San Jerón., Vir. ill., 106: "Pacianus, in Pyrenaei iugis Barcilonae episcopus castitate et eloquentiae et tam vita quam sermone clarus, scripsit varia opuscula, de quibus est Cervus (?) et contra Novatianos Sub. Theodosio principe iam ultima senectute mortuus est". Paciani opera studios Jo. Tilii, París, 1538, y en la Bibl. patr. max., IV, página 305; en Galland, Bibl. patr., VII, pág. 257, y en Migne, Patrol., XIII. San Jerón., Vir. ill., 111: "Aquilius Severus in Hispania, de genere illius Severi ad quem Lactantii duo epistolarum inscribuntur libri, composuit volumen quasi ὁδοιπορικὸν totius suae vitae statum continens tam prosa quam versibus, quod vocavit Καταστροφὴν sive πεῑραν, et sub Valentiniano principe obiit". San Jerón., Vir. ill., 123: "Tiberianus Baeticus scripsit pro suspicione qua cum Priscilliano accusabatur haereseos apologeticum tumenti compositoque sermone". San Jerón., Vir. ill., 132: "Dexter Paciani filius, clarus apud saeculum et Christi fidei deditus, fertur ad me omnimodam historiam texuisse, quam necdum legi". El Chronicon Dextri (de 752 á 1183 de Roma), que el P. Jerónimo Román de la Higuera, jesuita, pretendió haber hallado (Zaragoza, 1694, Migne, Patrol., XXXI) es obra indigna de falsificador. Türk, Geschichtl. Studien, I, págs. 34-45; Gams, Kirchengesch. Spaniens, II, pág. 335.

65. El poeta más célebre del imperio de Teodosio es Aurelio Prudencio Clemente (348-410), natural de Calahorra (Perist., IV, 31, cf., I, 116), más bien que de Zaragoza (ib., IV, I, 97). Ejerció la abogacía, fué Gobernador de una provincia, tuvo elevado cargo en la milicia y publicó sus poesías á los cincuenta y siete de su edad (Praef. I), compuestas en metros variados: Cathemerinon, Hamartigenia, Apotheosis, Psychomachia, Contra Symmachum libri II, Peristephanon, Dittochaeon.

66. Prud. praef., 7: "Docuit toga (virilis) infetum vitiis falsa loqui" (de los retóricos), 13: "Exin iurgia turbidos armarunt animos" (abogado); 16: "Bis legum moderamine frenos nobilium reximus urbium, ius civile bonis reddidimus, terruimus reos. Tandem militiae gradu evectum pietas principis (Teodosio) extulit, adsumptum propius stare iubens ordine proximo" (primer lugar). El orden de sus obras en el prefacio (34): Καθημερινῶν liber, del empleo de las horas del día y de la vida, como hymnus ad galli cantum, ante cibum, post cibum, ad incensum lucernae, etc. Ἀμαρτιγένεια, del origen del pecado, según Tertuliano, contra el dualismo de los gnósticos y Marción. Ἀποθέωσις del dogma de la Trinidad, contra los arrianos, sabelianos, ebionitas, maniqueos, según Tertuliano. Ψυχομαχία, las pasiones en lucha con las virtudes, tradújola Francisco Palomino. Contra Symmachum libri II, acerca de la restitución del altar de la Victoria en el Senado, que solicitaba aquel famoso orador. Περὶ οτεφάνων liber, himnos á los mártires, sobre todo españoles é italianos. Dittochaeon, 49 epigramas sobre la Biblia (Διττοχαίον, Gennadius, Vir. ill., 13). Edic. Faustino Arévalo, Roma, 1788, 2 vols.; Th. Obbarius, Tubing., 1845; Migne, Patrol., LIX y LX; Alb. Dressel, Lips., 1860; A. Puech, Prudence, Étude sur la poésie latine chrétienne au iv siècle, París, 1888; Conde de la Viñaza, Aur. Prudenc. Clemente, Madrid, 1888; Risco, Esp. Sagr., t. XXX. Los himnos de Prudencio, tradújolos Luis Díaz de Aux. Comentóle A. Nebrija.

ÉPOCA VISIGÓTICA
(SIGLOS V-VII)

67. El germanismo en el romance.—Qué deba el romance á las lenguas germánicas, aunque es problema que todavía ofrezca algunos puntos dificultosos, la moderna filología ha llegado á determinarlo claramente en los más substanciales. Está averiguado que no nacieron los romances del choque entre ellas y el latín vulgar, ni mucho menos del latín literario corrompido por los godos, que se decía antes lo echaron á perder por no comprender la flexión latina de los casos y del verbo. Las lenguas germánicas tenían flexión verbal y casos lo mismo que el latín, y tan parecidas eran las gramáticas, que de la mezcla del latín y de las germánicas probablemente sólo hubiera resultado otra lengua tan flexional como uno y otras. Además, los godos, que fueron los que convivieron con la raza española, donde nació el castellano, eran, respecto de la población que aquí hallaron, un río de pequeño caudal respecto del mar donde desagua. Y sobre todo, cuando á España llegaron venían ya harto romanizados, con su idioma gótico tan aguado que acaso fuera más bien romance provenzal que gótico puro. Cuando las naciones germánicas se pusieron en comunicación con las gentes del Imperio iban ya diferenciándose las hablas románicas, de suerte que no podían llamarse latín vulgar, que de tiempos atrás se había en ellas transformado. Así que el influjo germánico no caló muy adentro de los romances, no les dió elemento ninguno gramatical, ni mucho menos tocó al fonetismo, reduciéndose á verbos, nombres y adjetivos sueltos, que vinieron á añadirse al caudal léxico que ellos tenían. Mayor dificultad ofrece averiguar la lengua germánica de la cual procede cada vez en particular, de las así añadidas, por ser tantas las que los germanos hablaban y la época en que se les pegaron á las románicas semejantes voces. Al castellano, por ejemplo, no fué el godo el que le dió cuantas voces germánicas tiene, sino que provienen de otras lenguas de los bárbaros por la mayor parte, de modo que no es tan hacedero deslindar cuándo, cómo y de qué dialecto germánico llegó cada una de ellas á nuestro romance.

Desde que los godos fundan el reino de Tolosa, el año de 418, y entran en España con su rey Ataulfo, la continua comunicación de los godos y de los provenzales con los españoles trae á nuestra lengua las pocas voces góticas que encierra nuestro romance y las más antiguas que de las germánicas se derramaron por toda la Romanía. Estas últimas suenan en castellano como en provenzal, y así, es de creer que por la Provenza vinieran.

68. Más bien es, dice Kluge (Romanen und Germanen in ihren Wechselbeziehungen), problema histórico éste, que puramente lingüístico. Los germanos, ya en el primer siglo de Jesucristo, tenían cierta cultura é influyeron en los romanos, así como éstos en ellos. Palabras sobre la guerra, la caza, sobre armas y vestidos, pasaron hasta al latín literario. La Germania más antigua la conocemos por la obra de Tácito, así intitulada, ya que los veinte libros de Plinio sobre sus guerras con los romanos se han perdido. No pocas voces eran comunes á romanos y germanos, hasta el punto de no poderse decir quién las tomó prestadas á quién. Así son voces germano-latinas de dudoso origen stuba, vapor, de donde estufa; tunna, que dió tonel; flaska ó frasco; taska, faltriquera; ratto, que dió rato y ratón, falkon ó falcón, karpon ó carpa, kattu ó gato, que es tan germánico y latino como vascongado, aunque sólo en vascuence tiene claro origen. Otras voces comunes parecen más manifiestamente venir de las germánicas ó de las románicas, como kuppo ó copa, flokko ó flueco, bakkīno ó bacía, pīpa ó pipa y pepa, krukkia, muleta; bulgia, alforjas. El parecido entre palabras como el latino salicem y el germánico salha, miscere y mischen, se complica todavía más cuando se trata de voces románicas que pudieran proceder del latín, del germano y del vasco, ó de voces románicas que pueden declararse por el vasco y por el germano á la vez. Aquí es donde los lexicógrafos dan de bruces, y dan á cada paso, porque son muchísimas las palabras que vienen del éuscaro, y el éuscaro es idioma enteramente desconocido para los lexicógrafos. ¿Hay romanista más entendido y discreto que Meyer-Lübke? Ábrase su Romanisches Etymologisches Wörterbuch por cualquier página. Broche lo trae de un broccus, que no dice de dónde proviene, y que, cierto, no es voz latina. Bresca, de un *brisca, "Ursprung unbekannt, wohl gallisch, doch bieten die neukeltischen Sprachen nichts". Bíro, de "*brivos, galo". Bosque, de "bosca, griego". Bocha, de "*bottia, Beule. Woher?". Bornear, de *bornius, emängig. Woher?". Brisa, de *brīsa, Weintrester", y "sanfter Wind, Woher?". Broma, de "bromus, griego". Bufar, de "buff, Schallwort". Buñuelo, de "*buña. Ursprung unbekannt". Buces, de "bus, arábigo". Borrico, de "*burricus". Bota, de "buttis, griego". Con todo respeto debo decir que eso no es estudio etimológico.

El tema *patta, que no lo es, sino pata, de donde patear, patán é infinitos derivados, dice que es de origen oscuro, "ist dunkel". El de parra, "germ.?", esto es, ¿será germánico? El de pardo, oscuro, "dunkel". El de morro, onomatopeico, "Schallwort". El de mofar, no lo sabe, "Woher?" el de momo, onomatopeico, "Schallwort". El de niño, otro que tal, "Lallwort". El de pita, "Schallwort" ú onomatopeico. El de pequeño, desconocido, "unbekannt". El de picar, "unbekannt", desconocido. Del de pipa no dice nada. El de brillar, birlar, perinola, "Schallwort", onomatopeico. El de... (aquí un sinfín de voces) no debe ser muy claro cuando ni aun las voces conoce el autor y no las pone en su Diccionario, que está en publicación, flamante y caliente todavía.

Por eso creo yo que hay que ahondar en las raíces germánicas, indo-europeas y vascongadas á la vez, deslindando los entronques de cada voz, juntando todas las voces emparentadas en todas estas lenguas para ver de dónde salió la voz dudosa. Tal he procurado hacer en el Tesoro de la lengua castellana, donde el lector podrá ver lo que atañe á las voces citadas y las demás. Más de la mitad del Diccionario románico está en este caso. No basta inventar la forma latina ó poner la correspondiente del bajo latín, pues de ella no nacieron las románicas, sino al revés. ¿Qué sacamos con poner por fórmula brīsa, bosca, brocus? Esas voces no se han dicho jamás; son fórmulas latinizadas de otras voces vivas. Lo que se busca no son fórmulas, sino el origen de esas voces. Como, por otra parte, hay radicales latinos, germánicos y éuscaros parecidos, ya que tienen un mismo origen, según los gustos y preferencias, así señalan como origen de las voces románicas, éste la raíz latina, aquél la germánica, nadie la éuscara, porque el éuscaro lo desconocen. El estudio comparado de los tres radicales, latino, germánico y éuscaro, y de los derivados, esto es, de todo el parentesco, sería el único medio de averiguar la verdad, como hago yo en el Tesoro. Después de haberse estudiado á fondo la lexicografía latina y germana, todavía queda á oscuras la mitad del Diccionario románico. Luego, además del latín y del germano, alguna otra fuente del romanismo queda por descubrir. No es la arábiga ni la céltica: todos convienen en ello. ¿Cuál será? ¿De dónde vendrá la luz á la lexicografía románica, tan oscura aun después de bien conocidas las lenguas que pudieran haber originado el caudal de sus voces? Extraño parece que quedando un idioma ahí, en medio de las románicas, como un antiquísimo islote, nadie se ponga á estudiarlo, y cuando alguien lo hace, es con tan mala mano ó dañada intención, que por no conocer la cepa éuscara entera, córtale un sarmiento, diciendo ser de la cepa latina que tiene al lado. Hay, en efecto, quien se entretiene en probar que ésta y la otra voz vascongada es latina de origen, y va desmochando de manera el idioma vasco, que, á este paso, se queda sin diccionario, con tener la gramática más complicada y maravillosa del mundo: tal hace Schuchardt. Razones aparentes no le faltan al dar por latinas las voces realmente éuscaras, porque, teniendo un mismo origen los radicales éuscaros y los latinos, el parecido no puede faltar. Y claro está, todo le parece hablar en favor del latín, pues se habló en España, donde halla esas voces explicables por el latín. Como si en España no se hubiera hablado más generalmente el éuscaro y por más siglos y mucho antes de llegar á ella el latín. El estudio de la lexicografía vasca, desde sus raíces y en todos sus derivados, y en cotejo con la lexicografía latina, es indispensable para decidir si tal ó cual voz es latina ó vasca en su origen. Ese estudio no lo ha hecho el citado desmochador, ese estudio es el que he llevado al cabo en el Tesoro de la lengua castellana, que vuelvo á mentar, porque los romanistas, por falta de conocimiento del éuscaro, todavía no lo han tenido en cuenta, y creo hay que tenerlo, aunque me esté á mí mal el decirlo. Volvamos al germanismo. Las terminaciones nominales, iguales en las germánicas y en latín, aumentan la dificultad de distinguir los vocablos que vienen de aquellas lenguas ó de ésta. Tan románicas como germánicas son las terminaciones -o, masc., y -a, fem., como en kuppo, kampo, brando, elmo, blanco, mariscalco, bruno, falbo, y en duna, falta, marca. Igualmente es germánica y latina la terminación -ón, como en espolón, campeón, escorpión. Los verbos germánicos en i (de -ian) responden á los latinos en -i (de -ire), como furbire, ital., y furbian, germ.; guarnir y warnian, tarir, fr., y tharrian, honnir y hōnian = haunian. Con todo, pueden servir de notas distintivas algunas particularidades, pero aun con ellas no se aclaran del todo las dificultades. Las románicas ponen gu donde las germánicas llevaban w: guarir y warian, guarnir y warnian. La h germánica se conserva en francés, y la h latina se pierde en todas las románicas, it. elmo, cast., yelmo; pero fr. heaume del germ. helm. Los grupos hr y hn se hacen har, han: fr. hanap, de hnapp; harangue y arenque, de hring. El acento germánico, que va en la sílaba radical, no pasa á las románicas, y así se atienen ellas, por analogía, á la acentuación latina que éstas conservan.

Durante los siglos iii y iv hubo casi continuas guerras entre los godos y los romanos, en las riberas del Danubio, hasta que el 402 entró en Italia, con sus visigodos, el rey Alarico, del antiguo linaje de los Balthos. El 406 entran los ostrogodos con Radagaso. Vuelve Alarico á Italia el 408 y se apodera el 410 de Roma. Muerto á poco, siguen los godos en Italia, con su cuñado Ataulfo, hasta el 412, que pasa con ellos al Sur de Francia, conquista la Aquitania y funda el reino de Tolosa el año 418, entrando en España, por donde extiende sus dominios. Ataulfo es para nosotros el primer rey godo.