No he tocado la cuestión de las Cartas cruzadas, según creía hasta el mismo San Agustín ó no lo contradecía por no escandalizar á la gente menuda, entre Séneca y San Pablo, porque basta leerlas sin más para ver que son falsas, y que Séneca no conoció la doctrina evangélica, como ni más tarde Tácito. El corro de eruditos y magnates de Roma no sabía ni quería saber nada del pueblo, en el cual iba germinando la doctrina evangélica.
45. Marco Aneo Lucano (39-65 d. J. C.), sobrino de Séneca el filósofo e hijo de Aneo Mela, el hermano del mismo Séneca, nació en Córdoba y de ocho meses fué llevado á Roma, donde, educado por Cornuto y otros grandes maestros, dió presto clara muestra de su ingenio y elocuencia, tanto en prosa como en verso. Partióse á Atenas, y llamado á Roma por Nerón, le admitió en el corro de sus amigos; pero sus triunfos poéticos despertaron la envidia en el emperador. Prohibióle la lectura de sus versos, con lo que, irritado el poeta, tomó parte en la conjuración de Pisón, la cual descubierta, fué condenado á muerte, dándole á elegir el modo y él dió el brazo á su médico para que le abriese las venas. Suetonio dice que se rebajó demasiado demandando perdón al Emperador; de todos modos, acabó con fortaleza varonil.
De sus obras sólo nos queda la Farsalia, en diez libros, epopeya sin acabar de la guerra civil entre Pompeyo y César, en la cual se pone del bando de Pompeyo y de la República. Al principio adula á Nerón; pero después habla con libertad y grandeza de ánimo. El estilo es grandilocuente hasta dejarlo de sobra, rebuscado, cuajado de descripciones, discursos y sentencias. Muestra, con todo, cualidades envidiables en la fuerza trágica, en la riqueza de fantasía, en la oratoria y en la facilidad del versificar sonoro y magnífico. La falta de naturalidad, lo campanudo y algo de la obscuridad consiguiente, débense en parte al gusto de su tiempo, en parte á la falta de madurez del joven autor.
46. De las dos biografías que tenemos de Lucano, la una, que parece ser de Suetonio, le es desfavorable y concuerda con la Crónica de San Jerónimo; la otra, más completa, le admira y defiende, y puede ser del gramático Vacca, que vivió en el siglo vi. F. Weber, Vitae M. An. Lucani collectae, part. I. Marburg, 1856; Reifferscheid, I, I, páginas 392-394; C. F. Weber, Lucani vita per annos digesta, I, I. Part. II, Marb., 1857; vitae poster. (extracto de manuscritos), ib., 1858 (Part. III). Suet., Vita: "detecta coniuratione nequaquam parem animi constantiam praestitit... impetrato autem mortis arbitrio libero... brachia ad secandas venas praebuit medico". Vacca: "Sua sponte coactus vita excedere venas sibi praecidit". Vacca: "Quo interdictum est ei poetica"; Tácit., Anal., XV, 49: "Famam carminum eius premebat Nero prohibueratque ostendere, vanus adsimulatione". Quint., X, 1, 90: "Lucanus ardens et concitatus et sententiis clarissimus et, ut dicam quod sentio, magis oratoribus quam poetis imitandus". La acusación de Servio (Ad Aeneid., I, 382), "Lucanus ideo in numero poetarum esse non meruit, quia videtur historiam composuisse, non poema", parece venir de Suetonio; repítenla Petronio y San Isidoro, y nació del creer que no puede haber poema si no se sigue el plan de los homéricos. La causa de Pompeyo es para él la del derecho y de la libertad; la de César la llama scelus, y así es héroe negativo del poema; sólo Catón sobrepuja á Pompeyo. M. Pelayo, Ideas estéticas, I, pág. 409: "¿Quién no ve claro en el ingenio hirviente y tumultuoso, á la vez que pesimista y sombrío, de Lucano; en aquella epopeya tan rica de color y al mismo tiempo tan abstracta y tan triste; en aquel poema sin dioses ni ciudad romana, pero henchido de moralidades y presentimientos y alumbrado de vez en cuando por la misteriosa luz de las supersticiones druídicas y orientales; en aquella entonación solemne y enfática, una especie de eco del imperativo categórico de Séneca, que Lucano aplica á la poesía, para levantarla con empuje extraordinario y darle la única vitalidad que entonces podía tener, si bien luchando con los resabios de escuela, que obligan á ser falso al poeta hasta en la expresión de lo verdadero?". Algo de vago y lucanesco hallo en esta parrafada del insigne M. Pelayo, aunque su pincel diera en ella toques tan coloristas como en su poema el sobrino de Séneca. Edic. Usener, Lucani pugnae Pharsaliae narratio ex H. Gr. rec. ed. cum comm. critico, Greifswald, 1863; C. F. Weber cum notis variorum, Lips., 1821-1831, tres vols.; en el último, los escolios. Consúltense: Genthe, De Lucani vita et scriptis, Berlín, 1859. Traduc. Laso de Oropesa, Juan de Jáuregui, Aguilar, Jerónimo de Porres.
47. Cayo Valerio Flaco Balbo Setino, probablemente nacido en Setia, de España, floreció en tiempo de Vespasiano y murió hacia el 86 ú 87 de Cristo. Sus ocho libros del poema Los Argonautas es traducción libre y mejorada del de Apolonio de Rodas, habiendo cercenado lo erudito y ensanchado las escenas patéticas, ceñido y pintado mejor los personajes y ahondado más adentro en las almas. Es algo retórico, é imitando á Virgilio le añade demasiadas figuras y expresiones atrevidas y rebuscadas. No parece quedó acabado el poema de este único poeta, cuyas obras conocemos, del imperio de Vespasiano.
48. Quint., X, 1, 90: "Multum nuper in Valerio Flacco amisimus". Fué quindecemvir sacr. fac. (I, 5). Cotejo del poema Argonautica con el de Apolonio en A. Weichert, Ueber Leben und Gedicht des Apol., Meirsen, 1821, y G. Thilo, Proleg. Consúltense Schenkl, Studien, págs. 103-110; G. Meyncke, Quaestiones Valer., Bonn, 1865; Reuss, Observationes Valerianae, Marburg, 1871. Edic. Cur. P. Burmann, Utrecht, 1702; Cum comm. perp., ed. J. A. Wagner, Götting., 1805; Recensuit Georg. Thilo, Halle, 1863; A. Bährens, Leipzig, Teubner. Hay una traducción del siglo xvi y otra de León Bendicho.
49. Cayo Silio Itálico (25-101) nació probablemente en Itálica, fué Cónsul (68) y Procónsul en Asia, venerado y querido de todos, mayormente de Plinio el joven y de Marcial. Devotísimo de Cicerón y de Virgilio, poseyó algunas de sus quintas, y retirado á la de Nápoles, escribió en diez y siete libros la epopeya sobre la segunda guerra púnica, tomando la materia de Tito Livio é imitando bastante servilmente á Homero y Virgilio.
Explicando los hechos históricos por la intervención de los dioses, convirtió la historia en mitología. La exposición, rica en episodios, declamatoria y prolija; la versificación, de puro esmerada, cansa por lo monótona. De refinado gusto, pero de corta vena poética, versificaba con más cuidado que ingenio.
50. Los que niegan fuese de Itálica se fundan en que Marcial nunca le llama compatriota, y aun en que los de Itálica habían de llamarse italicenses. ¿Por qué se llamó, pues, Italicus? ¿Por ser de Italia? Cuanto al argumento negativo de no llamarle tal ó cual un autor tampoco es de grave peso. Plinio, Epist., III, 7: "Causa mortis (de Silio) valetudo. Erat illi natus insanabilis clavus (apostema), cuius taedio ad mortem irrevocabili constantia decucurrit, usque ad extremum diem beatus et felix... Laeserat famam suam sub Nerone: credebatur sponte accusasse. Sed in Vitelli amicitia (Tác., Hist., III, 65) sapienter se et comiter gesserat, ex proconsulatu Asiae gloriam reportaverat, maculam veteris industriae laudabili otio abluerat... Fuit inter principes civitatis sine potentia, sine invidia: salutabatur, colebatur, multumque in lectulo iacens cubiculo semper non ex fortuna frequenti doctissimis sermonibus dies transigebat, cum a scribendo vacaret... Scribebat carmina maiore cura quam ingenio, nonnumquam iudicia hominum recitationibus experiebatur... Novissime ita suadentibus annis ab urbe secessit seque in Campania tenuit ac ne adventu quidem novi principis (Trajano el 99) inde commotus est... Erat φιλόκαλος usque ad emacitatis reprehensionem. Plures isdem in locis villas possidebat" (una de Cicerón, acaso el Cumanum; Marcial, XI, 48: "Silius haec magni celebrat monimenta Maronis, iugera facundi qui Ciceronis habet. Heredem dominumque sui tumulive larisve non alium mallet nec Maro nec Cicero.") adamastique novis priores neglegebat. Multium ubique librorum, multum statuarum, multum imaginum, quas non habebat modo, verum etiam venerabatur, Vergilii ante omnes, cuius natalem diem religiosius quam suum celebrabat, Neapoli maxime, ubi monimentum eius adire ut templum solebat". Tiene el poema de Silio, como Homero, su Ὄνειρος (III, 163), su Κατάλογος (III, 222), su partida de Héctor (Hannibal, III, 62), su descripción del escudo (II, 395), sus ἆθλα (X, 227), su μάχη παραπoτάμιoς (IV, 667), su Proteo (VII, 415), su νεκυíα (XIII, 395). Escipión se halla dudoso entre la Virtus y la Voluptas, como Hércules (XV, 20); Juno favorece á Hannibal; Venus y Vulcano trabajan por su parte. Edic., Comm. perp. illustr., J. C. Th. Ernesti, Lips., 1791, 2 vols.; Perpet. annot. ill., G. A. Ruperti, Götting., 1795, 2 vols. Consúltense C. Thilo, Quaestiones Silianae, Halle, 1858. Traduc. Miguel Cortés, Diccionario geográfico-histórico de la España antigua.
51. Marco Valerio Marcial (42-102 d. J. C.), nació en Bilbilis, junto á la actual Calatayud; de familia equestre; el padre Valerius Fronto, la madre Flaccilla. Fué á estudiar leyes á Roma, pero se entregó á la poesía, viviendo allí treinta y cuatro años con harto mediano pasar, no obstante lo bajamente que aduló al Emperador Domiciano, de quien recibió una mediana quinta en Nomentum y una casilla en Roma (II, 38, I, 55), el cargo de tribuno (III, 95, 9) y el ius trium liberorum (II, 92). Vuelto á su tierra, casóse con la rica Marcella, que admiraba sus versos, muriendo poco después. Como poeta fué uno de los mayores de Roma, y en el género epigramático, ya en el estilo griego y primitivo de delicada y hierática inscripción (el libro XIII, Xenia, y el XIV, Apophoreta), ya en el satírico (casi todos los demás), el primero de todos. Fué en su manera de vivir lo que hoy llamaríamos un bohemio sin casa ni hogar de ordinario, mal trajeado, sin un cuarto; pero con su ingenio sutil, abierto á toda novedad, curioso y comunicativo, con su gusto ático refinadísimo y, más que nada, con la franqueza y sinceridad de los de su tierra aragonesa, con su delicada socarronería, baturra y ateniense á la vez, nos dejó la pintura de las costumbres del imperio de Domiciano día por día, como en un semanario satírico. Picante y mordaz, tanto como Lucilio y Catulo, elegante á fuer de otro Horacio, lascivo y bullicioso á par de Ovidio, sobrepuja á todos los poetas romanos en la fuerza de la sinceridad y á ninguno da ventajas en la delicadeza del gusto y estilo ático. Las costumbres que pinta son á las veces soeces, pero no se refocila en lo obsceno como Ovidio. Nunca es prolijo, como Lucilio, sino siempre mesurado, ceñido y justo; está muy lejos del muelle abandono y casi afeminada risilla de Horacio; antes, con más sutil humorismo que él, muéstrase siempre varón de más recia urdimbre y de más decidido empuje. Hubiera hecho mal en seguir los consejos de los que le animaban á poetizar en géneros de más estruendo; no era hombre para trompetear campanudamente á lo Estacio ó para zurcir sobre ajena tela descoloridos mosaicos á lo Silio Itálico. No está en los asuntos ni en los géneros poéticos la substancia de la poesía; ni Marcial, todo verdad, todo nervio y á la vez todo galanura y mesura, podía sufrir el fragoroso rimbombeo de poemas hueros ó hinchados ni aun siquiera la sátira retórica y discurseadora á lo Juvenal. Se ejercitó en el género que cuadraba á su ingenio y que respondía mejor á la sociedad aquélla, y vale más un perfecto epigrama que un mediano poema. Y tanto más de maravillar aquel poeta provinciano, cuanto remozaba la verdadera y más fina poesía en una época de ampulosidad y de bastardeado gusto.