52. Todos los hombres de su tiempo se hallan nombrados en sus obras, salvo Tácito y Estacio, con quienes no debía de congeniar. Favoreciéronle los más allegados de Domiciano, de quienes mendigaba cenas y vestidos, con la misma bajeza con que al Emperador cortejaba, encomiando á aquel monstruo más que ningún otro escritor de su tiempo, y eso que los más lo hicieron grotescamente. Véase, sobre todo, el libro VIII. Como los otros, se desdijo al subir Nerva al trono (X, 72; XII, 6, 11 y 15, 9). Marcial no era mejor ni peor que los demás romanos; pero supo pintar los vicios como ninguno de su tiempo, y no hay razón para achacarle el encenagamiento de los que pone en la picota. Achaque común de historiadores, atribuir al poeta los vicios que escarnece en otros: "Lasciva est nobis pagina, vita probast" (I, 4, 8). Era mirado en no señalar personas (I, praef., y VII, 12, 3): "Mea nec iuste quos odit pagina laesit"; X, 33, 10: "Parcere personis, dicere de vitiis; véanse además II, 23; III, 11; IX, 95; P. Giese, De personis a Mart. commemoratis, Greifswald, 1872. Juicio en Plinio, Epist., III, 21, 1: "Audio Valerium Martialem decessisse et moleste fero. Erat homo ingeniosus, acutus, acer, et qui plurimum in scribendo et salis haberet et fellis (cfr. Mart., VII, 25, 3) nec candoris minus". El juicio que da de Marcial M. Pelayo, Ideas estéticas, I, pág. 412, etc., cabría mejor en labios de un fraile predicador de misiones: "No hay bestialidad de la carne que el poeta bilbilitano no haya convertido en materia de chistes, sin intención de justificarlas, es verdad (¿Quién es capaz de calar esas intenciones?), sin hermosearlas tampoco (¡Va en gustos!, y extraño se lo quitara aquí al Maestro el fervor de misionero); pero con la malsana curiosidad de quien reúne piezas raras para un museo secreto" (!). Edic. Ramírez de Prado, París, 1607; Cum animadv. J. Fr. Grenovii, ed. C. Schrevelius, Amsterd., 1661, 1670; Edidit F. Guil. Scheneidewin, Grimma, 1842, y Ex rec. sua denuo recognita, Lips. Teubner, 1853. Consúltese A. Brandt, De Martialis poetae vita, Berlín, 1853; G. E. Lessing, Werke, I, pág. 190 seqq. Mart. als Mensch und Dichter, Berl., 1843. Traduc.: González de Salas, Tomás Tamayo de Vargas, Manuel Sarmiento de Mendoza, Baltasar Céspedes y varios en la Biblioteca clásica. De un Deciano, poeta y filósofo español, natural de Mérida, escribe Marcial (l. 1, ep. 9, 40, 62; l. 2, pref. y ep. 5).

53. Marco Fabio Quintiliano (35?-95? d. J. C.), nació en Calahorra y fué llevado á Roma por Galba, donde tuvo por maestro á Palemón (68), y abrió el primero allí escuela pagado por el fisco (88). Domiciano le encomendó la educación de los hijos de Flavio Clemente, á quienes pensaba dejar el Imperio y le nombró Cónsul. Abogó con gran loa, entre otros muchos, por la Reina Berenice en el Imperio de Vespasiano, y ya entrado en edad y retirado de la enseñanza escribió la Institución oratoria en doce libros, tomando al alumno desde sus tiernos años y educándole para orador perfecto.

En el libro X, tratando de la imitación de los mejores autores griegos y romanos, va dando el juicio acerca de ellos respecto del arte oratoria, presentando como modelos más acabados á Demóstenes y Cicerón. Antes había compuesto una obra acerca de la decadencia de la oratoria, que parece ser el Diálogo de los oradores, que otros atribuyen á Tácito, Plinio el mozo y á Suetonio. Quintiliano fué varón grave y serio, de natural dulce y humano, poco amigo de tildar ni criticar á los demás y de los que menos adularon á Domiciano. Propúsose remozar la antigua elocuencia y el habla ciceroniana y es el que más trabajó por contrastar la decadencia del mal gusto, siendo además su estilo y lenguaje el más parecido de todos los escritores romanos al de Cicerón, sobre todo en el Diálogo de los oradores, donde, libre de las trabas didácticas, podía mejor de él hacer gala. Como preceptista tiene un criterio sano, sin nada de dómine, sin triquiñuelas de pequeños gramáticos y retoricuelos. Su fundamento moral es el dicho de Catón y suyo, vir bonus dicendi peritus; la discreción, el eclecticismo y la libertad de opinar, sus normas. Como buen romano, no pensó en las especulaciones científicas de su arte, como Aristóteles; atúvose á la práctica formación del acabado orador y tal como Cicerón mismo lo había soñado. Las declamaciones que algunos le atribuyen no son suyas.

54. San Jerónimo: "M. Fabius Quintilianus Romam a Galba perducitur... primus Romae publicam scholam et salarium e fisco accepit et claruit". Ausonio, Prof. Burdig., I, 7: "Asserat usque licet Fabium Calagurris alumnum". Quint., IV, 1, 19: "Ego pro regina Berenice apud ipsam causam dixi". Marcial, II, 90, 1: "Quintiliane, vagae moderator summe iuventae, gloriae romanae, Quintiliane, togae". Plinio, Epist., II, 14, 10: "Ita certe ex Quintiliano, praeceptore meo, audisse memini". Quint., I, proem.: "Post impetratam studiis meis quietem, quae per viginti annos erudiendis iuvenibus impenderam". Id., IV, proem.: "Cum mihi Domitianus Aug. sororis suae nepotum delegaverit curam". Juven., VII, 197: "Si fortuna volet, fies de rhetore consul". Quint., VI, proem.: "Ita forte accidit ut eum quoque librum quem de causis corruptae eloquentiae emisi". Los que atribuyen el Diálogo de los oradores á Tácito, se fundan en estos argumentos: 1.º. La frase "inter nemora et lucos", que Plinio (Ep. IX, 10, 2) atribuye al mismo Tácito y se lee en el Diálogo (9, 12); pero era frase hecha, "ut ipsi (los poetas) dicunt", como en el mismo Diálogo se dice, y en las Instituciones se halla con el mismo sentido "nemora et sylvas". 2.º. Que no hay otro autor de talento y carácter capaz que pudiera escribirlo; pero mejor puede esto decirse de Quintiliano que de Tácito. 3.º. Que fuera de las imitaciones de Cicerón, el estilo del Diálogo se parece al de Tácito; pero es el caso que todo el Diálogo es imitación de Cicerón, y que jamás Tácito le imita en sus obras. Los que lo atribuyen á Plinio, como Hesse, dicen que Iustus Fabius es á quien el Diálogo se dirige y á quien Plinio escribió cartas; pero pudieran ser dos personas, y aunque fuera la misma, la consecuencia no es necesaria. Pero, además de la diferencia de estilos, Plinio nació el 62 y tenía diez y ocho años el 79 de J. C., como dice él mismo, de modo que cuando se supone habido el Diálogo, año 76, tenía catorce ó quince años, edad en que no era capaz de reparar en estas cosas. Contra Quintiliano se dice: 1.º. Que el autor del Diálogo dice era iuvenis admodum, cuando lo oyó entre los literatos famosos del tiempo de Vespasiano, Curiatius Maternus el trágico, Vipstanus Messala el historiador, y los oradores M. Aper y Julius Secundus, el año 120 después de la muerte de Cicerón, ó sea el 76 de J. C., y que entonces tendría Quintiliano, á lo más, veintiocho ó treinta años, si al llegar á España con Galba, el año 68, tenía unos veinte, como es de suponer: ahora bien, de veintiocho ó treinta no podía llamarse iuvenis admodum. Pero, según Varron, en Censorino, la iuventus llega hasta los cuarenta y cinco años, y, según San Isidoro, hasta los cincuenta, pues es la virilidad, a iuvando. 2.º. Que Quintiliano dice en las Instituciones haber hablado de la hipérbole en su obra De causis corruptae eloquentiae, y no hay tal en el diálogo; pero hay una laguna, además que harto hiperbólicamente se habla en él. 3.º. Que el estilo del Diálogo es superior al de las Instituciones; pero no es superior, sino el mismo, aunque por la materia sea más amplio y oratorio que en su obra didáctica. 4.º. Que hay opiniones opuestas en estas dos obras acerca de Cicerón, por ejemplo; pero es M. Aper el que, como orador, alaba la oratoria de su tiempo, rebajando algo la de Cicerón; no es el autor del Diálogo el que la rebaja, antes es admirador de ella, como Quintiliano. Véanse: Eckstein, Proleg.; J. W. Steiner, Ueber den dial. de or. des Tacitus, Kreuznach, 1863; H. Gutmann, Diss. qua Tacitum dialogui de or. scriptorem non esse demonstratur, en la ed. Orelli. Por más argumentos que se traigan en favor de Tácito, nadie me persuadirá de que fuera capaz de escribir el Diálogo de los oradores con el estilo ciceroniano en que lo admiramos, como el trozo que en toda la literatura latina hay de mayor parecido á los escritos de Cicerón. Siempre Tácito presenta otro estilo más duro, severo, cortado y á brincos, como imitador de Salustio; no tiene ni un período sonoro en el ritmo ciceroniano, á quien jamás imita. Ahora bien, él descartado, no conocemos otro autor que se parezca á Cicerón, si no es Quintiliano, pues Plinio queda ya muy por bajo de entrambos. Y sabiendo que había escrito sobre el mismo asunto del Diálogo, el Diálogo, forzosamente, es ese escrito suyo. Quint., Pref., Instit.: "Efflagitasti... ut libros quos ad Marcellum meum de institutione oratoria scripseram iam emittere inciperem. Nam ipse eos nondum opinabar satis maturuisse, quibus componendis... paulo plus quam biennum tot alioqui negotiis districtus impendi", tiempo que gastó por la mayor parte en allegar los materiales. Id., I, proem.: "Ego... non aliter quam si mihi tradatur educandus orator studia eius formare ab infantia incipiam". Id., XII, 77: "Non convenit oratori iniusta tueri scientem". Id., X, 7, 15: "Pectus est quod disertos facit et vis mentis". Id., X, 1, 112: "Hunc spectemus (á Cicerón), hoc propositum nobis sit exemplum, ille se profecisse sciat cui Cicero valde placebit". Id., III, 1, 5: "Hic liber... pleraque non inventa per me, sed ab aliis tradita continebit". Id., 22: "Neque me cuiusquam sectae velut quadam superstitione imbutus addixi". Id., 4, 11: "Nobis et tutissimum est auctores plurimos sequi et ita videtur ratio dictare". Id., II, 8, 6: "Libera vel contra receptas persuasiones rationem sequenti sententia est". Las fuentes de su obra son, en gramática, su maestro R. Palemón; en retórica, Aristóteles, el Ad Herenium de Cornificio, Cicerón, Rutilio Lupo, Cornuto y Dionisio de Halicarnaso en el De Compositione verborum; para el libro X, el περὶ μιμήσεως del mismo autor. Edic.: C. Halm., Lips., Teubner, 1862, 1869. Consúltense: J. D. D. Clausen, Quaestiones Quintilianeae, Lips, 1873; F. Ozann, Adnot. crit. 6 particulae (sobre el l. X), Giessen, 1841, 1842, 1845, 1850, 1857, 1858; J. Staender, Quaestiones Quintilianeae (sobre la gramática), Bonn, 1865; C. Morawski, Quaest. Quint., Posnaniae, 1874; P. Teichert, De fontibus Quint. Rhetor., Brunsbergae, 1884; Ε. Bonnell, Lexicon Quint. et indices en la edic. de G. L. Spalding, Lips., 1798-1816, 6 vols.; E. Hummel, Quintiliani vita, Götting., 1843; C. Pilz, Quintilianus, ein Lehrerleben aus der röm. Kaisserzeit, Leipzig, 1863. Trad. de los PP. Escolapios. Véase Μ. Pelayo, Ideas est., I.

55. Siglo ii.—Anio Floro, retórico historiador y poeta, vivió en los tiempos de Trajano, Adriano y Antonino Pío, y nació, probablemente, en la España Tarraconense. Fué amigo de Adriano, con quien jugueteó en verso, escribió probablemente un Dialogus, Virgilius orator an poeta, el Pervigilium Veneris y otras composiciones ligeras en versos trocaicos sobre todo, y una breve, sucinta, florida y retórica historia romana hasta Augusto, llamada Bellorum omnium annorum DCC libri duo, con tendencias de panegírico.

No debe pasarse en silencio Antonius Julianus, de la escuela de Fronton, retórico español de los más famosos en tiempo de Adriano y Antonino, maestro de Aulo Gelio, muy elocuente y entendido en literatura antigua y que enseñaba públicamente en Roma.

56. La introducción del diálogo de F. Annius Florus sobre Virgilius orator an poeta, descubierta por Th. Oehler en un manuscrito de Bruselas, publicado por F. Ritschl, Rhein Mus., I, 1842, págs. 302-314, y luego en las ediciones de Julius Florus de Jahn y de Halm, nos dice que su autor había concurrido de mozo (puer) á los juegos capitolinos, donde, por parcialidad, no alcanzó la corona, y, despechado, se dió á viajar, quedándose al cabo en Tarragona, entregado á la "Professio litterarum". "Quid tu tam diu in hac provincia (le dice el interlocutor), nec... urbem illam revisis ubi versus tui a lectoribus concinuntur et in foro omni clarissimus ille de Dacia triumphus (de Trajano, el 102 ó 106) exultat?". Esto concuerda con la tradición española que hace de nuestra tierra al Floro historiador, que hoy creen los autores ser este mismo Floro poeta y retórico. Volvémosle á ver en Roma, en tiempo de Adriano, pues todos creen ser el "Florus poeta" que jugueteaba poetizando con aquel emperador español y tan bien recibido en Tarragona. Spartianus, Hadr. 16: "Floro poetae scribenti ad se: Ego nolo Caesar esse, | ambulare per Britannos, | Scythicas pati pruinas, rescripsit. Ego nolo Florus esse, | ambulare per tabernas, | latitare per popinas, | culices pati rotundos". Véase Charisius, I, páginas 53, 14 y 140, 6. Keil: "Annius Florus ad divum Hadrianum: poematis delector". Es, probablemente, autor de los 26 hermosos tetrámetros trocaicos sobre costumbres, que llevan por título en el codex Salmasianus y en el Thuaneus: Flori de qualitate vitium (núms. 245-252 en A. Riese, Anthol. lat., págs. 168-170) y de los cinco hexámetros sobre las rosas (ib., núm. 87, pág. 191). El lindísimo poema Pervigilium Veneris, que hoy se pone en la época de Antonino, me sospecho sea también suyo. Véase O. Müller, De P. Annio Floro poeta et carmine quod Pervigilium Veneris inscriptum est, Berlín, 1855.

Es un poema en estrofas, de 93 versos septenarios trocaicos, que celebra la vuelta de la primavera y el poder de Venus Genitrix, cuyo culto había restaurado Adriano. El estilo vivo, coloreado, sentimental y melancólico, á la vez que regocijado, con no sé qué de helénico, gracioso y galano. El estribillo: "Cras amet, qui numquam amavit, quique amavit cras amet". El tono y metro son muy de Floro. Edic. Fr. Bücheler, Lips., Teubner, 1859; A. Riese, Anthol. lat., págs. 144-148; y en Wernsdorf, Poet. lat. min.; y en la edición de Petronio por Hadrianide. El título de la obra histórica de Floro es en el Codice Bamberg.: "Iuli Flori epitomae de T. Livio bellorum omnium annorum DCC libri duo". El parecido del nombre Florus y el convenir la época, no menos que el tono declamador y el empleo de los mismos giros y frases, hacen creer que el autor de la historia es el mismo retórico y poeta P. Annius Florus del Dialogus: así lo creen Mommsen, Halm, Spengel y Reber. El Iuli sería corrupción de Publi y Annei de los manuscritos de segundo orden, una mala lección por Anni (Halm, Fleckeisens Iahrb., 69, pág. 192). Floro quiso "non tam narrare bella romana, quam romanum imperium laudare" (San Agustín, Civ. Dei, III, 19). Así recoge cuanto halla escrito en favor de los romanos. Su afición por España salta á la vista. Edic. O. Jahn, Juli Flori epit... rec. et emendavit, Lips., 1852; C. Halm, Lips., Teubner, 1854. Consúltense F. E. Köhler, Observ. criticae in Jul. Fl., Götting., 1865; J. P. Binsfeld, Quaest. Florianae crit., Düsseldorf, 1867; Sauppe, De arte critica in Flori Bellis recte facienda, Götting., 1870. Traduc.: Eloy Díaz Jiménez.

Aulo Gelio, I, 4, 1: "Antonius Iulianus rhetor perquam fuit honesti atque amoeni ingenii. Doctrina quoque ista utiliore ac delectabili veterumque elegantiarum cura et memoria multa fuit. Ad hoc scripta omnia antiquiora tam curiose spectabat et aut virtutes pensitabat aut vitia rimabatur ut iudicium esse factum ad amussim diceres". Ib., 8: "Ad hunc modum Iulianus enodabat diiudicabatque veterum scriptorum sententias, quae apud eum adulescentes delectitabant". Id., XIX, 9, 2: "Venerat nobiscum ad eamdem cenam Antonius Iulianus rhetor, docendis publice iuvenibus magister, hispano ore florentisque homo facundiae et rerum litterarumque veterum peritus".

57. Siglo iv. Año 325. Osio (256-357), nació en Córdoba, electo allí por obispo en 294, mártir en tiempo de Diocleciano, é influyó mucho en el ánimo de Constantino, con quien se hallaba en Milán el 313; presidió el Concilio de Nicea (325), cuyo Simbolo de Fe redactó, y murió en Sirmio. Escribió además una célebre carta á Constancio, Cánones del Concilio de Sardis, una epístola De laude virginitatis y De interpretatione vestium sacerdotalium.