La magnitud del capital no depende del número de la población obrera.
Hay que conocer a fondo la relación que existe entre los movimientos del capital en vías de acumulación y las oscilaciones del tipo de los salarios que a aquellos se refieren.
Ora es un exceso de capital procedente de una acumulación más rápida, la cual hace que el trabajo ofrecido sea relativamente insuficiente, y tiende, por consecuencia, a elevar su precio; ora un aminoramiento de la acumulación, el cual da por resultado que el trabajo ofrecido sea relativamente superabundante, y rebaja su precio. El movimiento de aumento y de disminución del capital en vías de acumulación produce, pues, alternativamente la insuficiencia y la superabundancia relativas del trabajo ofrecido; pero ni una baja efectiva del número de la población obrera hace que el capital abunde en el primer caso, ni un aumento efectivo de dicho número hace al capital insuficiente en el segundo.
La relación entre la acumulación del capital y el tipo del salario no es más que la relación entre el trabajo gratuito, transformado en capital, y el suplemento de trabajo pagado que exige este capital suplementario para ser puesto en actividad. No es precisamente una relación entre dos términos independientes uno de otro, a saber, por un lado la suma del capital, y, por otro, el número de la población obrera, sino, en último término, una relación entre el trabajo gratuito y el trabajo pagado de la misma población obrera.
Si la cantidad de trabajo gratuito que la clase obrera suministra y que la clase capitalista acumula, aumenta tan rápidamente que su transformación en nuevo capital necesita un suplemento extraordinario de trabajo pagado, en una palabra, si el aumento de capital produce una demanda más considerable de trabajo, el salario sube y, siendo las mismas las demás circunstancias, el trabajo gratuito disminuye proporcionalmente. Pero desde el momento en que, a consecuencia de esta disminución del sobretrabajo, hay aminoramiento de la acumulación, sobreviene una reacción, la parte de la renta que se capitaliza es menor, la demanda de trabajo disminuye y el salario baja.
El precio del trabajo no puede jamás elevarse sino en unos límites que dejen intactas las bases del sistema capitalista y aseguren la reproducción del capital en una escala mayor. ¿Cómo podría suceder otra cosa donde el trabajador existe únicamente para aumentar la riqueza ajena creada por él? Así como, en el mundo religioso, el hombre se halla dominado por la obra de su mente, de igual manera lo es, en el mundo capitalista, por la obra de sus manos.
II. La parte variable del capital disminuye relativamente a su parte constante.
No dependiendo el alza de los salarios sino del progreso continuo de la acumulación y de su grado de actividad, nos es indispensable esclarecer las condiciones en que tiene lugar este progreso.
«La misma causa —dice Adam Smith— que hace que se eleven los salarios del trabajo, el aumento del capital, tiende a aumentar las fuerzas productivas del trabajo, y a poner a una cantidad menor de trabajo en estado de producir mayor cantidad de obra.»
¿Cómo se obtiene este resultado? Mediante una serie de cambios en la manera de producir, que ponen a una cantidad dada de fuerza obrera en condiciones de manejar una masa cada vez mayor de medios de producción. En este aumento, por relación a la fuerza obrera empleada, los medios de producción desempeñan un doble papel. Los unos, tales como máquinas, edificios, hornos, aumentan en número, extensión y eficacia para hacer al trabajo más productivo; mientras que los otros, materias primeras y auxiliares, aumentan porque el trabajo, al hacerse más productivo, consume mayor cantidad de ellas en un tiempo determinado.