243. Don Tomás Antonio Sánchez, en el tomo IV de su Colección de poesías castellanas anteriores al siglo xv (año 1790, Madrid), formó un texto arbitrario de los tres códices, escardó lo que le pareció ir contra la moral, confundió la ortografía y dejó sin explicar la mayor parte del glosario. Janer (t. LVII, Bibliot. Rivadeneyra, 1864) enmendó yerros de lectura y entremetió los trozos suprimidos; pero sólo tuvo en sus manos el códice de Gayoso y fué menos sincero que su predecesor. Ducamin tuvo intención de hacer la edición crítica, pero se entró en el claustro sin hacerla. Le debemos, sin embargo, el mayor servicio que pudo hacer al libro del Arcipreste: hizo la edición paleográfica (Toulouse, 1901), recogiendo en su obra las variantes de los códices G y Τ al pie del texto íntegro del códice S, que tuvo por el mejor. Con este trabajo, que pocas veces habrá que recurrir á los códices, la edición estaba preparada. Adviértase que los códices G y Τ carecen de títulos y divisiones, que se hallan en S, de manera que no son los del Arcipreste.

Los manuscritos principales del Libro de Buen Amor son:

El manuscrito G ó de don Benito Martínez Gayoso, que hoy es propiedad de la Academia Española, y fué escrito el año 1389, esto es, cuarenta años después de escribir el autor su libro. Es, sin duda, el mejor, aunque Ducamin prefiera el manuscrito S por razones secundarias, pues G tiene ortografía más popular y más antigua y sus versos constan mejor que los de S, que se ve ha añadido y cambiado no poco por dar claridad al texto. Yo le sigo siempre que las variantes de los trozos no prueben estar errado.

El manuscrito Τ ó de la catedral de Toledo, que hoy está en la Biblioteca Nacional, concuerda más en todo con G que con S y es de la misma época que G, lo cual comprueba la preferencia que doy á G, pero tiene más erratas.

El manuscrito S ó del Colegio Mayor de San Bartolomé, de Salamanca, que hoy para en la Biblioteca Real, es el más moderno de los tres, de principios del siglo xv, su ortografía más complicada y conserva más trozos que los otros dos. Estas dos razones movieron á Ducamin á darle la preferencia; yo prefiero atenerme al texto más antiguo.

Los tres fueron impresos por Ducamin: S íntegramente, y los otros dos al pie en las variantes. Mi edición se atiene, en cuanto es posible, al texto más antiguo, que es G, corrigiendo por los demás y siempre con la ortografía del texto de donde las palabras se toman. Pero en todos los códices hay muchos versos de deslavazada expresión y en el cuento de sílabas echados á perder, por comezón de aclarar el texto.

244. Juan Ruiz. Libro de buen amor [ed. paleográfica Ducamin], Toulouse, 1901 (Bibliothèque méridionale, t. VII); [Libro de cantares], ed. F. Janer, Bibl. de Aut. Esp., t. LXII; Libro de buen amor, ed. y notas de J. Cejador, Madrid, 1913, dos tomos (de la colección de Clásicos Castellanos). Consúltense: M. Menéndez y Pelayo, Antología de poetas líricos, etc., t. III, págs. liii-cxiii; R. Foulché-Delbosc, recensión de la ed. Ducamin, en Revue Hispanique (1901), t. VIII, págs. 553-557; J. Puyol y Alonso, El Arcipreste de Hita: estudio crítico, Madrid, 1906; O. Tacke, Die Fabeln des Erzpriesters von Hita im Rahmen der mittelalterlichen Fabelliteratur, Breslau, 1911, señora Humphrey Ward, A Mediaeval Spanish Writer, en Fortnightly Review (1876), t. XV (núm. 1), págs. 809-832.

245. El año 1344 se escribió la Crónica general de 1344, refundición que incluye una versión de la crónica de Abubekr Ahmed ben Mohammed ben Musa (Ar-Rasi, del s. x), y que por haberse acabado el 21 de enero de 1344, se puede llamar como hemos dicho. La Crónica de Veinte Reyes (desde Fruela II hasta la muerte de San Fernando) se hizo á mediados del siglo xiv, teniendo en cuenta la de Alfonso X y la de 1344; prosificó no pocas gestas ó cantares, sobre todo del Cid.

246. La Crónica de Ahmed-Ar-Razi ó moro Rasis es la más notable de las historias escritas en árabe del siglo x. Los suyos le llaman Attaridji, esto es, el cronista por excelencia. Del texto arábigo sólo hay referencias en otros historiadores más modernos y la traducción castellana del siglo xiv, fundada en otra portuguesa hecha por el maestre Mohamad y el clérigo Gil Pérez, y es la llamada Crónica del moro Rasis. Su autenticidad probóla Gayangos (Memoria sobre la autenticidad de la Crónica denominada del moro Rasis, t. VIII de las Memorias de la Real Academia de la Historia, 1850) y Saavedra. Nos ha llegado en códices muy estragados y pasando por dos intérpretes, y parece algo interpolada; pero es la mejor fuente para las leyendas de don Rodrigo y la principal de la Crónica de Pedro de Corral, del siglo xv. Una de las lagunas que tiene ha sido rellenada por la narración que R. M. Pidal halló en una de las redacciones de la Segunda Crónica general, esto es, la de 1344 (Catálogo de la Real Biblioteca. Manuscritos. Crónicas generales de España descritas por R. Menéndez Pidal, Madrid, 1898. El texto de Rasis, desde la pág. 26 á la 49).

247. Año 1348. Don Alfonso XI, el Justiciero, ó el del Salado (1311-1350) comenzó á reinar en 1312, bajo la tutela de su abuela doña María de Molina que mostró su gran prudencia y valor contra las pretensiones de los infantes don Pedro, tío del Rey; don Juan, tío de don Fernando, y don Juan Manuel. Se encargó del gobierno á los catorce años, juntando Cortes en Valladolid y, deshaciéndose de los tutores, se hizo famoso por sus leyes y por las guerras con los moros en Algeciras, El Salado y Gibraltar, en cuyo sitio murió. Publicó el Ordenamiento de Alcalá, á 28 de febrero de 1348 (era de 1386), y lo mandó usar y guardar su hijo don Pedro. Puso en vigor las Siete Partidas. Atribúyesele el Libro de la Montería. Fué, después de Alfonso X, el legislador á quien más debe la jurisprudencia española.