[11] Loth, Les mots latins dans les langues britanniques, Annales de Brétagne, VI, 561.
[12] El porvenir de la raza blanca, pág. 87.
ÉPOCA ROMANA
(SIGLOS I-IV)
26. La más añeja noticia que de las letras españolas nos ha llegado es la que nos dejó escrita Estrabón, autor grave de la época de Augusto, el cual nos dice que los ribereños del Betis, llamados turdetanos, de raza española, tenían literatura y conservaban escritas sus antiguas historias, poesías y leyes, en verso, había seis mil años, según ellos contaban, siendo los más sabios de los españoles, y que todos los demás indígenas también entendían de literatura y no sólo de la del propio idioma, sino aun de las demás lenguas que en España se hablaban. Alude, sin duda, á las literaturas romana, griega y fenicia, que sabemos tenían los extranjeros de estas naciones avecindados en España y con cuya comunicación muchos españoles eran bilingües y conocían varias lenguas.
Cicerón, en su oración Pro Archia poeta, menciona los vates llevados de España á Roma, el año 682, por Metelo Pío, muerto ya Sertorio, fundador de los estudios romanos en Huesca. Nacidos aquellos poetas en Córdoba, y discípulos, quizá, de Asclepiades, sonábale á Cicerón algo toscamente su habla, ó ya que se resintiera del origen úmbrio de los colonos italiotas de las orillas del Guadalquivir, ó que le chocase al orador romano el tonillo provincial que de Córdoba traían. Pero por los autores consta que los puros españoles tenían sus cantos y danzas nacionales, que son, sin duda, los precedentes de lo que todavía se usa en toda España.
Todo ello se confirma con las inscripciones y monedas españolas, que las había, y se conservan en fenicio, griego, latín y en los caracteres propios de estos idiomas; pero sobre todo, con las inscripciones y monedas batidas por las ciudades puramente españolas, en caracteres nacionales, llamados celtibéricos ó de letras desconocidas, y en el idioma nacional.
27. Strab., III, i: σοφώτατοι δ' ἐξετάζονται τῶν Ἰβήρων οὗτοι, καὶ γραμματικῇ χρῶνται, χαὶ τῆς παλαιᾶς μνήμης ἔχουσι τὰ συγγράμματα, καὶ ποιήματα, καὶ νόμους ἐμμέτρους ἑξακισχιλίων ἐτῶν, ὥς φασι· καὶ οἱ ἄλλοι δ' Ἴβηρες χρῶνται γραμματικῇ, οὐ μιᾷ ἰδίᾳ· oὐδὲ γὰρ γλώττῃ ἰδίᾳ. Sarmiento, siguiendo á Palmerio, espantado con la cifra de seis mil años, cree que por ἐτῶν deba leerse ἐπῶν, seis mil versos. (Memorias para la hist. de la poesía y poét. esp., párrafo II, n. 46). El ἰδίᾳ alude á la lengua propia, además de la cual los doctos entre los íberos sabían griego y fenicio, lenguas extrañas de los colonos, que se les habían venido al olor de las minas y habían asentado, en las costas sobre todo. "Asclepiades Mirleano, que enseñó gramática (griega) en la Turdetania y dió á luz una descripción de las naciones que habitaban la tierra". (Strab., III, IV): καὶ Ἀσκληπιάδης ὁ Μυρλεανός, ἀνὴρ ἐν τῇ Τουρδιτανιᾷ παιδεύσας τὰ γραμματικὰ καὶ περιήγησιν τινα τῶν ἐθνῶν ἐκδεδωκὼς τῶν ταύτῃ. Bueno será recordar que en los dos textos la voz gramática significaba literatura. Cic., De orat.: "In grammaticis poetarum pertractacio, historiarum cognitio, verborum interpretatio, pronuntiandi quidam sonus".
Famoso es el texto de Silio por donde sabemos que los españoles cantaban versos en su lengua y bailaban repiqueteando los broqueles: "Barbara nunc patriis ululantem carmina linguis, nunc pedis alterno percussa verbere terra, ad numerum resonans gaudentem plaudere caetras" (III, 353). Otro tanto dice Diodoro (V, 34). No pueden ser estos corros y danzas más que las danzas corales de toda España, desde la danza prima asturiana hasta el aurresku y espatadantza vascongada. Y Silio, en otra parte: "Ritu iam moris Iberi | carmina pulsata fundentem barbara caetra". Y á la muerte de Viriato, dice Apiano (VI, 75) que "armados, le entonaron un himno en su lengua", βαρβαρικῶς; y Estrabón añade que insultaban los cántabros en verso á los crucificados (III, IV, 18). Véase, además, Amiano Marcelino (XVI, § 8), Estrabón (III, I, § 6, χορεύοντες) y Diodoro (V, 34, ὄρχησις κούφη danza ligera, el arinarin vasco). San Eugenio nos dice que "Cantica vulgus habet" (Bibl. Patr. tolet., t. I, pág. 66) y los "turpes cantus" fueron condenados en los Concilios toledanos (XVI, 23).
28. Las inscripciones y monedas celtibéricas puede decirse que todavía están por descifrar. Después de leer todos los trabajos de Hübner, en su Monumenta Iberica, queda uno persuadido de que no se ha sacado nada en limpio. Se menospreció, harto á la ligera, cuanto halló Erro, y con todo, fué el único que descifró buen golpe de inscripciones y puso en claro el valor de las principales letras. El desconocimiento del vascuence, entre los que le han juzgado, tiene la culpa de todo. Las inscripciones son ibéricas; esto es, vascongadas por la mayor parte. Los caracteres son, en substancia, los mismos de los antiguos alfabetos; pero ofrecen formas más primitivas, que pintan los objetos y las articulaciones de la boca. Pueden verse algunos explicados en el Tesoro de la lengua castellana. Hoy se cree que los alfabetos todos del antiguo mundo vienen de los jeroglíficos egipcios, según pruebas de Rougé y Lenormant; pero hay que distinguir en los jeroglíficos las pinturas ideológicas y los caracteres realmente alfabéticos que con ellas andan mezclados, los cuales son los mismos que los más primitivos y sencillos caracteres celtibéricos. Los mismos se hallan en la más vieja forma de las inscripciones cuneiformes de Nínive y Babilonia, en los llamados caracteres hieráticos, antes de convertirse en caracteres cuneiformes por el empleo del clavo ó cuña al estamparla en los ladrillos. Los pocos caracteres alfabéticos que hay en los jeroglíficos egipcios y los pocos hieráticos asirios, de los cuales salieron después los cuneiformes, convienen con los más sencillos caracteres celtibéricos. Dificultades tipográficas y, ¿por qué no decirlo?, la ignorancia y el menosprecio que aquí hay de este linaje de estudios, me han retraído de publicar una obra, cuyos materiales tengo preparados. Ahí está vivo el vascuence, sin que nadie lo estudie para ver qué pueda deberle el castellano, y ahí está el Tesoro de la lengua castellana, nueve volúmenes, donde cabalmente se estudia esta cuestión importantísima para conocer los orígenes del castellano y de nuestra historia. Ni siquiera se dignó citar la obra Menéndez Pelayo, menospreciando juntamente la teoría de Humboldt, aún hoy mantenida por todos los sabios, menos por algunos caballeros antivascófilos y antiespañoles. Y eso que dedicó á las cuestiones ibéricas un tomo entero, el de la refundición del primero de los Heterodoxos.
29. La literatura latina de la época de Augusto y aun la de la época de Cicerón puede decirse que más estuvo en manos de italianos que de ciudadanos romanos; pero luego que las demás provincias tuvieron abiertas las puertas de la Ciudad, cuando de enmollecida y por demás helenizada se caía á pedazos la literatura romana y había muerto con la pérdida de la libertad la elocuencia, nervio verdaderamente romano de todo aquel arte literario, vinieron los ingenios españoles, no á corromper lo que harto corrompido, caído y carcomido estaba, por extranjerizo y poco nacional, sino á robustecerlo, si menos delicada y elegante que la helénica, con la sangre bravía y severa de nuestra raza. Toda la edad de plata pertenece á los españoles. La verdad de Porcio Latron y Séneca el viejo, la reciura ética de Séneca el joven, el chillón colorido de Lucano, el realismo de Marcial, no hubieran sido menor parte para levantar de su postración á la literatura latina que los empeños que por volverla á los tiempos de Cicerón y Virgilio puso el gran Quintiliano, si humano medio hubiera podido darse para hacer revivir lo que se moría por momentos por no tener arraigo en el pueblo romano, y menos cuando al pueblo romano, diezmado por las guerras civiles, habían sustituido gentes venidas de los más lejanos rincones del mundo, convirtiéndose Roma en una ciudad de todos los pueblos.