En 1495 tradújose por un anónimo el libro Lilii Medicinae Bernardi Gordoni, más otros cuatro tratados, Sevilla, 1495, y La cirugia de maestre lanfranco mediolanense, Sevilla, 1495.
454. En 1496 se publicó en Sevilla el famoso libro de caballerías llamado Amadís, y en 1508, en Zaragoza, Los quatro libros del virtuoso cauallero Amadis de Gaula. Los tres primeros se dice allí que estaban "corregidos y emendados" por el regidor de Medina del Campo Garci Rodrígez de Montalvo, autor del libro cuarto añadido. Los tres primeros están corregidos de un Amadís muy antiguo, de origen probablemente galaico-portugués, y el asunto caballeresco, con su ideal y lo maravilloso en personajes y aventuras, todo vino, por Galicia y Portugal, de Francia, probablemente durante el siglo xiii, época en que debió de hacerse el arreglo del primitivo Amadís castellano. Es "el mejor de todos los libros que de este género se han compuesto", como dijo Cervantes. Son delicadísimos los amores de Amadís y Oriana.
El estilo es rodado y suave, naturalmente elegante, y muy castizo el lenguaje. La novela caballeresca entró, pues, en España el siglo xiii; pero sólo tenemos como la más antigua, mezclada con moralidades y llena del realismo castellano, la Historia del Cavallero Cifar; después Tirante el Blanco, en catalán (1490), traducido al castellano en 1511; El Baladro del sabio Merlín (1498), la Historia de los nobles caualleros Oliueros de Castilla y Artús dalgarbe (1499), Tristán de Leonís (1501), las dos últimas traducidas del francés. La mayor parte de los libros de caballerías, que tanto se leyeron en España y con los cuales acabó Don Quijote, son exageraciones del Amadís y andan en torno de él, como los poemas cíclicos en torno de la Ilíada.
455. De un Amadís se habla ya en la traducción castellana del tratado De regimine principum, de Egido Colonna, hecha hacia el 1350 por Johan García de Castrogeriz. López de Ayala, nacido en 1332, cuenta haber leído el Amadís (Rimado, 162). Pero Ferrús añade que constaba de tres libros en su tiempo. En Portugal se hablaba de él á mediados del siglo xv, atribuyéndose á un tal Vasco de Lobeira, armado caballero en 1385, de manera que no pudo ser autor del Amadís aludido por el traductor de Egidio Colonna en 1350. Miguel Leitão Ferreira, hijo del poeta portugués Antonio Ferreira (1528-1569), dijo en 1598 que el Amadís de Lobeira se hallaba en su manuscrito original en el archivo de los Duques de Aveiro; si así fué, desapareció de allí antes de 1726. El traductor francés del Amadís, Nicolás d'Herberay (1540-1544), escribió que la obra primitiva era francesa y que de ella había "trouvé encore quelque reste d'un vieil livre escrit à la main en langage Picard", suponiendo que ésta fué la obra que los españoles habían traducido libremente al castellano. Últimamente, los eruditos se vuelven en parte otra vez hacia Portugal, ya por el pasaje del Amadís (I, c. 40), donde se dice que don Alfonso de Portugal (no se sabe si el infante fallecido en 1312 ó el que fué rey en 1325) mandólo poner "de otra guisa", ya por el número 230 del Canzoniere Portoghese Colocci-Brancuti, que es una poesía de João de Lobeira (el cual floreció hacia 1258-1285), y parece ser el modelo del villancico cantado por Leonoreta y sus damas en el Amadís (II, c. ii). Algunos críticos reponen á esto último que pudo hacer João de Lobeira en el siglo xiii una reproducción portuguesa, sin ser el primer autor del Amadís, ó que el villancico en el texto castellano pudo interpolarse más tarde, pues siempre queda en pie el que en España fué popular el Amadís desde mediado el siglo xiv, y en Portugal sólo sabemos que se hable de él un siglo después, á mediados del siglo xv. Á la verdad, yo creo que aquí, y hasta ahora, los portugueses llevan la mejor parte, pues sus argumentos son hechos positivos y los de los españoles son puramente de posibilidad y negativos, de si podría ser posterior la redacción portuguesa y de si la castellana podría haberse interpolado. Tengo para mí, además, que la novela vino á España por Galicia ó Portugal. Trátase, efectivamente, de una época, del siglo xiii, en que Portugal y Galicia eran intermediarias de la literatura que llegaba á España de Francia y demás tierras del Norte, y trátase de un asunto que no es originariamente castellano. Que las leyendas caballerescas todas vinieran por Galicia y Portugal y que cuadraran mucho más á aquellas gentes que á la gente castellana es cosa que se cae de su peso. El ideal caballeresco se injertó en Castilla; no es propio de ella. El caballero español, y lo eran cuantos españoles podían acudir con caballo al llamado de su rey, tenía otro espíritu, el que hallamos en las gestas y romances y en las crónicas, como ya vimos. Sólo el refinamiento, que fué introduciendo en la corte castellana cabalmente la corte portuguesa y sus trovadores galaico-portugueses desde los tiempos de Alfonso VI, Alfonso VII, Alfonso X, y llegó á colmo en el reinado de don Juan II, pudo modificar el espíritu caballeresco castellano, adamándolo tan blandenguemente, hasta originar la orden de los caballeros de la Banda, cuyo ideal no es de abolengo castellano, el cual jamás tuvo á la dama por su dios, como lo tuvo el espíritu de la lírica provenzal y el de los libros de caballería, y había ya entrado de lleno en España en tiempo del Arcipreste de Hita, á mediados casi del siglo xiv. Tampoco era propio de España el salir á defender menesterosas y desfacer entuertos, como lo era en las tierras donde señoreó el feudalismo. El asunto del Amadís procede de los libros novelescos de la Tabla Redonda. El que lo redactó en castellano pudo tomarlo derechamente de algún texto de novela artúrica francés ó portugués; yo creo más bien que portugués. Todos éstos son problemas por resolver. El héroe, Amadís, no es natural de España, sino de Gaula, que, sin duda, es el país de Gales, de donde el rey Artús y la Tabla Redonda. Y ya lo hice notar en mi comento á la copla 1278 del libro de Hita:
"Estavan tres fijosdalgo á otra noble tabla,
Mucho estavan llegados, uno á otro non fabla,
Non se alcançarian con las vigas de Gaula,
Non cabríe entre ellos un cabello de Paula".
Alude á los maderos largos, como los que se traían y se traen del Norte, de Gales, y ocurriósele al Arcipreste lo de Gaula, por la voz tabla, lo que indica que tenía la imaginación en la Tabla Redonda y en el Amadís de Gaula, y por eso mete á Paula, por una dama cualquiera. El Arcipreste compuso su libro el año 1343, como vimos, de modo que ya para entonces era conocidísimo en España el Amadís, no menos que el Tristán, del que habla en la copla 1703. Pero ya en la corte de Alfonso X estaban de moda los "cantares de Cornualla", y en el Amadís se ve la inspiración y aun la imitación de las novelas del ciclo bretón, sobre todo del Tristán y de Lanzarote. Bristoya es Bristol, Vindilisora es Windsor, aunque se dude de que Bangil sea Bangor y Gravisanda, Gavesend. El asunto son los amores de Amadís, hijo natural de Perión y de Elisena, con Oriana, hija de Lisuarte, rey de Bretaña. Estos amoríos no son de cepa castellana, ni mucho menos los encantamientos, apariciones, hadas, enanos, gigantes, endriagos y batallas estupendas. La escena de hablarse por la ventana viene del Lancelot francés. Sólo es castellano el respeto á los reyes, las moralidades y cierto realismo de ejecución, que templa el idealismo y maravillosismo, elementos nada castellanos, y que son el alma de la novela caballeresca. La delicadeza de los amores de Amadís y Oriana es lo mejor del libro.
456. Μ. Pelayo, Oríg. novel., t. I, pág. ccxxiii: "Es la primera novela moderna, el primer ejemplo de narración larga en prosa, concebida y ejecutada como tal, puesto que las del ciclo bretón son poemas traducidos en prosa, amplificados y degenerados..., es patente la unidad orgánica..., es obra de arte personal y aun de raro y maduro artificio..., fué escrito de primera intención para la lectura..., esta prosa no es poética..., sino muy retórica y pulida..., con él empieza un nuevo género de caballerías. El ideal de la Tabla Redonda aparece allí refinado, purificado y ennoblecido. Sin el vértigo amoroso de Tristán, sin la adúltera pasión de Lanzarote, sin el equívoco misticismo de los héroes del Santo Graal, Amadís es el tipo del perfecto caballero, el espejo del valor y de la cortesía, el dechado de vasallos leales y de finos y constantes amadores, el escudo y amparo de los débiles y menesterosos, el brazo armado puesto al servicio del orden moral y de la justicia. Sus ligeras flaquezas le declaran humano, pero no empañan el resplandor de sus admirables virtudes. Es piadoso sin mojigatería, enamorado sin melindre, aunque un poco llorón; valiente sin crueldad ni jactancia, comedido y discreto siempre, fiel é inquebrantable en la amistad y en el amor. Á las cualidades de los personajes heroicos de gesta, junta una ternura de corazón, una delicadeza de sentir, una condición afable y humana, que es rasgo enteramente moderno. Por eso su libro adquirió un valor didáctico y social tan grande: fué el doctrinal del cumplido caballero, la epopeya de la fidelidad amorosa, el código del honor, que disciplinó muchas generaciones..., fué para todo el siglo xvi el manual del buen tono, el oráculo de la elegante conversación, el repertorio de las buenas maneras y de los discursos galantes... Por carecer la obra de toda base histórica, apenas entraban en ella los grandes intereses humanos, las grandes y serias realidades de la vida, ó sólo aparecían como envueltos en la penumbra de un sueño...; sus empresas llevan el sello de lo quimérico..., forma de decadencia..., la falsa idealización de la mujer, convertida en ídolo deleznable de un culto sacrílego é imposible, la extravagante esclavitud amorosa, cierta afeminación". Como á "único en su arte" le salvó Cervantes de las llamas. Sobre la boga del Amadís en Italia, Francia, etc., véase M. Pelayo (ibid., ccxxxix). Hasta doce Libros de Amadises fueron componiéndose y traduciéndose y multiplicándose todos en todas las naciones de Europa, donde, durante el siglo xvi, estuvo de moda este linaje de novela, acabando con todos ellos el Quijote.
457. Bibliografía del Amadís: Sevilla, 1496; Zaragoza, 1508; Salamanca, 1510; Sevilla, 1510, 1511; Salamanca, 1519; Zaragoza, 1521; Toledo, 1524; Sevilla, 1526, 1531; Venecia, 1533; Sevilla, 1535, 1539; Medina, 1545; Sevilla, 1547; Salamanca, 1547; Lovaina, 1551; Sevilla, 1552; Burgos, 1563; Sevilla, 1565; Salamanca, 1574, 1575; Sevilla, 1575; Salamanca, 1575, 1576; Alcalá, 1580; Sevilla, 1586; Burgos, 1587; Madrid, 1838; Barcelona, 1847; Madrid, 1857. (Revue Hisp., t. XXI, página 155). En la edición de Roma de 1519 se llama el corrector de los tres primeros libros y autor del cuarto Garci Ordóñez de Montalvo; en Las Sergas de Esplandian, Roma, 1525, García Gutiérrez de Montalvo: es el primer problema á dilucidar.
458. Amadís de Gaula. Ed. F. de Gayangos, Bibl. de Aut. Esp., t. XL. Consúltense: G. S. Williams, The "Almadís" Question, en Revue Hispanique (1909), t. XXI, págs. 1-167 [con excelente bibliografía]; L. Braunfels, Kritischer Versuch über den Roman Amadis von Gallien, Leipzig, 1876; G. Baist, Grundriss der romanischen Philologie, t. II, 2 Abteilung, págs. 440-442; Th. Braga, Historia das novellas portuguezas de cavalleria (Formação do Amadis de Gaula), Porto, 1873; Th. Braga, Curso de Historia da Litteratura portugueza, Lisboa, 1885, págs. 103-107; Th. Braga, Questões de litteratura e arte portuguezas, Lisboa [1881], págs. 98-122; señora C. Michaëlis de Vasconcellos, Cancioneiro de Ajuda, Halle, 1904, t. II, págs. 511-525; señora C. Michaëlis de Vasconcellos, Etwas Neues zur Amadis-Frage, en Zeitschrift für romanische Philologie (1880), t. IV, págs. 347-351; señora C. Michaëlis de Vasconcellos, Grundriss der romanischen Philologie, t. II, 2 Abteilung, págs. 216-226; R. Foulché-Delbosc, La plus ancienne mention d'Amadis, en Revue Hispanique (1906), t. XV, págs. 607-610; M. Menéndez y Pelayo, Orígenes de la novela, Nueva Bibl. de Aut. Esp., t. I, páginas cxcix-ccxlviii; E. Baret, De l'Amadis de Gaule et de son influence sur les mœurs et la littérature au xvie et au xviie siècle, 2.ª ed., París, 1873; E. Bourciez, Les mœurs polies et la littérature de cour sous Henri II, París, 1886, págs. 60-100; L. de Monge, Études morales et littéraires, Bruxelles-París, 1889, t. II, págs. 255-275; M. Pfeiffer, Amadisstudien, Mainz, 1905; H. Vaganay, Amadis en français (Livres I-XII). Essai de bibliographie et d'iconographie, Firenze, 1906 (Extracto de La Bibliofilia, 1903-1905); H. Vaganay, Les romans de chevalerie italiens d'inspiration espagnole, en La Bibliofilia (Firenze, 1911), t. xii, páginas 112-125, 205-211, 280-300, 390-399; (1912), t. ΧΙII, págs. 124-133, 200-215, 278-292, 394-411; (1913), t. XIV, págs. 87-94 y 157-168 (se continuará); H. Thomas, The Romance of Amadis of Gaul, London, 1912.
459. En 1510 imprimió también Montalvo Las Sergas del virtuoso cauallero Esplandian, quinto libro de Amadís; Sevilla. Sergas ó sargas eran tapices en que se representaban escenas históricas, y de aquí tomó Montalvo la palabra, como quien dice Cuadros ó lienzos de los hechos de Esplandian. Se imprimieron: Sevilla, 1510, 1521, 1526; Burgos, 1526; Sevilla, 1542; Zaragoza, 1585; Burgos, 1587; Zaragoza, 1587; Alcalá, 1588. Las Sergas del muy esforzado caballero Esplandian, etc., Bibl. de Aut. Esp., t. XL. Consúltese: R. Foulché-Delbosc, Sergas, en Revue Hispanique (1910), t. XXIII, págs. 591-593.