168. Berceo no tiene invención cuanto á los asuntos, ni la quiere tener: "Lo que non es escripto non lo afirmaremos..., non lo diz la leyenda, non so yo sabidor". "Al non escribimos si non lo que leemos". Y es que se da por puro divulgador en romance, para la gente popular, de lo que ellos no podían entender en latín. Pero que tenía inventiva poética se echa bien de ver por la abundancia de vena con que desenvuelve sus leyendas, la riqueza de comparaciones sencillas y tomadas de la vida real, los sentimientos delicados, la deleitosa unción con que empapa cuanto toca. Su misma riqueza de pensamientos y de palabras y su desconocimiento del arte antiguo, le hace ser palabrero y difuso, borboteando prosa rimada sin cansarse, no sabiendo escoger, cercenar, pulir ni acicalar. Es un poeta devoto, que sin cortapisas dice cuanto se le ocurre en el fácil metro, que él conoce, de la cuaderna vía, bien así como lujurioso campo sin cultivo, que en asomando la primavera brota sin freno por todas partes. Es el cantor de las costumbres monacales del pueblo, que en torno de la abadía apacienta su alma con piadosas leyendas, sin otras miras políticas ni menos artísticas. Toma, como la mayor parte de los poetas medievales, de los escritos latinos los asuntos; pero como poeta de buen natío que es, aunque sin cultura artística, ve esas leyendas y milagros como si las tuviera delante de los ojos en la tierra y entre las gentes que conoce, en escena pintoresca y coloreada por las costumbres de su tiempo, y embebecido en ellas, hiérenle el alma y le salen á la boca tan sentidas como vivas, en narración dramática, que corre abundosa y fácil, sin tropiezo ni embarazo, que no se lo sabe poner su poco aquilatado esmero y su menos contenida verbosidad de cura de aldea, pero siempre devota y llena de verdad y honrada campechanería. No es un gran poeta, pero se deja querer por su apacible sencillez y devota unción. Es el dechado del poeta erudito del mester de clerezia, con aquella barata erudición de algunos libros escritos en mal latín, que alcanzaban los pocos y poco doctos de aquel tiempo, clérigos ó amigos de los monasterios. El lenguaje es el vulgar, pero como aquellos semidoctos clérigos no suponían escribir más que en el mal latín, que corrompido por el pueblo llamaban roman paladino, procuraban allegarlo al latín cuanto podían, usando las voces de las escrituras y libros que manejaban y con la ortografía que al escribir en su mal latín empleaban. Berceo, sin embargo, no se avergüenza, como los más puntosos y fieros imitadores de las letras clásicas que después vinieron en el primer Renacimiento, ni repara en echar mano de voces enteramente vulgares, que para algunos quisquillosos pasan por groseras y poco literarias. Berceo sabe todavía á la pega de los juglares.
Hay un cantarcillo en el Duelo de la Virgen (178-190), que Berceo pone en boca de los judíos, en octosílabos, que campea en medio de los pesados tetrástrofos monorrimos alejandrinos, como una joya del folklore popular entre la convencional erudición del mester de clerezia. Aquel estribillo "¡eya velar!", es una racha de sol entre la neblina, que nos deja barruntar, ya que no ver de nuestros ojos, lo que sería la verdadera poesía popular castellana, la del mester de juglaria, que por despreciarla los doctos de entonces dejáronla en el silencio del olvido y, con todo, era de tan recio y fino metal como se trasparenta por el cantar de Mio Cid y por los romances viejos del siglo xv.
169. La fama de Berceo no salió de la Rioja ni le mienta Santillana en la célebre carta al Condestable de Portugal á mediados del siglo xv; sólo en el xvii comienza á ser conocido. Ambrosio Gómez le toma unos versos en el Moisen Segundo (1653). Imprimióse la Vida de Santo Domingo en 1736, y Tomás Antonio Sánchez publicó todas sus obras en 1780 con verdadera devoción por el poeta, añadiendo un Loor de Gonzalo de Berceo, en que imita su estilo. Desperdigados los códices de San Millán en la vandálica dispersión de nuestros archivos monásticos, sólo pudo cotejar Janer, al reimprimirlo, el texto de la Vida de Santo Domingo en un manuscrito de la Academia de la Historia, y el del Sacrificio de la Misa en otro de la Biblioteca Nacional.
170. Gonzalo de Berceo, Poesías, Bibl. de Aut. Esp., t. LVII; La vida de Santo Domingo de Silos, ed. J. D. Fitz-Gerald, París, 1904 (Bibl. de l'École des Hautes Études, fasc. 149). Consúltense: J. D. Fitz-Gerald, Gonzalo de Berceo in Spanish Literary Criticism before 1780, en The Romanic Review (New York, 1910), t. I, págs. 290-301; R. Becker, Gonzalo de Berceos Milagros und ihre Grundlagen, Strassburg, 1910; H. R. Lang, A passage in G. de B.'s Vida de San Millan, en Modern Language Notes (1887), t. II, col. 118-119; R. Lanchetas, Gramática y vocabulario de las obras de G. de B., Madrid, 1903; N. Hergueta, Documentos referentes á G. de B., en Revista de Archivos, etc. (1904), t. X, págs. 178-179; F. Fernández y González, en La Razón (Madrid, 1860), t. I, págs. 223-235, 306-322, 393-402; F. Hanssen, Notas á la Vida de Santo Domingo de Silos, etc., en Anales de la Universidad de Chile (1907), t. CXX, págs. 715-763; tres artículos del Sr. Hanssen sobre la conjugación, etc., en Berceo, se encontrarán en los Anales (1894 y 1895); F. D. Fitz-Gerald, Versification of the Cuaderna Via as found in Berceo's Vida de Santo Domingo de Silos, New York, 1905.
171. El Libro de Alixandre, poema en más de diez mil versos, en la cuaderna vía, difiere de las demás obras de Berceo en el asunto y en el tono y unción consiguiente, pero es muy probable sea tan obra suya como las anteriormente citadas. La misma sencillez en el contar, igual fecundidad en describir por menudo y á veces pintorescamente y en versificar llana y corrientemente, tendencia parecida en aceptar cuanto halla escrito en libros latinos, pasando por los más chistosos anacronismos, paridad en el léxico y construcción, fuera de las variantes debidas á la diversidad de copias. Donde más sobresale el autor del Alixandre es en las comparaciones y descripciones, al igual que Berceo.
172. Acerca del autor, Rafael Floranes, en sus Ilustraciones del Fuero de Sepúlveda, dijo que era Berceo, por hallarse este nombre en la copla 1386: "E dixo Gonzalo: Ve dormir que assaz has velado", no citándose, fuera de este lugar, en todo el poema. En una de las guardas del códice de Osuna, y con letra antigua, se lee el mismo nombre. En el nuevo códice, lleno de variantes, hallado en Francia, se lee: "Sy queredes saber quien fizo esti ditado, | Gonçalo de Berçeo es por nonbre clamado, | natural de Madrid, en Sant Mylian criado, | del abat Johan Sánchez notario por nonbrado". Sánchez imprimió el poema como del clérigo Juan Lorenzo Segura, de Astorga, por la copla final, 2510, donde se lee: "Si quisierdes saber quien escrebió este ditado, | Johan Lorenzo bon clerigo é ondrado, | Segura de Astorga, de mannas bien temprado, | del dia del juicio Dios sea mio pagado. Amen". Dicen muchos que éste debió de ser el copista, porque el nombre del autor solía ir al principio y el del copista al fin de las obras; pero no hay tal, pues Berceo, á quien en particular atribuye M. Pelayo esta costumbre, puso su nombre al fin de la Vida de San Millán (489) y de la Vida de Santo Domingo (757 y 775).
Los leonesismos del poema confirmarían ser Lorenzo Segura el autor. Pero muchos de esos tenidos por leonesismos son castellanismos de entonces: el pretérito en -oron y no -eron, ixioron, vioron y su contraído -on, se usa todavía en toda Castilla la Vieja, noticia que extrañarán los filólogos, pero que pueden comprobarla cuando gusten. Berceo y Segura pudieran ser, pues, copistas y no autores, habiendo modificado cada uno el texto con variantes de su tierra. Pero es el caso que el Berceo no puede ser otro en el códice francés que el autor de la Vida de Santo Domingo y San Millán, y no es de creer que fuese puro copista, sino autor. Lo de "natural de Madrid", que pudiera embarazar á alguno, se aclara por la c. 3 de la Vida de San Millán, donde hablando del pueblo en que el santo nació, dice: "Cerca es de Cogolla de parte de Orient, | dos leguas sobre Nagera al pie de Sant Lorent | el barrio de Berceo, Madriz la iaz present: | i nació Sant Millan". Ahora bien, Berceo nació donde San Millán, en ese Madrid. Porque no hay un solo Madrid en España; que yo conozco, entre otros, uno cerca de Oña. Oponen la diferencia de escritos, como si el Libro de Alixandre no pudiera haberlo hecho el autor de tantos libros devotos, y los leonesismos y otras diferencias de vocablos; pero las copias debieron de variar mucho, acomodándolas cada cual al habla de su tierra, como se ve por el códice francés, además de lo que ya se sabía. Bien pudiera, pues, ser Berceo el autor del Alixandre, lo cual se confirmaría, no sólo con el Gonzalo de la copla 1386, donde casi sin querer puso el autor su nombre, sino con lo poco probable de que en aquel tiempo hubiese dos poetas tan semejantes, ya que las diferencias casi desaparecen por lo dicho de las variantes y por la diversidad de asuntos, siendo en cambio igual la facilidad de versificar, la fecundidad en escribir y la candorosa sencillez la misma, el estilo tan uno. Que era clérigo el autor del Alixandre se ve por la copla 1662.
Si el Libro de Alixandre tiene algo de epopeya es tan solamente por el asunto; para el autor las fuentes donde bebió le sirvieron como las de las vidas de Santos y de los milagros á Berceo. Se atiene á lo leído, amplificándolo por el mismo estilo y con parecida credulidad, por lo que á nosotros se nos hace más sabrosa su lectura. "Maestre Aristotil aparece convertido en doctor escolástico, diestro en el trivio y en el cuadrivio y formidable en el silogismo: Alejandro recibe la orden de caballería el día del Papa San Antero y ciñe la espada que fabricó Don Vulcano: al lado del héroe macedonio asisten sus doce pares: en el templo de Don Júpiter sirven gran número de capellanes: los clérigos de Babilonia salen en procesión á recibir á Alejandro: el conde Don Demóstenes alborota con sus discursos á los atenienses: la madre de Aquiles le esconde en un convento de monjas (de sorores)...". (M. Pelayo).
173. Sobre las fuentes del poema, véase Morel-Fatio en la Romania, año 1874. Una es la epopeya latina Alexandreis, de Gautier de Châtillon, citado en el mismo poema (c. 1935); otra el Roman d'Alexandre, de Lambert le Tort y de Alejandro de Bernai: entrambos proceden del que se hizo en tiempo de Carlomagno de la obra Epitome, de Julius Valerius, que á fines del siglo iii tradujo al latín la novela del seudo Calístenes sobre Alejandro Magno: Alexandri Macedonis translatae ex Aesopo graeco, publicada según el códice Ambrosiano por A. Mai, con el Itinerarium Alexandri (del 340-345), J. Zacher, Pseudo-Kallisthenes, Halle, 1867; del mismo, Julii Valerii epitome, Halle, 1867. De este mismo Epitome debió de tomar el autor del Alixandre cosas que faltan en los citados traductores y compiladores. El Epitome de tiempos de Carlomagno fué la base de los poemas franceses del siglo xii (Alberico de Besanzon, imitado en alemán por el clérigo Lamprecht, Simón, Lamberto Li Tort y sus continuadores). Consúltese Pablo Meyer, Alexandre le Grand dans la littérature française de moyen âge, París, 1886. El Alexandreis, de Gualtero, es casi una paráfrasis de Quinto Curcio. El Arcipreste de León, en el siglo x, hizo otra traducción del seudo Calístenes, Liber de praeliis: probable es que la conociera Berceo y acaso mejor que el Epitome del tiempo de Carlomagno. Los 1688 versos sobre el sitio de Troya, que en él se insertan (311...), proceden de la Historia troiana (1272-1287), de Guido delle Colonne, fundada en el Roman de Troie, de Benito de Sainte-More (1160), más bien que en las dos obras Historia de excidio Troiae, de los dos seudos Dictys cretense (segunda mitad del siglo iv) y Dares frigio (segunda mital del siglo v), sobre los cuales véanse G. Paris, Revue critique, 1874, y Romania, 1874. También conoció el autor la Ilias, de Pindarus Thebanus. Véase H. Dunger, Die Sage vom troianischen Kriege in den Bearbeitungen des Mittelalters, etc., Dresde, 1869; F. Meister, Ueber Dares von Phrygien, de exc. Tr. hist., Breslau, 1841; G. Körting, Diktys und Dares, Halle, 1874. El autor del Alixandre es tan amigo de la erudición, tan curioso de las rarezas, como en lo sagrado lo es Berceo.
174. El Alixandre fué por su asunto mucho más conocido que las otras obras de Berceo. El autor del Poema de Fernán Gonçalez, en el siglo xiii, le tomó versos enteros; en el xiv el Arcipreste de Hita le imitó en la descripción de la tienda de Don Amor; en el xv, el Cronista de Don Pero Niño, los amaestramientos morales que en el poema endereza Aristóteles á Alejandro. El libro de Alixandre, Ms. esp. 488 de la Bibliothèque Nationale de Paris, ed. A. Morel-Fatio, Dresden, 1906; Ms. de Madrid, Bibl. de Aut. Esp., t. LVII. Consúltense: A. Morel-Fatio, Recherches sur le texte et les sources du Libro de Alexandre, en Romania, 1875, t. IV, págs. 7-90; G. Baist, Eine neue Handschrift des spanischen Alexandre, en Romanische Forschungen, t. VI, pág. 272; E. Müller, Sprachliche und textkritische Untersuchungen zum altspanischen Libro de Alexandre, Strassburg, 1910; L. Pistolesi Baudana-Vaccolini, Del posto che spetta il Libro de Alexandre nella storia della letteratura spagnuola, en Revue des langues romanes (1903), t. xlvi, págs. 255-281; Marcelo Macías, Juan Lorenzo Segura y el Poema de Alexandre, Orense, 1913.