El Docto Cavallero Pedro Mexía.

(Pacheco. Libro de Retratos)

Silva de varia lección, Sevilla, 1540, 1542; Zaragoza, 1542; Amberes, 1544; Sevilla, 1547; Zaragoza, 1547; Venecia, 1550 (en ital.); Valladolid, 1551; París, 1552; Venecia, 1553; Zaragoza, 1554, con 5.ª y 6.ª partes anónimas; Amberes, 1555; Lyon, 1556 (dos edic., cast. é ital.), 1557, 1558, 1561 y 1563; Sevilla, 1563; Amberes, 1564; Londres, 1566-1569 (en ingl.); Sevilla, 1570; Lérida, 1572; Sevilla, 1587; Madrid, 1602; Amberes, 1604; Madrid, 1643, 1662, 1673, con la traducción de la Parenesis. Mambrini da Jabrino tradujo al italiano las 4 partes, Lyon, 1556. Jerónimo Giglio añadió una continuación, Seconda silva, Venecia, 1573. Reprodújose, en Venecia, Silva rinovata di varia lectione di Francesco Sansovino, Mambrino Rosseo et Bartholomeo Dionigi, 1616. Según Andrés Escoto, se tradujo al francés y se le añadieron varios libros. Antonio Verdier, autor de la Bibliotheca Gallica, cita una traducción de Lyon, 1576, después dos veces reimpresa. En 1643 publicó Claudio Grugnet una versión de la Silva (Rathomayi, por Jorge Loysellet), que comprende además tres diálogos de nuestro autor. Hay ediciones francesas de la Silva de 1570, 1577 y 1580 y otras muchas, según Verdier. Nic. Antonio dice haber visto una obra francesa titulada Leçons diverses de Guyon de la Nauche suivant celles de P. Messia et de du Verdier, 2 vols., Lyon, 1610. Se hicieron dos traducciones al inglés y una al alemán (Ticknor). Historia imperial y cesárea, Sevilla, 1544, 1545, 1547; Basilea, 1547 (en latín); Amberes, 1552; Sevilla, 1554; Amberes, 1561; Venecia, 1561; Sevilla, 1564; Amberes, 1578. Tradújola al italiano Alfonso de Ulloa y Luis Dolce. Coloquios ó diálogos, Sevilla, 1547; Amberes, 1547; Zaragoza, 1547; Sevilla, 1548, 1551; Venecia, 1557 (en ital.); Amberes, 1561; Sevilla, 1562; Venecia, 1565; Sevilla, 1570, 1580, 1598; Madrid, 1767, con la Parenesis. Laus Asini: ad instar Luciani et Apuleii, Sevilla, 1547; Amberes, 1547, 1566; Sevilla, 1570, 1576. Hay versión francesa anónima é italiana de Alfonso de Ulloa: Raggionamenti di Pietro Messia, Venecia, 1557, 1565, con la Filosofía de Juan de Xarava, traducida por el mismo Ulloa. Historia del Emperador Carlos V, empezada tres años antes de su muerte (1549) y dejada en el libro V: hay tres copias en la bibl. del Conde-Duque de Olivares y otra que tenía Diego de Colmenares, hoy de la Bibl. Colombina. Sandoval se aprovechó mucho de ella sin citarla. En 1852 Cayetano Rosell publicó lo tocante á las Comunidades (que forma el l. 2 de la Hist. de Carlos V) en la Bibl. de Autor. Esp., ts. XXI y XXVIII. Pero Mexía, Relación de las comunidades de Castilla, Bibl. de Aut. Esp., t. XXI. Consúltense: M. Menéndez y Pelayo: El magnífico Caballero P. M., en La Ilustración Española y Americana (1876), páginas 75, 76, 123, 126. F.co Pacheco, Libro de Retratos, y copiado por L. Villanueva, en Semanario Pintoresco Español de 1844, págs. 405, etc.

109. Año 1540. Comedia Fenisa, Sevilla, 1540, ó, como puso Moratín, Coloquio de Fenisa, y así se publicó en Valladolid, 1588, reimpresa por Gallardo en El Criticón, núm. VII, Madrid, 1859; Salamanca, 1625 (Bibl. Nac.), reimpresa por Bonilla en la Revue Hispanique, 1912. "Llama extraordinariamente la atención, dice Bonilla, que Moratín dijese de esta Comedia que "está escrita... con poca invención y ninguna elegancia; no merece particular examen". Es, por el contrario, una de las piezas más lindas del viejo repertorio, y se distingue por la fluidez de su versificación y por la delicadeza de su espíritu, aunque ciertamente la acción sea bien sencilla y breve. Así lo comprendió también el pueblo, y no se explicaría de otro modo que la obrita hubiese podido subsistir hasta bien entrado el siglo XVII, cuando la exuberante lozanía de Lope y sus continuadores había borrado casi por completo el recuerdo de las antiguas farsas". En el códice de la Bibl. Nac., Colección de autos sacramentales, loas y farsas del siglo xvi, hay un Colloquio de Fenisa á lo divino (núm. 65) y otro de Fide ypsa (núm. 66), calcados sobre el anterior y conservando muchos versos del original. Dicha Colección fué publicada por L. Rouanet en la Bibliotheca Hispánica, ts. V, VI, VII y VIII.

Las preguntas que el emperador Adriano..., Burgos, 1540.—Jorge de Bustamante, natural de Santo Domingo de Silos, publicó Justino claríssimo abreviador de la historia general del famoso y excellente historiador Trogo Pompeyo, Alcalá, 1540; Amberes, 1542, 1586, 1599. Libro del Metamorphoseos y fábulas del excelente poeta y philósofo Ovidio (Salvá); 2.ª ed., Sevilla, 1550 (Salvá); Amberes, 1551, 1595; Madrid, 1622. Gaulana, comedia en coplas (Hern. Colón).—Hugo de Celso publicó Las leyes de todos los reynos de Castilla: abreviadas y reduzidas en forma de Repertorio decisivo por orden del A. B. C., Alcalá, 1540; Medina, 1553.—El valenciano Dionisio Clemente publicó Don Valerian de Hungría, Valencia, 1540.—Pongo en 1540 la Relación del Sitio del Cuzco, y principio de las guerras civiles del Perú hasta la muerte de Diego de Almagro (1535 á 1539), Ms. de la Bibl. Nac., publicado en Madrid, 1879. Varias relaciones del Perú y Chile (Libr. rar. y curiosos).—Bernardino Daza, estudiante legista, de Valladolid, publicó en 1540 y 1548 Los emblemas de Alciato Traduzidos en rhimas Españolas. Las Instituciones imperiales, de Justiniano, elegantemente vertidas del latín, Tolosa, 1551; Salamanca, 1614.—Examen de la Composición Theriacal de Andromacho, traducida de Griego y Latín en Castellano y comentada por el licenciado Liaño, Burgos, 1540.—J. Panzano escribió Anales de Aragón desde el año 1540... hasta el año 1558, Zaragoza, 1705.—Antonio Polo, aragonés, de Alfocea, publicó Grammaticae annotationes in IV et V Ant. Nebrissensis libros, Zaragoza, 1540, 1555. Caenotaphium in obitu Caroli V Imp. Caesaraugustae celebrato, ibid., 1558.—Quaestiones logicae sec. viam Realium et Nominalium, Alcalá, 1540.—Fray Francisco Ruiz, de Valladolid, benedictino, publicó Index... in Aristotelis Stagiritae opera, quae extant, y Judicium de Aristotelis operibus, 2 vols., Sahagún, 1540. Regulae CCCXXXIII intelligendi Sacras Scripturas, Lyon, 1546.—Jerónimo Sempere publicó la Primera parte de la Carolea, trata las victorias del Emperador Carlos V, Valencia, 1540. Segunda parte de la Carolea, Valencia, 1540. Caballería celestial de la Rosa fragante, Valencia, 1554; Amberes, 1554: libro de caballerías á lo divino. Segunda Parte de la cauallería de las hojas de la Rosa Fragante, Valencia, 1554. Primera y segunda parte de la Carolea, Valencia, 1560.—Luis Vasseo, autor de las más antiguas tablas anatómicas, publicó In Anatomen corporis humani tabulae quatuor, 1540.—Luis de Villalonga, mallorquín, canónigo de Mallorca, publicó De Legatis, Alcalá, 1540.

110. Año 1541. Gregorio Silvestre Rodríguez de Mesa (1520-1569) nació en Lisboa, adonde acababan de llegar de Zafra su padre el doctor J. Rodríguez, llamado para médico del rey de Portugal don Juan III, y su madre, que ya iba preñada, doña María de Mesa. El año 1527, viniendo la infanta doña Isabel de Portugal á casarse con el emperador Carlos V á Castilla, acompañóle como médico el dicho doctor, trayendo á Gregorio Silvestre de siete años, el cual, á los catorce de edad (1534), entró al servicio de don Pedro, conde de Feria, y en su casa se aficionó á las poesías de Garci-Sánchez de Badajoz, que la frecuentaba, dándose además á la música de tecla. Á los veintiocho de edad comenzó á tener nombre entre los que se preciaban de componer los versos españoles que llamaban Ritmas antiguas y los franceses Redondillas, á los cuales se dió tanto por el amor que tuvo á Garci-Sánchez, á Bartolomé de Torres Naharro y don Juan Fernández de Heredia, que no pudo ocuparse en las Composturas italianas, que Boscán introdujo en España en aquella sazón, y así imitando á Cristóbal de Castillejo dijo mal de ellas en su Audiencia de Amor. Pero después, con el discurso del tiempo, viendo que ya se celebraban tanto los sonetos, tercetos y octavas, compuso algunas cosas dignas de loa, y si viviera más tiempo, fuera tan ilustre en la poesía italiana como lo fué en la española. En 1541, viviendo en Montilla, ganó por oposición el cargo de organista de la catedral de Granada, contrayendo después la obligación de escribir cada año para las fiestas nueve entremeses y muchas estancias y chanzonetas. Casó con la guadixeña Juana de Cazorla, teniendo de ella varios hijos, entre ellos Juan (1547), Luis (1552), Paula (1567) y Mayor (1569). Era hombre de muy agudo ingenio y donaire y muy estimado en la ciudad. Fué muy amigo de Barahona de Soto, decidido italianista. Murió el 1570, de cincuenta años, de una calentura pestilencial con tabardete. Escribió muchas obras amorosas y no menos obras espirituales por su cargo de organista, obras morales, una glosa á las coplas de Jorge Manrique y á otras muchas, y gloriábase de ser glosador más que poeta.

111. Publicaron sus Obras la viuda, doña Juana de Cazorla, y sus hijos, Granada, 1582, con su vida, escrita por Pedro de Cáceres y Espinosa; Lisboa, 1592; Granada, 1599. Poema de Proserpina, Granada, 1599. Discurso, de Pedro de Cáceres y Espinosa, en sus Obras: "Nació Gregorio Silvestre en Lisboa, en el año de 1520, entre los dos últimos días del dicho año, que tienen la advocación de los dos Santos, por los cuales llamado así. Yendo su madre doña María de Mesa, preñada desde Zafra, donde antes vivía, por haber sido el Dr. J. Rodríguez, su padre, llamado entonces para Médico del Rey de Portugal, y estuvieron en servicio del Rey hasta el año de 27, que viniendo la Infanta doña Isabel de Portugal á casarse con el Emperador Don Carlos V á Castilla vino por su Médico el dicho Doctor, trayendo á Gregorio Silvestre de siete años, como parece en el privilegio que en este mismo año les concedió el Emperador á ellos y á sus descendientes. Siendo Silvestre de casi catorce años vino en servicio de Don Pedro, conde de Feria, do á la sazón florecía entre los Poetas Españoles Garci-Sánchez de Badajoz; y como siempre la casa del Conde fuese llena de curiosidad, y visitada con los escritos de aquel célebre Poeta, participó tanto de lo uno y de lo otro, que se preciaban de componer los versos Españoles que llaman Ritmas antiguas, y los franceses Redondillas. Á las cuales se dió tanto, ó fuese por el amor que tuvo á Garci-Sánchez y á Bartolomé de Torres Naharro y á D. Juan Fernández de Heredia, á los cuales celebraba aficionadamente, que no pudo ocuparse en las Composturas Italianas que Boscan introdujo en España en aquella sazón. Y así, imitando á Cristóbal de Castillejo, dijo mal de ellas en su Audiencia (de Amor). Pero después, con el discurso del tiempo, viendo que ya se celebraban tanto los Sonetos y Tercetos y Octavas... compuso algunas cosas dignas de loa: y si viviera más tiempo, fuera tan ilustre en la Poesía Italiana, como lo fué en la Española. Con todo eso intentó una cosa bien célebre, que fué poner medida en los versos Toscanos, que hasta entonces no se les sabía en España: la cual pocos días antes intentó el cardenal Pedro Bembo en Italia; como parece en sus Prosas, y lo refiere Lodovico Dolche en su Gramática. Y que en España no se supiesen, ni la trujesen los que trujeron la Poesía Toscana á ella, parece en que Castillejo aún no supo la medida Española de arte mayor; pues queriendo conferir la una y la otra, introduce á Juan de Mena diciendo de las Trovas Italianas: "Juan de Mena, cuando oyó | La nueva trova pulida, | contentamiento mostró; | Caso que se sonriyó | Como de cosa sabida. | Y dijo: "según la prueba, | Once sílabas por pie | No hallo causa por qué | Se tenga por cosa nueva, | Pues yo también las usé". De suerte que Castillejo quiere probar que las composturas de Juan de Mena y Juan Boscán son una misma, pues constan de once sílabas... por no entender la medida de los pies; la cual se descubrió en España en esta sazón; y en Granada Silvestre fué el que la descubrió... y por esto se dijo dél: "Y que por vos los versos desligados | De la Española Lengua, é Italiana | Serán con la medida encadenados; | Deberos ha de aquí la castellana | Más que la Griega debe al grande Homero | Y al ínclito Virgilio la Romana". De aquí ha venido la medida de los endecasílabos á hacerse en España por jambos tan comúnmente que no hay quien la ignore... Murió en el año de 1570 siendo de cincuenta años, poco después de la rebelión de Granada, de una calentura pestilencial con tabardete. Murió también el mayor de sus hijos en aquella sazón; y vive el menor. De sus hijas la una entró Monja, sin dote, porque era diestra en la Música de tecla, y hacía versos aventajadamente. Las otras quedaron con su madre. Fué Silvestre de agudo ingenio; y en conversación hablaba muy discretamente, casi siempre con dichos agudos y donosos. Hablando una vez á ciertos amigos en compañía de Juan Latino, dicen que habló á todos y no á él... y quejándose Juan Latino dello, dicen que respondió: "Perdone, Señor Maestro, que entendí que era sombra de uno destos Señores". Dícese también que uno de los que entonces componían en Granada le hurtó un Soneto, y vínoselo á enseñar por proprio, y preguntarle qué tal le parecía... "¿Qué le parece?—Que me parece". Disgustado con el Conde de Miranda porque le hablaba de vos, no le había visitado muchos días, y que como una vez le encontrase el Conde en la calle, le dijo: "—Señor Silvestre, ¿por qué no vais á mi casa vos?—Señor, por eso". De lo cual se rió el Conde, y entendiéndole procuró emendarse de ahí adelante... Otros muchos y muy discretos (donaires) hay suyos, que por ventura juntará algún curioso. La pintura de su cuerpo y rostro fué extraña, y tanto que le llamaban monstruo de Naturaleza, porque doquiera era notado entre muchos hombres, aunque de estatura mediana. Era hombre descuidado de su atavío corporal, como casi siempre lo son los que, ocupados en mayores cosas, no se acuerdan de sí. Tuvo por Mecenas y favorecedor de sus escritos á D. Alonso Puertocarrero, hijo del Marqués de Villanueva: al cual hizo muchas coplas y sonetos, aunque parecen pocos. Y á D. Alonso Benegas, al cual hizo una elegía á la muerte de su mujer... Tuvo por particulares amigos los que entonces eran famosos en Granada, el singular abogado Luis de Berrío; á D. Diego de Mendoza, y á Fernando de Acuña, honra de la Poesía de España; el Maestro Juan Latino, doctísimo en la Gramática Latina y Griega; el gran traductor Gaspar de Baeza, y el Bachiller Pedro de Padilla, habilidad rara y única en decir de improviso, y á pocos inferior en escribir de pensado; y al Licenciado Luis de Castilla, que le escribió una Carta, á la cual respondió con otra; y al Licenciado Josef Fajardo, hombre insigne en las Matemáticas y Lenguas Latina y Griega, Hebrea y Caldea y Arábiga, del cual hay ciertos sonetos en loa de Silvestre, y al Licenciado Macías Bravo, y otros muchos que escribieron en su loor algunos versos. Escribiéronle Cartas Poéticas el famoso Pedro de Padilla, y George de Montemayor, y Francisco Farfán, el indio, y la que más se estimó en aquellos tiempos, fué la de Luis Barahona de Soto, el cual también fué uno de sus particulares amigos. Parte de sus obras se han conservado, y parte están perdidas. Escribió muchas obras espirituales, así por ser él aficionado á religión, como por darle ocasión la iglesia mayor, donde era organista; obligándose por sólo su gusto cada año á hacer nueve Entremeses y muchas estancias y chanzonetas: en el cual oficio sucedió al famoso Maestro Pedro Mota, complutense, y al Licenciado Jiménez, que hizo el Hospital de Amor, que imprimió por suyo Luis Hurtado de Toledo; que éstos también tuvieron cargo de escribir estos Entremeses para las fiestas más célebres de la iglesia mayor; aunque al uno y al otro supo aventajarse sin comparación alguna. Escribió Obras morales muchas, una glosa á las coplas de D. Jorge Manrique. Glosó otras muchas cosas, y tuvo para esto particular ingenio, más que para otra cosa; y así lo solía él decir, que no era Poeta, sino glosador. Escribió muchas obras amorosas, teniendo por sujeto casi desde su niñez á una dama llamada doña María, cuya calidad, por razonable respeto, no se explica. Murió esta Señora el mismo año que Gregorio Silvestre, mes y medio antes que él... Sintió mucho Gregorio Silvestre la muerte de doña María; y así dicen que se determinó á hacer muchas canciones á su muerte á imitación del Petrarca; y pienso que hizo una ó dos... y como murió tan presto no pudo pasar adelante con su intento. Está enterrado en la iglesia del Carmen". Epitafio: "Yace en esta iglesia chica | Y entre sus piedras aquel | De quien la fama infiel | Más entiende que publica. | Mas pues ella no lo explica, | Pregúntaselo al Laurel, | Al Moral, Lirio y Clavel, | Y á mil Glosas que por él | Hacen nuestra España rica". Las obras de Silvestre están divididas en cuatro libros. El libro I contiene: Diez Lamentaciones, que acaban en el fol. 23; cinco sátiras; multitud de glosas, canciones, etc., todo con coplas castellanas. El libro II: Fábula de Dafne y Apolo; Píramo y Tisbe; La visita (de cárcel) de Amor; La residencia de Amor. El libro III: Glosas y canciones de moralidad y devoción; dos romances devotos; glosa sobre las coplas de don Jorge Manrique. El libro IV contiene los versos que dicen á la larga y al través, endecasílabos, etc.; sonetos, y la Fábula de Narciso, en octavas.

Gregorio Silvestre, Poesías, Bibl. de Aut. Esp., ts. XXXII y XXXV. Consúltense: D. García Peres, Catálogo razonado biográfico y bibliográfico, etc., Madrid, 1890. H. A. Rennert, en Modern Language Notes (1899), t. XIV, cols. 457-465. F. Rodríguez Marín, Luis Barahona de Soto, etc., Madrid, 1903, págs. 32-35.

112. Año 1541. Florián de Ocampo (1499?-1555?), zamorano, hijo de Lope Docampo, que lo fué de Diego de Valencia y de la portuguesa Sancha Garzia Docampo, estudió en Alcalá con Nebrija y otros maestros, fué nombrado canónigo de Zamora y por Carlos V cronista imperial. Las Cortes de Castilla de 1555 pidieron al Emperador se le señalase sueldo para que pudiese acabar su historia, sin ocuparse en las obligaciones de su canonjía. Ambrosio de Morales alaba su mucha diligencia y trabajo y la grandeza de su estilo, continuando su obra. Dañóle el crédito que dió al seudo Beroso, publicado por aquel tiempo. De las cuatro partes que pretendía escribir, tan sólo un pedazo de la primera acabó con el título de Los quatro libros primeros de la Crónica general de España, Zamora, 1544. Quiso llegase esta primera parte hasta Jesucristo; pero dejóla en los Escipiones, y se publicó en Zamora, 1544; con el quinto libro en Medina, 1553. No es gran historiador cuanto al fondo, sus noticias son poco seguras y el estilo nada tiene de particular.