En 1513 Luis Correa publicó Conquista del reyno de Navarra, Toledo.
En 1513 se publicó el Libro del esforçado cauallero conde Partinuples, que fué emperador de Constantinopla, Alcalá; ibid., 1515; Toledo, 1526; Burgos, 1547; Sevilla, 1548, 1558; Tarragona, 1588; Valladolid, 1623; Sevilla, 1643, 1693; Madrid, 1756. Es traducción del Partenopeus de Blois, novela francesa del siglo xii, y el asunto es la fábula de Psiquis.
En 1513 salió la Crónica de los nobles caballeros Tablante de Ricamonte y Jofre, Toledo; ibid., 1524, 1526; Toledo, 1526; Sevilla, 1599; refundida por Nuño de Garay, Alcalá, 1519, 1604; Sevilla, 1629: es del ciclo bretón, tomado de una redacción francesa.
536. Año 1514. Juan Luis Vives (1492-1540), hijo de Luis Vives, originario del Rosellón, y de Blanca March; nació en Valencia, donde hizo sus primeros estudios de Gramática (1509), pasando á estudiar Filosofía á París, aunque pronto (1511) hubo de salir de aquella ciudad, probablemente por haberse roto la paz entre Luis XII y Fernando el Católico, yéndose á vivir á Brujas, segunda ciudad de Flandes. Compuso su primera obra, Christi Jesu triumphus, en 1514, y luego, en 1519, Veritas fucata, diatriba contra la poesía pagana, dirigida, con un prefacio, al libro De Senectute, intitulado Senis Anima, á Jean de Crommaas. Monsieur de Chièvres le nombró, en 1517, preceptor de su sobrino Guillermo de Croy, que, á los diez y nueve años, fué titulado Cardenal y Arzobispo de Toledo. Vivía de ordinario en Lovaina, entregado á los estudios de Humanidades, Filosofía y Teología, ganoso de segundar los propósitos de Nebrija, desterrando la barbarie de las aulas é introduciendo en los estudios la elegancia latina. Publicó por entonces (1517-1518) las Meditationes in Septem Psalmos quos vacant poenitentiae, la Fabula de homine, la Praelectio in Georgica Vergilii, el Γενεθλιαχόν Jesu Christi, De tempore quo, id est de pace in qua natus est Christus, Clypei Christi descriptio y De initiis, sectis et laudibus philosophiae. En 1519 fué nombrado catedrático de la Universidad de Lovaina, donde explicó la historia de Plinio, y en una casa privada las Geórgicas. En Lovaina fué donde conoció á Erasmo, ya de sesenta años, haciéndose su amigo y discípulo. Entonces escribió In pseudo-dialecticos (1519) y Pompeius fugiens, y en 1520 la Praefatio y Vigilia in Somnium Scipionis, las Declamationes quinque syllanae, las Aedes legum, que publicó en 1521, y la In leges Ciceronis praelectio, como prefacio de un curso sobre De Legibus, que explicó en Lovaina. En 1521, mientras Erasmo publicaba las Obras de S. Agustín, le encargó el comento de la Ciudad de Dios; pero habiendo fallecido el joven Cardenal de Croy en Worms, y hallándose sin recursos ni protector, se empeñó tanto en el trabajo, que cayó enfermo, enviando, con todo, en 1522 á Erasmo el final de sus Comentarii in XXII libros de civitate Dei S. Augustini, compuestos en diez y ocho meses, y se publicaron en Basilea el mismo año, reimprimiéndose en 1542, dos años después de su muerte. También escribió la Praelectio in Convivia Philelphi, la Praelectio in 4m Rhetoricorum ad Herennium, las Additiones ad Suetonium y el diálogo Inquisitio sapientis. Muerto Lebrija en 1522, el claustro de Alcalá le ofreció la cátedra que dejaba vacante; pero no la aceptó. Dirigió al cardenal Adriano De Europae statu ac tumultibus el mismo año. En 1523 compuso Veritas fucata, sive de licentia poetica y De institutione feminae christianae. El mismo año 1523 enseñaba Humanidades en Oxford; pero iba y venía á Flandes, y en 1524 se casó en Brujas con Margarita Valdaura. Del año 1523 son la Epistola prima de ratione studii puerilis, De consultatione, la traducción latina de dos discursos de Isócrates; del 1524 los Satellitium animi y la Introductio ad Sapientiam; del 1525 la Epistola de Francisco Galliae rege a Caesare capto, dirigida al Rey de Inglaterra, y De pace inter Caesarem et Franciscum Galliae regem, deque optimo regni statu y Paries palmatus. En 1526 compuso De subventione pauperum, que le mereció una copa de oro de los magistrados de Brujas, á quienes dirigió el tratado. En 1526 De Europae dissidiis et bello Turcico, De condicione vitae christianorum sub Turca. En 1527 Philalethae Hyperborei in anticatoptrum suum Paraskeue, probando á Enrique VIII la legitimidad de la dispensa pontifical que le dió el Papa para casarse con Catalina de Aragón, obra de la cual el Rey se enojó, por lo que le encarceló y le desterró de su corte. Compuso De officio mariti, y en 1529, Sacrum diurnum de sudore Domini nostri J. C., Concio de sudore nostro et Christi, De passione Christi, De concordia et discordia in humano genere libri quatuor, De pacificatione. En 1531, De disciplinis libri XX. En 1535, De Communione rerum ad Germanos inferiores, Ad animi exercitationem in Deum commentatiunculae. En 1536 explicó en París el Poeticon Astronomicon, de Higino, cuya edición publicó: Libri IV Hygini historiographi et philosophi, y además De conscribendis epistolis. De 1537 á 1539, In Bucolica Vergilii interpretatio, Censura de Aristotelis operibus. En 1538, De anima et vita y Exercitatio linguae latinae ó Dialogi, una de las más célebres de sus obras. Póstuma es De veritate fidei christianae, libri V, Basilea, 1543, 1544. Murió, en 1540, en Brujas, habiendo compuesto, en suma, sesenta y tres obras.
Luis Vives es el más grande de los humanistas españoles y de los principales de la época del Renacimiento en toda Europa. Hizo adelantar las innovaciones de Lebrija más allá de la gramática, llevando la crítica al arte de la elocuencia y biendecir y á la filosofía, armonizando y ensanchando las doctrinas artísticas y filosóficas paganas con las cristianas y abriendo nuevos senderos á la crítica y á la pedagogía. El espíritu de su pensar y juzgar, enteramente español en lo independiente, cristiano en lo dogmático y helénico en lo humanístico, sin formar particular escuela, se derramó por toda España y vivificó más ó menos todos los escritos de nuestros pensadores.
537. M. Pelayo, Cienc. esp., t. I, pág. 12: "Luis Vives, el más prodigioso de los artífices del Renacimiento, pensador crítico de primera fuerza (como hoy suele decirse), renovador del método antes que Bacon y Descartes, iniciador del psicologismo escocés, conciliador casi siempre, prudente y mesurado aun en la obra de reconstrucción que había emprendido; dechado de claridad, elegancia y rigor lógico; filósofo en quien predominaron siempre el juicio y el sentido práctico, nunca reñidos en él con la alteza del pensamiento, que, para todos accesible, jamás se abate, sin embargo, con aparente y menguada facilidad al vulgar criterio". Cienc. esp., t. II, pág. 15: "Luis Vives es un filósofo ecléctico... cuanto admite la verdad, venga de donde viniere; ecléctico en cuanto no sobrepone á la propia razón y al propio criterio la razón de los maestros y el criterio de una escuela determinada; ecléctico en cuanto no acata la autoridad sino en las cosas que son de fe; ecléctico en cuanto profesa el gran principio In necessariis unitas, in dubiis libertas; ecléctico porque no desdeña ninguno de los elementos y tendencias del pensamiento humano, sino que los comprende y armoniza todos, como están comprendidos y armonizados en la conciencia; ecléctico en cuanto no declara guerra á Platón en nombre de Aristóteles, como los escolásticos, ni á Aristóteles en nombre de Platón, como la escuela de Florencia. Pero no ecléctico á la manera de los franceses, pretendiendo conciliar la verdad y el error en una síntesis; que esto sólo fuera lo peligroso y censurable... Combinó el oro que extrajo de la escolástica decadente con lo más acendrado de otros sistemas... Utilizó Vives doctrinas platónicas; utilizó todo el saber de Aristóteles, que no se conoció íntegro y puro hasta los días del Renacimiento; aprovechóse de toda aquella ciencia antigua, cuya noticia sólo había llegado á Santo Tomás, de segunda mano, en incorrectas traducciones, cuando no en resúmenes y extractos. La ciencia de la Edad Media es muy respetable, pero su erudición valía poquísimo. Cristianizó la filosofía reinante... de origen griego... Así como el Angélico Doctor apartó las espinas del averroísmo, el gran filósofo de Valencia salvó su sistema de otros nuevos escollos, huyendo cuidadosamente del neoplatonismo teosófico de Marsilio Ficino, que era por entonces el mayor peligro, y de las extravagancias gentílicas de aquellos gramáticos que se habían dado á resucitar en crudo la doctrina del alma del mundo, la unidad eleática ó el atomismo de Leucipo. De Vives procede la filosofía moderna, así en lo bueno como en lo malo; pero lo malo procede ocasionalmente, como proceden del dogma las herejías... Si Vives no hubiese formulado las leyes del procedimiento experimental, recomendando su uso en los casos en que debe aplicarse, no hubiera venido Bacon proclamando como único, ó poco menos, este procedimiento, extendiéndole á todo, anulando la ciencia pura y encerrándose en el empirismo; ni hubiera venido, como legítima consecuencia, el brutal materialismo del siglo pasado, ni el positivismo que ahora nos aqueja. Esto es evidente. Pero como el procedimiento experimental no deja de ser legítimo, aunque de él se abuse, maldita la responsabilidad que le corresponde á Vives por los yerros de sus discípulos. Que Vives es la más elevada personificación de la España científica me parece indudable. Si ese calificativo está reservado para el filósofo más original y de más hondo influjo en el pensamiento europeo, ¿quién podrá disputárselo al polígrafo de Valencia? No en modo alguno los tomistas; no Suárez, á pesar de su maravillosa Metafísica, de la cual dijo Vico que encerraba cuanto hay que saber en materia de filosofía; no el mismo Ramón Lull; entendimiento sintético de primer orden, pero no iluminado por aquella ciencia antigua que dió alas á Vives; no Moisés-ben-Maymon; no Avicebrón, padre de todo el panteísmo moderno; no León Hebreo, de quien desciende toda la estética platónica del siglo xvi; no Séneca, el gran moralista, ni otra ninguna de las grandes figuras de nuestra historia científica. La filosofía española, dogmática y creyente al par que crítica y armónica, sólo alcanza su cabal desarrollo en Vives y Fox Morcillo. Pero Vives, por la universalidad de la doctrina, ha eclipsado el nombre de su discípulo. Vives fué el más prodigioso de los artífices del Renacimiento, y como la obra del Renacimiento era grande y necesaria y santa, y no debe confundirse con las excentricidades de Pomponio Leto ó de cualquier otro pedante, cábele gloria, no pequeña, por ello. Artífices del Renacimiento y no tomistas habían sido los que trabajaron en la Políglota Complutense. Mientras dos judíos conversos, tres humanistas y un griego fugitivo de Constantinopla levantaban aquel monumento, los escolásticos disputaban sobre suposiciones y restricciones. Artífices del Renacimiento fueron los que cuidaron de las primeras ediciones de los Santos Padres, y nadie trabajó en esto tanto como Erasmo. Cuando el semiescolástico Pomponazzi, que en pleno Renacimiento ignoraba el griego y escribía perversamente el latín, dudó de la inmortalidad del alma, no se levantó para responderle ningún tomista (que yo sepa), sino un artífice del Renacimiento, un humanista, un peripatético clásico muy de segundo orden, Agustín Nipho. Cuando arreciaba la gran tormenta de la Reforma, nacida en los claustros nominalistas de Alemania, no en las escuelas de Letras humanas de Italia, encontró, cual valladar firmísimo, los libros De veritate fidei christianae, de Vives, y los De libero arbitrio, de Sepúlveda, hombres uno y otro del Renacimiento. Al cabo, y como reacción contra el protestantismo, despertó con nueva pujanza la escolástica; pero despertó influida, muy influida, por el Renacimiento. ¿Se concibe, antes del siglo xvi, un libro como el de Melchor Cano? ¿Se parecen Victoria ni Soto á los escolásticos del siglo xiv ni á los del xiii? ¡Oh, qué gran bien hizo el Renacimiento desterrando la barbarie de la escuela! Los nuevos escolásticos no fueron ya bárbaros, por lo menos con aquella barbarie pertinaz y repugnante de los anteriores; no se entretuvieron en sofisterías, á lo menos deliberadamente y con insistencia; fueron grandes filósofos, grandes teólogos, dignos discípulos de Santo Tomás. Y todo, gracias á los artífices del Renacimiento. Hora es de hacerles justicia, ya que por medio siglo ha sido moda repetir contra ellos las declamaciones de aquel fanático, elocuente y desdichado demagogo tomista fray Jerónimo Savonarola. De todos esos humanistas, muy pocos, y ninguno de primera talla, si se exceptúa á Melanchton, cayeron en el protestantismo, al paso que éste alistó falanges enteras entre la gente universitaria, que los otros llamaban bárbara. No fueron tomistas, por lo general, aunque alguno hubo, y de primera nota. Todo su saber teológico no salvó á Carranza de luteranizar, aunque de buena fe, en la cuestión de la fe y las obras...". M. Pelayo, Ideas estét., t. III, pág. 214 (2.ª ed.): "Llevó á éste (campo de la retórica), como á todos los demás campos de la ciencia humana, su espíritu crítico é innovador, y ampliando, como dice Forner, las angostas márgenes en que los estilos de la antigüedad habían estrechado el uso de la elocuencia, la dilató á cuantos razonamientos puede emplear el ejercicio de la racionalidad. Esta importantísima revolución, que consiste en haber extendido el dominio de la Retórica, de la gran Retórica, es decir, de la teoría artística de la palabra, á todos los géneros en prosa, y no tan sólo á la oratoria política ó forense, como era uso de los antiguos; y el otro principio vivista, no menos luminoso y fecundo, de haber colocado esta teoría de la palabra después de la teoría del razonamiento, considerando la Retórica como una derivación y consecuencia de los estudios filosóficos, con lo cual puede decirse que se colocó Vives á dos pasos de la moderna preceptiva, dan á los tres libros De arte dicendi un lugar aparte y muy glorioso en el cuadro de nuestra preceptiva clásica". (Véase allí mismo el análisis que hace de su doctrina estética).
Resumiendo el estudio que de Vives hizo G. Desdevises Du Dezert sobre la obra de Bonilla (Revue Hisp., t. VII, pág. 411), dice así: "Humanista hábil, ha dejado un buen libro de ejercicios latinos. Filósofo, tiene dudas, veleidades y adivinaciones..., algunos pasos más y hubiera dado en las verdades que afamaron á Bacón, Descartes, Locke y Kant; pero quedóse en las lindes de la ciencia, más allá de los sabios de la Edad Media y detrás de los grandes sabios modernos; no tiene sistema propio ni formó escuela; no hay vivismo. Pero su afán por la verdad y el bien le dieron la fórmula de algunos pensamientos, que expresó como nuevos y briosos, los cuales le ponen entre los sabios más sobresalientes de su tiempo. El concepto amplio de la historia y el menosprecio de los poderosos muestran en él lo espacioso de sus conocimientos científicos y lo libre de su ingenio. Nadie señaló con tanta nobleza y tan felizmente el valor moral del educador y el fin moral de la educación. Sus ideas sobre el matrimonio, no sólo rebasan su siglo, sino que sobrepujan á las de su religión, pues mientras ésta dice ser "unum corpus et duae animae", los esposos, Vives proclama ser "duo corpora et una anima". Su teoría sobre la asistencia y el socorro público parece moderna y merece toda alabanza. Como moralista es verdaderamente Vives original y merece no caer en el olvido de la historia".
Bonilla: "Si hay una filosofía renaciente, mejor dicho, si hay un carácter general que distinga á los filósofos del Renacimiento, ese carácter y esa filosofía son el criticismo. El Renacimiento es un período crítico. Sus filósofos representan, con variedad de matices, esa tendencia. Vives sintetiza mejor que ninguno semejante dirección. Es pensador profundo, de sano y clarísimo juicio, de vigoroso entendimiento. Sabe apreciar atinadamente los errores y desviaciones de las escuelas: marca el camino que han de seguir las ciencias para recuperar su antiguo esplendor, pero no es creador de sistemas ni fundador de escuelas. Se ha dicho—y nunca lo será bastante—que Vives es en filosofía un pensador ecléctico. No ataca á Platón en nombre de Aristóteles, como Jorge de Trebisonda y Teodoro Gaza; ni se declara adversario de Aristóteles invocando las doctrinas de Platón, como Gemisto Plethon; no es exclusivista, ni creyente de comunión filosófica determinada, sino discípulo de la verdad, veritatis sectatores, decía, ubicumque eam esse putabitis, ab illa state. De aquí el carácter sincrético de su enseñanza. Su metafísica es en el fondo enteramente aristotélica; más aún su lógica; algún tanto su psicología; su estética, en lo fundamental, platónica; su teología, con cierta simplificación, escolástica; hasta de su pedagogía, que es donde mayor originalidad revela, ha dicho Lange "que no ha formado escuela alguna, ni hallado partidarios fervientes".
Su obra capital De Disciplinis libri XX, Antuerpiae, 1531, contiene Τ. I, De Corruptis Artibus: 1. De corruptis Artibus in universum. 2. De corrupta Grammatica. 3. De corrupta Dialectica. 4. De corrupta Rhetorica. 5. De corrupta Philosophia Naturae. 6. De corrupta Philosophia morum. 7. De corrupto Jure Civili. Τ. II, De Tradendis Disciplinis seu de institutione christiana. Τ. III, De Artibus libri VIII: De Prima Philosophia. De censura veri. De instrumento probabilitatis. De Disputatione. Nótense las ed.: Introductio ad sapientiam. Satellitium sive Symbola. Epistolae duae de ratione studii puerilis, Medina, 1551. Linguae Latinae Exercitatio, Medina, 1586. Yntroducción: para ser sabio, buelta en castellano por Francisco Cervantes de Salazar, Sevilla, 1544; Alcalá, 1546. Id. por Diego de Astudillo: Introducción á la sabiduría, Amberes, 1551; Sevilla, 1604; Valencia, 1765. Dialogistica Linguae Latinae exercitatio. Annotationes praeterea in singula colloquia doctissimi viri Petri Mota, Alcalá, 1562;... cum indice latino hispanico vocum difficiliorum ab Ioanne Ramirez compilato. Alcalá, 1596; Madrid, 1597, en Aliqua ex classicis autoribus, de Miguel Navarro. Instruccion de la muger christiana, traducción de Juan Justiniano, Valencia, 1528; Alcalá, 1529; Sevilla, 1535; Zaragoza, 1539, 1545, 1555; Valladolid, 1584; Madrid, 1792, 1793, 1893.
538. Juan Luis Vives, Opera, ed. Episcopio, Basilea, 1555; Opera, ed. Mayáns, Valencia, 1782... Consúltense: M. A. J. Namèche, Mémoire sur la vie et les écrits de J. L. Vives, en las Memorias de la Acad. de Cienc. y Bell. Letr. de Bruselas, t. XV, 1840-1841; Emile Van den Busche, Jean Louis Vives, Bruges, 1871; A. Bonilla y San Martin, Luis Vives y la filosofía del Renacimiento, Madrid, 1903; The Dialogues [trad. inglesa], ed. F. Watson, London, 1908; F. Watson, Vives and the Renaisssance Education of Women, London, 1912; F. Watson. Vives: on education [trad. inglesa de De tradendis disciplinis, con introducción], Cambridge, 1913.