en el siglo xiv y, sobre todo, á principios del siglo xv á los castellanos. Alusiones hay en Castilla á este ciclo hasta en los Anales Toledanos primeros, que llegan al año 1217. Don Juan Manuel habla de un falcón llamado Lanzarote y otro Galván (Libro de la Caza, 1325); el de Hita recuerda á Tristán (1343) y á Amadís, como hemos visto; pero donde se menudean las alusiones es en el Cancionero de Baena, entre los poetas del reinado de Juan II y en algunos raros romances. Del primer tercio del siglo xiv es un fragmento de un Tristán castellano, contenido en un códice vaticano, publicado por Monaci y otro hallado por Bonilla en las guardas de un manuscrito de la Biblioteca Nacional. Imprimiéronse el Tristán y el Baladro á fines del siglo xv, pero los Amadises los pusieron en olvido. Anterior y la primera novela de caballerías en Castilla fué El Caballero Cifar, de fines del siglo xiii; pero el Amadís es realmente el primer libro enteramente de caballerías y el mejor de todos. Tras los doce Amadís que se compusieron en España, se tradujeron á todas las lenguas de Europa y se imitaron en otros libros y dramas, vinieron los Palmerines. De las causas de esta moda y triunfo de los libros de caballerías en España en el siglo xvi, después de no haberse apenas hecho desde fines del xiii, más que seis ó siete libros originales, véase M. Pelayo (Oríg. nov., t. I, pág. ccxci). "Los caballeros portugueses de la corte del Maestre de Avis, que en torno de la Reina inglesa gustaban de imitar las bizarrías de la Tabla Redonda, trasladaron á la Península, de un modo artificial y brusco sin duda, pero con todo el irresistible poderío de la moda, el ideal de la vida caballeresca, galante y fastuosa de las cortes francesas y anglonormandas..., inoculando la ridícula esclavitud amorosa y el espíritu fanfarrón y pendenciero..., en España se compusieron en mayor número que en ninguna parte, por ser entonces portentosa la actividad del genio nacional..., pasaron al francés y al italiano y muchos también al inglés, al alemán y al holandés, y fueron imitados de mil maneras hasta por ingenios de primer orden, y todavía hacían rechinar las prensas cuando en España nadie se acordaba de ellos, á pesar del espíritu aventurero y quijotesco que tan gratuitamente se nos atribuye..., no fué un fenómeno español, sino europeo. Eran los últimos destellos del sol de la Edad Media próximo á ponerse...; la novela... debe ser obra de arte puro, pero en muchos casos no es más que obra de puro pasatiempo... como la misma y aun mayor penuria de novelas originales se padecía en toda Europa, ellos fueron los que dominaron enteramente esta provincia de las letras por más de cien años. La novela-arte es para muy pocos; la novela-entretenimiento está al alcance de todo el mundo, y es un goce lícito y humano, aunque de orden muy inferior".

461. En 1496 se publicó en Salamanca la traducción de la novelita latina Historia de duobus amantibus (1444), de Eneas Silvio Piccolomini (1405-1464), después Ρíο II: Historia de dos amantes Eurialo e Lucrecia Senesa. El único ejemplar conocido se conservaba en la Biblioteca Colombina. Perdido éste, Foulché-Delbosc ha reimpreso (Barcelona, 1907) la edición de Sevilla de 1512, de la que hay dos ejemplares conocidos, uno en la Biblioteca Nacional de Madrid, otro en el Museo Británico. Es de no poco momento para el conocimiento de los orígenes de la novela española, por lo que influyó en la Cárcel de Amor y en algunas otras obras castellanas. El estilo es bastante suelto ya, teniendo, sobre todo, en cuenta el hipérbaton y el rodeo con que el traductor procuró doblegar el habla castellana para acercarla á la latina, empeño en que tantos otros naufragaron. El lenguaje es castizo, sin los feos latinismos de otros autores del siglo xv. Otras ediciones: Sevilla, 1524, 1530, 1533.

462. Eneas Silvio Piccolomini, Historia de dos amantes [trad. del latín], ed. R. Foulché-Delbosc, Barcelona, 1907; ed. Menéndez y Pelayo, en el tomo IV de sus Orígenes de la Novela, Madrid, 1913.

463. La primera impresión del Decamerón, de Boccaccio, en castellano es la de Sevilla, 1496 (Revue Hisp., t. XII, pág. 43); volvió á imprimirse en Toledo, 1524; Valladolid, 1539; Medina, 1543; Valladolid, 1550; fué prohibida en 1559. Influyó primero en el Patrañuelo (1566?), que le tomó tres cuentos, y sabido es lo que en él se inspiraron Cervantes y Tirso, en las Novelas Ejemplares (1613) el uno, y el otro en los Cigarrales de Toledo (1624), aunque mucho más había influido acaso en la literatura del siglo xv, juntamente con Dante y Petrarca. Boccaccio español llamó Tirso á Cervantes, no porque le tomara nada ni le imitara, sino por haber remedado el tono del estilo. Véase A. Farinelli, Note sul Boccaccio in Ispagna nell'Età Media, Braunschweig, 1906, y su estudio sobre el Corbaccio en la España medieval, en la Miscellanea Mussafia.

464. En 1496 Abraham Zacuto, hebreo, de Salamanca, publicó Tabulae tabularum coelestium motuum Astronomici Zacuti, necnon stellarum fixarum longitudinem ac latitudinem ad motus unitatem mira diligentia reductae ac in principio canones, obra más conocida por Almanach Perpetuum. Era astrónomo de don Manuel, rey de Portugal, y su libro fué impreso en la tipografía judaica de Leiria. La edición de Venecia de 1502 lleva las correcciones de Alfonso de Córdoba. Las efemérides de Zacuto están calculadas por el meridiano de Salamanca. De otras obras, en N. Antonio.

Mosén Juan Escrivá publicó De imaginibus astrologicis, 1496.

En 1496 Jerónimo Torrella, médico valentino, publicó Opus praeclarum de imaginibus astrologicis. De Motu Coelorum. Opusculum pro Astrologia adversus Comitem de Concordia Mirandulanum. De fluxu et refluxu maris.

En 1496 se publicaron Las epístolas de Séneca. Con una Summa siquier introduction de Philosophia moral: en romançe, Zaragoza. La Introduction es de Leonardo Arietino. (Bibliogr. zarag. del siglo xv).

465. Hernando de Talavera († 1507), confesor de los Reyes Católicos y arzobispo de Granada, compuso cierta obra docta y devota sobre la salutacion angélica, como dice fray Juan de Pineda en su Agricultura cristiana, pte. 2, diál. 31, donde la inserta, y en la Vida de San Juan Baptista (Barcelona, 1596). Su más antiguo biógrafo, José Saguntino, historiador de la Orden de San Jerónimo (Breve suma de la santa vida del reverendísimo y bienaventurado don fray Hernando de Talavera, en el mismo códice de la Academia de la Historia, donde están los versos de Álvarez Gato), dice que "en lugar de responsos hazia cantar algunas coplas devotísimas correspondientes á las liciones. De esta manera atraia el santo varon á la gente á los maytines como á la misa. Otras veces facia hazer algunas devotas representaciones, tan devotas, que eran más duros que piedras los que no echavan lágrimas de devocion". "Acaso tengan que ver, dice M. Pelayo, estas coplas y representaciones con el libro rarísimo que mienta Salvá": Cancionero Espiritual... Hecho por un religioso de la orden del bienaventurado Sant Hieronimo, Valladolid, 1549. En él hay una disputa alegórica en quintillas dobles, villancicos y un paso ó égloga del Nacimiento. Pudiera ser del obispo ó de algún imitador suyo.

Tratados compuestos por Hernando de Talavera, arzobispo de Granada ("Costó 114 mrs. en Medina del Campo, por julio de 1518", dice Fernando Colón). Provechosa doctrina de lo que debe saber todo fiel Christiano. Confesional. Del restituir y satisfacer. De cómo hemos de comulgar. Contra el murmurar. De las Ceremonias de la Misa, Salamanca, 1673. Contra la demasía en el vestir y en el comer. Impugnacion Catholica en defensa de nuestra Fe. Ceremonial de todos los oficios divinos. Una forma de visitar Iglesias y Conventos de Monjas. Instruccion para las Monjas de un Monasterio de Avila. Officia quatuor. Además revisó y mejoró el Vita Christi castellano, del franciscano Francisco Jiménez, como si lo escribiese de nuevo, Sevilla, 1496.