Literatura italiana: Tesoretto, de Brunetto Latini (1220-1295), embajador de Florencia en la corte de Alfonso x; las poesías de Guido Cavalcanti (hacia 1259-1300), de Cino de Pistoia (1270-1337), y llega á la cumbre con Dante (1265-1321: Vita Nuova, Divina Comedia, Convivio) y Petrarca y Boccaccio del siglo siguiente.

156. Pudiéramos llamar siglo del apólogo y cuento oriental ó del mester de clerezia ó de las leyes al siglo xiii, por ser los tres géneros que más se cultivaron; pero Alfonso el Sabio lo señorea literaria y culturalmente, aun antes de su advenimiento y aún después de fallecido, de tal manera, que el orientalismo y la legislación, la prosa y la lírica, se lo deben todo á él. El influjo francés, que hizo nacer la literatura erudita, todavía se deja notar; pero el semítico tiene mayor fuerza, no ciñéndose á la ciencia y filosofía, vertidas en latín con las traducciones de la escuela toledana, sino que llega á la literatura, y ya que la poesía semítica no podía pasar al castellano, por consistir casi toda la arábiga en juegos gimnásticos de lenguaje, y la hebraica en misticismos religiosos, el apólogo y cuento moral oriental halló entre los españoles terreno apropiado, por cuadrar tan al justo con el genio moralizador de nuestra raza, expresado bien claramente en los refranes y más tarde en la sátira moral. Géneros utilitarios y semicientíficos son la jurisprudencia y la crónica: ambas abarcó Alfonso X, juntamente con la lírica galaico-portuguesa, puesto que la lírica popular ó cantares para nada habían de tenerse en cuenta por escritores eruditos. El cuento moral lleva como en germen la novela posterior, la crónica pasará á ser historia en el siglo xv; el mester de clerezia desaparecerá primero al son de la lírica cortesana galaico-portuguesa, después al de la heroico-popular del Romancero. El Arcipreste de Hita, en el siglo xiv, se sale del cuadro, se yergue sobre todos, con la pujanza que le presta el arte popular, tanto lírico como épico, satírico como dramático: es el único poeta de cuerpo entero de la Edad Media. Y el único prosista popular á ratos, y, por consiguiente, el único verdadero prosista nacional que se levanta igualmente en toda la Edad Media es el Arcipreste de Talavera. Son las dos cumbres de la literatura castellana antes de llegar al Romancero y á la Celestina. El orden de aparición es primero la poesía épica popular con Mio Cid, pero ya medio erudita, y lo es enteramente en las demás obras del puro mester de clerezia. Luego viene la prosa: primero el cuento y apólogo oriental, luego la prosa científica de la jurisprudencia y de la crónica. De la misma manera antes llega el gran poeta de Hita, en el siglo xiv, que el gran prosista, el de Talavera, en el xv.

157. Antes de hablar de la obra propia de este siglo, que es la prosa, conviene continuar la poesía del mester de clerezia, que de hecho comienza con la única poesía épica que conocemos, con el Cantar de Mio Cid, y continúa entre el siglo xii y xiii con los pequeños poemas que hemos mencionado y los que ahora hallaremos. Á esta escuela, que dura hasta fines del siglo xiv, pertenecen todos los poetas que escribían sus versos y que comúnmente eran clérigos, por ser casi la única gente letrada de aquellos tiempos. Por más que Berceo se llame á sí mismo juglar (S. Dom., 292, 775, 777), buen cuidado tiene de ponderar su arte de nueva maestría, su mester sin pecado, despreciando el arte popular, no escrito, de los juglares, y preciándose de contar las sílabas y de fablar cuento rimado por la cuaderna via. Toda esta poesía erudita y eclesiástica tampoco era para cantada por las plazas, como las populares gestas, sino para leída por monjes y gente devota y culta que con monjes trataban frecuentando los monasterios. Nacida de la popular, con la canción de Mio Cid, apartóse todavía más de ella hasta en los asuntos, tomándolos de la historia religiosa ó de la historia de la antigüedad, conservadas fabulosamente en la misma erudición latino-eclesiástica. Debajo de ella, desconocida por no escribirse, siguió viviendo la épica popular, la verdadera épica, que alzó la cabeza en el siglo xv, cuando la erudita ya había muerto por falta de vigor, por sola su propia flaqueza, y no menos, por lo mismo, se caía á pedazos la nueva poesía erudita venida de Galicia, la lírica cortesana de don Juan el II. El metro del mester de clerezia es el alejandrino, de 14 sílabas, pero agrupados los versos en estrofas de á cuatro con la misma rima, perfecta siempre, como no sea por descuido del poeta ó del copista, por lo que se llama tetrástrofo monorrimo alejandrino. Esta agrupación fué el fruto único de la escuela, pues parece nació en España á imitación del tetrástrofo latino-eclesiástico de la Edad Media, aunque el verso vimos que vino de Francia.

158. Los autores del mester de clerezia no conocen la antigüedad clásica, sino mediante la erudición latino-eclesiástica, continuada, y cada vez más pobre y fabulosa, desde Juvenco, Prudencio, Sedulio y San Eugenio hasta Teodulfo y los poetas de la corte carolingia, y desde éstos hasta los de la corte alemana de los Otones, como ha probado Ebert en su Historia. El tetrástrofo latino-eclesiástico puede verse en las colecciones de Du Méril:

"Vehementi nimium commotus dolore
Sermonem aggredior furibundo more,
Et quosdam redarguens in meo furore,
Nullum mordens odio vel palpans amore".

Ni el mismo Arcipreste de Hita conoció á los clásicos: su Ovidio es el autor de Vetula; su Vergilio el hechicero Vergilio medieval. La Troya del poema llamado de Alixandre es la del seudo cretense Dictys y la del seudo frigio Dares, vistas á través de la Crónica de Guido de Columna; su Alejandro es el de Gualtero de Châtillon ó el de los troveros franceses.

Men. Pelayo, Antol. poet. lír. cast., t. II, pág. xxxiii: "Coexistió el mester de clerezia con el de juglaria, pero no se confundieron nunca. Coexistió también, andando el tiempo, con las primeras escuelas líricas, con las escuelas de trovadores, pero mantuvo siempre su independencia y carácter propio de tal modo, que hasta en las obras poéticas del Arcipreste de Hita y del Canciller Ayala, en que ambos elementos se dan la mano, no aparecen confundidos, sino yuxtapuestos. En suma: el mester de clerezia, socialmente considerado, no fué nunca ni la poesía del pueblo, ni la poesía de la aristocracia militar, ni la poesía de las fiestas palaciegas, sino la poesía de los monasterios y de las nacientes Universidades ó estudios generales. Así se explica su especial carácter, la predilección por ciertos asuntos, el fondo de cultura escolástica de que hacen alarde sus poetas y la relativa madurez de las formas exteriores, que son, ciertamente, monótonas; pero nada tienen de toscas y sí mucho que revela artificio perseverante y sagaz industria literaria. Júzguese como se quiera de cada uno de estos poemas, cualquier cosa serán menos tentativas informes y engendros bárbaros, como suelen decir los que no los han saludado. El escollo natural del género era el pedantismo, y no diremos que de él se librasen estos ingenios; pero fué pedantería candorosa, alarde de escolar que quiere á viva fuerza dejarnos persuadidos de su profundo saber en mitología, geografía é historia, con toda la ingenuidad del primer descubrimiento. Estos patriarcas de las literaturas modernas eran niños hasta en la ostentación enciclopédica. En cambio no puede decirse de ellos que abusasen del latinismo de dicción en el grado y forma en que lo hizo la escuela del siglo xv. La lengua de los poetas del mester de clerezia es algo prosaica y no tiene mucho color ni mucho brío, pero es clara, apacible, jugosa, expresiva y netamente castellana, sin las asperezas hiperbáticas de Juan de Mena, ni las extrañas contorsiones de la prosa de don Enrique de Aragón. El vocabulario de la lengua épica, muy reducido, aunque muy enérgico, se ensancha prodigiosamente en manos de Berceo, y mucho más en el Poema de Alejandro".

159. De comienzos del siglo xiii parece ser la Vida de Santa María Egipciaqua, narración poética en 1.451 versos de 7, 8, 9, 10, 11 y 12 sílabas, los más de 9, con el ritmo libre de la poesía popular de los refranes, consonantando dos ó tres versos y aun cuatro á veces, bien que de ordinario se halla el pareado ó de dos solamente. De la misma época es el Libro dels tres Reyes dorient, de unos 250 versos parecidos á los de la Vida de Santa María Egipciaqua, en cuyos primeros 50 se habla de los Reyes Magos, y en los demás, de la huída á Egipto y de los ladrones que robaron la Sagrada Familia. El Libro de Apollonio tiene más de 2.600 versos, en cuartetas monorrimas de catorce sílabas, con la nueva maestría, que dice en él su autor, aplicada á 600 estrofas, llamada después cuaderna vía, de la cual, por consiguiente, parece fué el inventor. El autor parece aragonés por el lenguaje; escribe con claridad y brío y era erudito.

160. Está tomada de la Vie de Sainte Marie l'Egyptienne, atribuida por algunos, bien que poco fundadamente, al obispo de Lincoln, Roberto Grosseteste (1175?-1253), cuyos Carmina Anglo-Normannica comprenden el poema francés. Hállase en el mismo códice escurialense que el Libro de Apollonio y el Libro dels tres Reyes dorient, y todas estas obrillas fueron publicadas en 1841 por Pedro José Pidal. Los originales los indicó A. Mussafia. No se conoce el original de donde se sacó el Libro dels tres Reyes dorient.

Vida de Santa Maria Egipciaqua, ed. R. Foulché-Delbosc, Barcelona, 1907 (Textos castellanos antiguos, t. I); Bibl. Aut. Esp., t. LVII. Consúltense: A. Mussafia, Ueber die Quelle der altspanischen Vida de S. Μ. E., en el Sitzungsberichte der Kaiserlichen Akademie der Wissenschaften, Wien, 1863, t. XLIII, págs. 153-176; K. Bartsch, Jahrbuch für romanische und englische Literatur (Leipzig, 1864), t. V, páginas 421-424; G. Bertoni, Nota sulla letteratura franco-italiana a proposito della vita in rima di S. Maria Egipziaca, en el Giornale storico della letteratura italiana (1908), t. LI, págs. 207-215.