Los capitalistas, sus hijos y sus gobiernos derrochan cada año una parte considerable del producto líquido anual; además, guardan en su fondo de consumo una porción de objetos que se gastan lentamente y son aptos para un empleo reproductivo, y hacen estériles, al adaptarlas a su servicio personal, una multitud de fuerzas obreras. La cantidad de riqueza que se capitaliza no es, pues, nunca tan grande como podría ser. La relación de cantidad con el total de la riqueza social varía con todo cambio en la división de la supervalía en renta personal y en nuevo capital. Así, lejos de ser una parte determinada de adelanto y una parte fija de la riqueza social, el capital social solo es una porción variable de esta.
Sin embargo, ciertos economistas se hallan propensos a no ver, en el capital social, más que una parte determinada de adelanto de la riqueza social, y aplican esta teoría a lo que ellos llaman «fondo del salario» o «fondo del trabajo». Según ellos, este es una porción particular de la riqueza social, el valor de una cantidad dada de subsistencias, cuya naturaleza fija a cada momento los límites fatales que la clase trabajadora trata inútilmente de franquear. De creer esto, estando así determinada la suma que debe distribuirse entre los asalariados, se sigue que si la parte que toca a cada uno es demasiado pequeña, ocurre esto porque su número es demasiado grande, y que, finalmente, su miseria es un hecho, no del orden social, sino del orden natural.
En primer lugar, los límites que el sistema capitalista impone al consumo del productor, no son «naturales» sino dentro del medio adecuado a este sistema, así como el látigo no funciona como aguijón «natural» del trabajo más que en el sistema esclavista. En efecto, es propio de la naturaleza de la producción capitalista el limitar la parte del productor a lo que es indispensable para el sustento de su fuerza obrera, y el atribuir la demasía de su producto al capitalista. Lo que sería menester demostrar ante todo es que, a pesar de su origen completamente reciente, el sistema capitalista de la producción social es, no obstante, su sistema irrevocable y «natural».
Pero, aun con la manera de ser del sistema capitalista, es falso que el «fondo del salario» esté determinado de antemano por la suma de la riqueza social o del capital social. Puesto que este es solamente una porción variable de la riqueza social, el fondo del salario, que no es más que una parte de este capital, no sería una parte fija y determinada de antemano de la riqueza social.
CAPÍTULO XXV
LEY GENERAL DE LA ACUMULACIÓN CAPITALISTA
I. La composición del capital. — Circunstancias en que la acumulación del capital puede provocar un alza de los salarios. — La magnitud del capital no depende del número de la población obrera. — II. La parte variable del capital disminuye relativamente a su parte constante. — Concentración y centralización. — III. Demanda de trabajo relativa y demanda de trabajo efectiva. — La ley de población adecuada a la época capitalista. — Formación de un ejército industrial de reserva. — Lo que determina el tipo general de los salarios. — La ley de la oferta y la demanda es un engaño. — IV. Formas diversas del exceso relativo de población. — El pauperismo es la consecuencia fatal del sistema capitalista.
I. La composición del capital.
Vamos ahora a tratar de la influencia que el acrecentamiento del capital ejerce en la suerte de la clase obrera. El elemento más importante para la solución de este problema es la composición del capital y los cambios que esta experimenta con el progreso de la acumulación.
La composición del capital puede ser considerada desde un doble punto de vista. Con relación al valor, se halla determinada por la proporción según la cual el capital se divide en parte constante (el valor de los medios de producción) y en parte variable (el valor de la fuerza obrera). Con relación a su materia, tal como aparece en el acto de producción, todo capital consiste en medios de producción y en fuerza obrera activa, y su composición está determinada por la proporción que existe entre la masa de los medios de producción empleados y la cantidad de trabajo necesario para hacerlos funcionar.