También llamaban al romance al-latīnīa y al-latīnī-alghāmī ó latín, latín vulgar. Así Aben-Albaitar, que asimila frecuentemente el nombre al-latīnīat con el al-adjamīa, y que alude al romance es manifiesto por ser vocablos castellanos y por la época en que vivió, del siglo xiii; al revés, aljamía llamaban los mozárabes toledanos, después de la toma de aquella ciudad, al puro latín (Simonet, pág. xxvi). Y es que el romance lo consideraban como un latín malo, pero latín al cabo. De este romance nos ha hecho el Diccionario Francisco Javier Simonet, el cual es de parecer que era el mismo romance de la España libre del Norte (pág. xxxvi). Consérvanse dichos, motes y voces en romance de los siglos ix y x (Simonet, pág. xxi), y sobre todo en los tratadistas arábigos de agricultura, que mencionan los nombres castellanos de muchas plantas.
El arabismo en castellano fué tratado por el P. Francisco López Tamarid de Granada (Diccionario de los vocablos que tomó de los árabes la lengua española, Nic. Ant., Bibl. Hisp., I, 334), por el P. Francisco Guadix (ibid., I, 329); por Covarrubias (Tesoro de la lengua castellana, 1611); por Martínez Marina (Memor. de la Acad. de la Hist., IV); por M. Hammer (Bull. des Séances de l'Acad. de Vienne, 1854); por M. Mahn (Etimologische Untersuchungen auf dem Gebiete der Romanischen Sprachen, 1854-1864); por Díez (Gram. de las leng. rom.); por M. Engelmann (Glossaire des mots espagnols et port. dérivés de l'arabe, 1861); por su continuador Dozy (el mismo título, seg. edic., 1869); por D. Leopoldo Eguílaz y Yanguas (Glosario etim. de las pal. españ. de origen oriental, 1886). Como obras indispensablemente auxiliares hay que citar: la de Sousa (Vestigios da lingoa Arabica em Portugal, 1789); la de Fr. Joaquím de Santa Rosa de Viterbo (Elucidario das palavras, termos, e frases, que em Portugal antiguamente se usarão, 1798), y, sobre todo, las de Pedro de Alcalá (Vocabulista aravigo en letra castellana, 1505) y Fr. Raimundo Martín (Vocabulista in Arabico): Schiaparelli lo editó en 1871. Y la del P. Lammens (Remarques sur les mots français dérivés de l'arabe). Don Leopoldo Eguilaz ha abarcado los términos todos orientales, procedentes del árabe, hebreo, persa, turco, malayo. Pedro de Alcalá nos dió en su Vocabulista (Granada, 1505) el dialecto granadino de su tiempo en letras latinas, lo que nos permite conocer la pronunciación puntual de los moriscos.
La literatura castellana no debe nada á la arábiga. A. F. v. Schack, Poesie und Kunst der Araber in Spanien und Sizilien, 1877, obra que tradujo Juan Valera al castellano. Añadamos la obra de Francisco Javier Simonet, Glosario de voces ibéricas y latinas usadas entre los mozárabes, Madrid, 1888, con eruditísimo estudio sobre la civilización arábiga en España y su influencia sobre la cultura española, probando cómo todo se debió á los cristianos, fuera de las magníficas circunstancias de la grandeza á que llegó el Califato cordobés. Véase además Reinhart Dozy, Recherches sur l'histoire politique et littéraire de l'Espagne pendant le moyen âge, Leyde, 1849; 3.ª ed. París, 1881, 2 vols.
Banquete de Nabucodonosor.
San Βeato. Comentario del Apocalipsis (Catedral de Gerona).
87. Literatura latina y semítica en España.—Algunos secos cronicones y los escritos eclesiásticos de los mozárabes cordobeses, que conservan la tradición isidoriana, tal es la única literatura latino-hispana durante los siglos viii y ix; los siglos x y xi pertenecen á los árabes y judíos españoles en medio de la ignorancia universal europea. Esta literatura semítica sólo llega á influir en la latino-hispana y en la castellana de los siglos xii y xiii, avivando más la filosofía escolástica, comunicándole las obras griegas, tomadas de la escuela alejandrina, despertando la ciencia en Europa, las matemáticas, la medicina, la astrología y la alquimia, y trayendo á la naciente literatura castellana el apólogo y otros libros sentenciosos y morales de la India. Florecen desde el siglo xi la epopeya francesa en la lengua d'oil de la Francia septentrional, y en la d'oc del Mediodía la lírica provenzal, que adelantarán en el siglo xii el nacimiento de la lengua literaria castellana y originarán el mester de clerezía, la epopeya francesa en Castilla y la escuela galaico-portuguesa la lírica provenzal en las partes occidentales y orientales de la Península.
88. Siglo viii. El año 754, según Dozy, se escribió la Crónica de Córdoba, atribuida falsamente al Pacensis ó Isidoro de Beja de Portugal ó Badajoz, y que abraza del 611 al 754. Hay, del mismo autor, otro Epitome Imperatorum vel Arabum Ephemerides atque Hispaniae Geographia, uno volumine collecta. Véase Flórez, Esp. Sagr., t. VIII, apénd. II. Editólo Sandoval, Pamplona, 1615.
89. El año 783, S. Beato de Liébana y Etherio escribieron una Apología ó refutación de los errores de Elipando, obispo de Toledo (hacia el 782, † 808), del cual véase Flórez, Esp. Sagr., t. V, apénd. X. Expusieron en ella doctrinas filosóficas curiosas sobre el compuesto humano, el alma y sus potencias, sobre las relaciones entre Dios y el alma, sobre la naturaleza y origen del mal. Imprimióse en 1677 (Maxima Bibliotheca Veterum Patrum, t. XIII, pág. 353). Además, S. Beato escribió, desde el 784 en adelante, un insigne comentario al Apocalipsis, del cual hay un códice en la Academia de la Historia, otro en la Biblioteca Nacional y otros dos menciona Jaime Villanueva (Viaje literario) como haber visto en las catedrales de Urgel y de Gerona.
90. Año 798. Casi el único poeta de la corte de Carlo Magno fué el español Teodulfo, discípulo de San Isidoro, obispo de Orleáns y aficionadísimo á la antigüedad clásica. Fué nombrado Missus dominicus en 798 y consejero del Emperador; pero en 818 fué encerrado en un convento por falsa acusación, al parecer, donde murió, en 821. Edic. Sirmond, Opera varia, t. II, 1696; reproducida en Migne, Patr., CV. Consúltense: B. Hauréau, Singularités Historiques et Littéraires, págs. 37-99; Ebert, Histoire gén. de la littérat. au Moyen Âge, t. II, págs. 81-97; Baunard, Théodulphe, évêque d'Orléans, París, 1860; Lierch, Die Gedichte Theodulf, Halle, 1880.