30. No puede prescindirse de los autores hispanolatinos en la historia de la literatura castellana, ya porque el castellano es el mismo latín evolucionado, ya, sobre todo, por la unidad de espíritu que alienta á unos y otros autores, salvo la diferencia de religión y política. Lucano es tan cordobés como Góngora; Marcial, tan aragonés como los Argensolas y tan español como Baltasar del Alcázar; la gravedad y el sentido común de Quintiliano es la de nuestra raza, y la de nuestra raza es la ética y el acerado decir de Séneca. Bonilla, Hist. filos. esp., I, pág. 92: "No puede ponerse en duda que los escritores y pensadores de nuestra Patria, aun dentro de la época romana, tienen cierto aire de familia". Las inscripciones latinas de España pueden verse recogidas por Hübner en el tomo II del Corpus inscriptionum latinarum; las poéticas son delicadísimas, muy sentidas y elegantes, en Bücheler.
En ellas, lo mismo que en los autores hispanolatinos, no parece para nada el pueblo puramente español; todo es romano. ¿Quiere esto decir que España entera se había romanizado, no quedando ni huella del iberismo primitivo? Suponerlo es una verdadera necedad. Sólo escriben los romanos que habitaban en España y, por excepción, los nombres de algunos españoles romanizados se hallan en los epitafios; de la población indígena no se acuerdan los romanos para nada, y, cierto, los romanos ni el pie habían puesto en algunas regiones españolas. En este engaño han caído, sin embargo, muchos, que han pretendido hablar de los puros españoles tomando sus noticias de los escritos romanos, que sólo á los romanos atañen. ¿Cuándo nos importará lo enteramente nuestro y prerromano?
31. El primer escritor español conocido es Turranius Gracilis, natural de Mellaria, en Andalucía, que trató de historia natural, según Plinio, y suelen ponerle en la primera mitad del siglo vii de Roma, bastante antes de Cicerón. Ya en tiempo de este orador hallamos á Balbo, el primer bárbaro que logró el Consulado, y su sobrino del mismo nombre, el primer bárbaro que alcanzó el triunfo, así como más tarde fué el español Trajano el primer bárbaro que llegó á Emperador romano. Consérvanse entre las Cartas de Cicerón algunas de Balbo (Ad Attic., 8, 15; 9, 8), y fué de los íntimos de Pompeyo, César y Cicerón. En la época de Augusto floreció Sextilius Ena, épico cordobés.
32. Plinio, Histor. nat., III, pág. 3: "A vico Mellaria Hispaniae ad promontorium Africae album, auctore Turriano Gracile iuxta genito". Se le cita en primer lugar entre las fuentes consultadas para los libros III, IX y XVIII (Naturae frugum). Véase IX, 5, 11: "Turranius prodidit expulsam beluam in Gaditano litore". Qué Mellaria sea ésta, si Béjar de Melena, ó, como quiere Ambrosio de Morales, Béjar de la miel, no se sabe. Menos probable es sea Fuente Ovejuna, llamada así por Abejuna, la Mellaria del convento de Córdoba, que también cita Plinio. Turr-anius parece latinización del éuscaro Iturria, ó fuente, apellido común, perdida la i- como en Turiasso ó Tarazona, por Iturriaso, Turduli, Turdetani, de la misma raíz. Lo cual indica que era de origen español romanizado. L. Cornelius Balbus fué gaditano; dióle la ciudadanía, por sus servicios militares, Pompeyo el Grande, según la ley Gellia Cornelia. Defendiósela Cicerón el año 698 de Roma, ó 56 antes de J. C. Fué de familia distinguida, no sólo por su nobleza, sino también por los servicios que había prestado á la República en tiempo de la guerra de Sertorio. Fué honrado y enriquecido por Pompeyo y César, de quien era capitán de la Artillería é intendente de su Ejército, cuando Cicerón le defendió; después alcanzó el Consulado. Su sobrino triunfó de los Garamantas (Cicer., Pro Balbo). Plinio es el que afirma haber sido españoles los primeros forasteros que lograron estas honras.
Séneca, Suas., 6, 27: "Sextilius Ena fuit homo ingeniosus magis quam eruditus, inaequalis poeta et plane quibusdam locis talis quales esse Cicero (Pro Arch., 10, 26) Cordubenses poetas ait, pingue quiddam sonantes atque peregrinum. Is hanc ipsam proscriptionem (de Cicerón) recitaturus in domo Messalae Corvini... in principio hunc versum... recitavit: defiendus Cicero est, etc."
33. Cayo Julio Higino (hacia el 690-770 de Roma?), liberto de Augusto y bibliotecario suyo en la Biblioteca Palatina (726, Roma, 28 a. J. C.), juntó los estudios de Varron con los de Nigidio Fígulo, procurando imitarles. Escribió De sito urbium italicarum, otra obra De viris inlustribus y Genealogiae. Además, sobre un poema de Cina y sobre las obras de Virgilio y otras originales de agricultura y apicultura. Á ejemplo de Nigidio, compuso libros acerca de la religión ó de astrología, más conformes á razón que los de su modelo. Las 277 fábulas de la Mitología, que corren como suyas, no son más que un extracto de la obra original; igualmente se conservan abreviados cuatro libros De Astronomía, sacados de fuentes alejandrinas.
34. Suetonio, Gramm., 20: "C. Iulius Hyginus Augusti libertus, natione Hispanus—nonnulli Alexandrinum putant et a Caesare puerum Romam adductum Alexandria capta (en 707 de R., 47 a. J. C.)—studiose et audit et imitatus est Cornelium Alexandrum (de aquí el creerle alejandrino) grammaticum graecum, quem propter antiquitatis notitiam polyhistorem multi... vocabant, praefuit palatinae bybliothecae (fundada en 726==28), nec eo secius plurimos docuit; fuitque familiarissimus Ovidio poetae (que le dirigió la carta III, 14, Tristium) et Clodio Licino... qui eum admodum pauperem decessisse tradit... huius libertus fuit Iulius Modestus, in studiis atque doctrina vestigia patroni secutus". Había muerto en tiempo en que escribía Columela (I, 1, 13...). Luis Vives hace á Higino natural de Valencia. Praef. Georg. Virgil., Basilea, 1555: "C. Iulius Hyginus conterranus meus commentaria in eum scripsit qui fuit eius pene aequalis".
Consúltese Β. Bunte, De C. Iulii Hygini... vita et scriptis, Pars. prior, Marburg, 1846, 63 p.; y delante de la edición de las fábulas, págs. 1-16, Lipsiae, 1857 y 1875. PP. Mohedanos, Historia literaria de España (1777), t. V. Edic. además Moritz Schmidt, Iena, 1872.
35. Siglo i. Los más famosos retóricos del siglo de Augusto fueron Marco Porcio Latron, Arellio Fusco, Lucio Junio Gallion y Séneca, que es el que nos ha conservado cuanto de ellos sabemos. Menos Fusco, los otros tres fueron españoles.
Latron, hombre férreo, robusto en el cuerpo y en el ánimo, grave y suave, ingenioso y sutil, vehemente, nunca pudo deshacerse de su carácter español. Molestado de cuartanas y no pudiendo sufrirse, se quitó la vida (751 == 3 a. J. C.).