Mela, II, 96: "Carteia... atque unde nos sumus Tingentera", otros el "Transducta", de Tolomeo, sin duda Algeciras. Cítanse en su obra más de 1.500 nombres geográficos. Edic. C. H. Tzschucke, Lips., 1806, con comentario crítico y exegético; G. Parthey, Ad librorum mss. fidem edidit notisque criticis instruxit, Berlín, 1867. Comentáronle ó tradujéronle Tribaldo, González de Salas, el Brocense y Chacón. Acerca de Moderato de Gades, véase Bonilla, Hist. filos. esp., t. I, pág. 172.
Lucio Anneo Séneca (Berlín, Altes Museum).
41. Lucio Aneo Séneca (4 a. J. C.-65 d. J. C.), hijo de Séneca el retórico, nació en Córdoba, estudió en Roma con los filósofos Atalo, Sotion y Papirio Fabiano; fué hecho senador en tiempo de Calígula, desterrado á Córcega (41) á poco de tomar Claudio las riendas del imperio; á instancias de Mesalina, volvió, ocho años después, á Roma (49), llamado por Agripina, que le confió, con Burro, la educación de su hijo Nerón, y le hizo nombrar pretor; más tarde, hecho cónsul por Nerón (57), gobernó algún tiempo el Imperio; pero acusado (65), aunque falsamente, de haber participado en la conjuración de Pisón, fué forzado por Nerón á quitarse la vida, lo que hizo abriéndose las venas en el baño. Fué Séneca el hombre de más valer de su época, el más poderoso por algún tiempo, el mayor filósofo y uno de los más sobresalientes escritores de Roma. Los de la conjuración contra Nerón pretendían, sin saberlo Séneca, hacerle Emperador, lo cual, junto con el ningún abuso que hizo de su poder y la serenidad y fortaleza con que murió, prueban la virtud natural de aquel grande hombre.
42. Fué envuelto Séneca en la acusación contra Julia Livilla, la menor de las hijas de Germánico y de las hermanas de Calígula, el año 41, y como ella, fué desterrado (Tác., Anal., XIII, 42; Dion., LXI, 10). Tác., Anal., XII, 8: "Agrippina... veniam exilii pro Annaeo Seneca, simul praeturam impetrat... ut Domitii pueritia tali magistro adolesceret et consiliis eiusdem ad spem dominationis uterentur, quia Seneca fidus in Agrippinam memoria beneficii et infensus Claudio dolore iniuriae credebatur". Sobre la conducta de Séneca, De Otio, 3, 3: "Si resp. corruptior est quam ut adiuvari possit, si occupata est malis, non nitetur sapiens in supervacuum nec se nihil profuturus impendet"; y es lo que hizo, retirándose á su quinta, cuando, tras los buenos años de Nerón, debidos á sus consejos, se despeñó aquel monstruo en los desórdenes, lujurias, crueldades, que sabemos por Tácito y Suetonio. Tác., Anal., XIII, 2: "Ibatur in caedes, nisi Afranius Burrus et Annaeus Seneca obviam issent. Hi rectores imperatoriae iuventae et... concordes diversa arte ex aequo pollebant... Seneca praeceptis eloquentiae et comitate honesta, iuvantes invicem, quo facilius lubricam principis aetatem, si virtutem asperneretur, voluptatibus concessis retinerent"; pero contra esta aserción, véase Dion., LXI, 4. Que se aprovechó con usuras, según la costumbre ya añeja de la República, lo dice Tácito, Anales, XIII, 42; y Dion., LXII, 2; LXI, 10; aunque éste le achaca cuantas hablillas recogía del vulgo, como hizo con Cicerón. Pero supo bien emplear sus riquezas, siendo generoso hasta con los esclavos, á quienes tiene por hombres, único ejemplo entre gentiles, y viviendo él con moderación, y á tiempos hasta con aspereza, por amor á la filosofía.
Pudo, al morir, echar una ojeada tranquila sobre el curso de su vida, mayormente si la comparaba con los más de su tiempo: "imaginem vitae suae relinquere" (Tác., Anal., XV, 62), "contemplatione vitae por virtutem actae" (íd., 63). Volquardsen, Ehrenrettung des Seneca, Hadelrsleben, 1839; E. F. Gelpke, De Senecae vita et moribus, Bern, 1848; A. Martens, De Senecae vita et de tempore quo scripta eius philosophica... composita sunt, Altona, 1871.
43. Las obras de Séneca conservadas son varios libros de asuntos morales, cartas á Lucilio, cuestiones naturales y ocho tragedias. No es filósofo especulativo ni menos metafísico; como todos los romanos, rehuye las abstracciones y hondas concepciones y toma de la filosofía la parte práctica, la moral, y aun ésta sin sistema fijo y bien redondeado. En las mismas cuestiones naturales se ve al moralista. En el fondo es estoico; pero, quitadas las sutilezas especulativas y suavizada la aspereza y severo rigor de la escuela, todo él, rebosando hambre de virtud y justicia, se derrama en alabanzas del bien moral y comunica á sus lectores esas mismas ansias de la justicia y de la virtud. Ni él mismo sabe acaso á qué atenerse acerca de la naturaleza de Dios, del alma, del universo, del origen y fin de las cosas, de la inmortalidad, de la providencia; pero es el más caluroso predicador de la bondad y el más elocuente encomiador de la virtud y del bien. Le falta plan, orden, unidad, repítese en mil partes; pero siempre hay honda sinceridad, grandeza de miras, nobleza de pensamientos, nervio y calor. Séneca es, en suma, un varón fuerte, todo voluntad y nervio, que esfuerza y alienta á sus lectores para emprender cosas grandes, confiando en la virtud. Es un gran reactivo contra la afeminación de su tiempo, y en ello se muestra fino español, no menos que en la gravedad y en el sentido común de atenerse á la práctica de la vida, sin evaporarse en metafísicas soñadoras. Educar y robustecer la voluntad, llevando por norma la razón como único imperativo categórico; tal es la filosofía de Séneca. De ahí la vaguedad hasta en definir lo que es la naturaleza, cuando siempre repite que hay que obrar conforme á ella. La naturaleza para él es la razón, que dicta certeramente el bien y se da leyes á sí misma, como después ha dicho Kant.
El estilo es el que corresponde á este espíritu apostólico, en una época en que la serenidad grandiosa, hija de la libertad, que brotaba de labios de Cicerón en suelta y musical ondulación, hubo de plegar sus alas, reconcentrada por los fríos vientos de tiranía y espionaje que soplaban por doquier y convertirse en cejijunta reflexión y escudriñamiento solapado de los repliegues del alma. Este color del estilo en los escritores del Imperio, cuya más perfecta manifestación se halla para la prosa en Tácito y Séneca, para la poesía en Juvenal y Persio, es la causa del estilo cortado, sentencioso, á llamaradas, que entre la obscuridad brilla por momentos como centellas súbitas que se encienden y se apagan. Á ello contribuía no menos el tono de predicador de la moral y de perseguidor del vicio en que consisten los escritos de Séneca, y en ello se muestra tan español como en lo demás, pues tal es el corte del castellano en sus refranes, ceñido y hondo, sutil y brillante. Con su valentía y personalidad propia y con la fogosidad y reciura, que le venía de casta, como verdadero español, creó un estilo maravilloso para su intento y para su tiempo, contrarrestando el afeminamiento con que el arte griego había reblandecido los aceros del primitivo decir romano. Peligroso era imitar lo inimitable, por lo cual Quintiliano refrenaba sus alabanzas al ver que la mocedad toda se iba tras él, abandonando la pureza sin tacha de Cicerón. Pero eran otros los tiempos, y el esfuerzo de los escritores españoles no podía contrarrestar la rauda del mal gusto de otra manera que devolviendo al habla literaria la vehemencia, que le dieron Séneca á la prosa, Lucano al verso y la sinceridad que refrescase y remozase el artificioso y huero estilo, propio de toda literatura que se despeña por el bastardeamiento de lo natural. Esta sinceridad es manifiesta en Marcial, tan fuerte como en Catulo, es visible en Quintiliano, que remoza el habla de Cicerón y se echa de ver hasta en el brío de Séneca y Lucano. "Puso tan menudas y juntas las reglas de la virtud, en estilo elocuente, como si bordara una ropa de argentería, bien obrada de ciencia, en el muy lindo paño de la elocuencia". (Alonso de Cartagena).
El ἀποκολοκύντωσις ó satírica apoteosis de Claudio es una satura en la mezcla de prosa y verso y en el tono mordaz. Las tragedias de Séneca no se hicieron para representarse, ni siquiera como obras puramente dramáticas. Tenía suficiente talento su autor para ver que ni había en ellas enredo, ni desarrollo psicológico, ni nudo, ni caracteres fijos de los personajes. Eran temas para desenvolver cuadros líricos, y así consideradas no puede negarse que en sus versos, si hay menos aticismo, mesura y sobriedad que en los de Horacio, hay, en cambio, más calor, más vida, más honda filosofía y tanta ó mayor fuerza de imaginación, con parecida maestría en el metrificar. Su imitación dañó á los que desde el Renacimiento escribieron tragedias, por no comprender todo esto y por no acudir á los trágicos griegos, de los cuales Séneca quiso pasar al latín la expresión lírica y nada más, sobre todo, de Eurípides.
44. Tác., Anal., XII, 3: "Fuit illi viro (Séneca) ingenium amoenum et temporis eius auribus accommodatum". Quint., Χ, I, 125: "Ex industria Senecam in omni genere eloquentiae distuli, propter vulgatam falso opinionem qua damnare eum et invisum quoque habere sum creditus. Quod accidit mihi dum corruptum et omnibus vitiis fractum dicendi genus revocare ad severiora iudicia contendo". Id., 126: "Tum autem solus hic fere in manibus adolescentium fuit. Quem... potioribus (sobre todo á Cicerón) praeferri non sinebam, quos ille non destiterat incessere...". Id., 127: "Placebat propter sola vitia...". Id., 128: "Cuius et multae alioqui et magnae virtutes fuerunt, ingenium facile et copiosum, plurimum studii, multa rerum cognitio...". Id., 129: "In philosophia parum diligens, egregius tamen vitiorum insectator fuit. Multae in eo claraeque sententiae, multa etiam morum gratia egenda; sed in eloquendo corrupta pleraque atque eo perniciosissima quod abundat dulcibus vitiis", respecto de su modelo, Cicerón; pero hay muchas maneras de elocuencia, si bien la de Cicerón es más grandiosa y de mejor gusto. Id., 131: "multa probanda in eo, multa etiam admiranda sunt: eligere modo curae sit". Fronton, que decía no haber en Tulio ninguna voz exquisita ni rebuscada, y por ello le tachaba de perezoso (!), como si la elocuencia consistiese en palabrillas raras y desusadas, dice de Séneca, pág. 155: "Eloquentiam... Senecae mollibus et febriculosis prunuleis insitam subvertendam censeo radicitus"; sino que tal elocuencia no es la de Séneca, sino la suya. M. Pelayo, Cienc. esp., I, 252, 3.ª ed.: "Grande debió de ser el elemento español en Séneca, cuando á éste siguieron é imitaron con preferencia nuestros moralistas de todos tiempos y cuando aun hoy es en España su nombre el más popular de los nombres de filósofos y una especie de sinónimo de la sabiduría, lo cual indica que sus doctrinas y hasta su estilo tienen alguna esencial y oculta conformidad con el sentido práctico de nuestra raza y con la tendencia aforística y sentenciosa de nuestra lengua, manifiesta en sus proverbios y morales advertencias, de expresión concisa y recogida, como los apotegmas de Séneca, que pugnan con el genio de la lengua latina y la cortan seca y abruptamente". Edic. de las obras completas: Fr. Haase, Lips. Teubner, 1852, 3 vols. y Adnotationes criticae ad Sen., Breslau, 1852, 1859. Consúltense: Boissier, El cristianismo y la moral de Séneca; Martha, Los moralistas bajo el imperio. Entre los nuestros, Η. Núñez editó y anotó á Séneca en 1536; Pablo Mártir Rizo publicó Historia de la vida de Lucio Anneo Séneca, Madrid, 1625; Fernando Álvaro Díaz, Séneca y Nerón, Madrid, 1641; Alonso Núñez de Castro, Séneca impugnado de Séneca en cuestiones políticas y morales, 1651; Diego Ramírez de Albelda, Por Séneca sin contradezirse, en dificultades políticas, resoluciones morales, Zaragoza, 1653; Juan Baños de Velasco, L. Anneo Séneca ilustrado en blasones políticos y morales y su impugnador impugnado de sí mismo, 1670; íd., Comentarios estoicos á Séneca, 1671. Traducción de los libros: Alonso de Cartajena, Navarrete, 1627; Martín Godoy de Loaisa (Ms. 17, 731. Bibl. Nac.); De beneficiis, además, Gaspar Ruiz Montiano elegantísimamente; las Cartas por mandado de Fernán Pérez de Guzmán; González de Salas, las Troyanas; Quevedo 90 epístolas, de las que tenemos 11. Otras traducciones manuscritas en Bonilla, Hist. filos. esp., t. I, pág. 394, y t. II, apénd. III, pág. 473.