En el progreso de la acumulación no hay solamente aumento cuantitativo de los diversos elementos del capital; el desarrollo de las potencias productivas, que este progreso trae, se manifiesta aún por cambios cualitativos en la composición técnica del capital: la masa de los medios de producción, maquinaria y materiales, aumenta cada vez más en comparación con la cantidad de fuerza obrera necesaria para hacerlos funcionar.
Estos cambios en la composición técnica del capital obran sobre su composición-valor y traen consigo un aumento siempre creciente de su parte constante a expensas de su parte variable; de suerte que si, por ejemplo, en una época atrasada de la acumulación se transforma el 50 por 100 del valor-capital en medios productivos y otro 50 por 100 en trabajo, en una época más adelantada se empleará el 80 por 100 del valor-capital en medios de producción y solo el 20 por 100 en trabajo.
Pero este aumento de valor de los medios de producción no indica sino lejanamente el aumento mucho más rápido y más considerable de su masa; la razón de ello es que ese mismo progreso de las potencias del trabajo, que se manifiesta por el aumento de la maquinaria y de los materiales puestos en actividad con auxilio de una cantidad menor de trabajo, hace disminuir el valor de la mayor parte de los productos, y principalmente el de los que funcionan como medios de producción; su valor no se eleva, pues, tanto como su masa.
Por otra parte, hay que notar que el progreso de la acumulación, al disminuir el capital variable relativamente al capital constante, no impide su aumento efectivo. Supongamos que un valor-capital de 6.000 pesetas, se divide primero por mitad en parte constante y en parte variable, y que más tarde, habiendo llegado, a consecuencia de la acumulación a la cantidad de 18.000 pesetas, la parte variable de esta cantidad no es más que la quinta, y a pesar de su disminución relativa de la mitad a la quinta parte, dicha parte variable se ha elevado de 3.000 a 3.600 pesetas.
La cooperación, la división manufacturera del trabajo, la fabricación mecánica, etc., en suma, los métodos apropiados para desarrollar las fuerzas del trabajo colectivo, no pueden introducirse sino allí donde la producción tiene ya lugar en grande escala, y, a medida que esta se extiende, aquellas fuerzas se desarrollan más y más. La escala de las operaciones depende, teniendo por base el régimen del salario, en primer lugar, de la suma de los capitales acumulados entre las manos de los empresarios privados. Así es como cierta acumulación previa, cuyo origen examinaremos después, llega a ser el punto de partida del sistema de producción capitalista. Pero todos los métodos que emplea este sistema de producción para hacer más productivo el trabajo, son otros tantos métodos para aumentar la supervalía o el producto líquido, para alimentar la fuente de la acumulación. Si, pues, la acumulación debe haber alcanzado cierto grado de extensión para que pueda establecerse el modo de producción capitalista, este acelera de rechazo la acumulación, cuyo nuevo progreso, al permitir un nuevo acrecentamiento de las empresas, extiende de nuevo la producción capitalista. Este desarrollo recíproco ocasiona en la composición técnica del capital las variaciones que van disminuyendo cada vez más su parte variable, pagando la fuerza de trabajo con relación a la parte constante que representa el valor de los medios de producción empleados.
Concentración y centralización.
Cada uno de los capitales individuales de que se compone el capital social, representa desde luego cierta concentración, en manos de un capitalista, de medios de producción y de medios de subsistencia del trabajo, y, a medida que la acumulación se produce, esta concentración se extiende. Al aumentar los elementos reproductivos de la riqueza, la acumulación opera, pues, al mismo tiempo, su concentración cada vez mayor en manos de empresarios privados.
Todos esos capitales individuales que componen el capital social llevan a cabo juntamente su movimiento de acumulación, es decir, de reproducción en una escala cada vez mayor. Cada capital se enriquece con los elementos suplementarios que resultan de esta reproducción, conserva así, al aumentarse, su existencia distinta y limita el círculo de acción de los demás. Luego el movimiento de concentración, no solo se esparce en tantos puntos como la acumulación, sino que la división del capital social en una multitud de capitales independientes unos de otros, se mantiene precisamente porque todo capital individual funciona como centro de concentración.
El aumento de los capitales individuales acrecienta otro tanto el capital social. Pero la acumulación del capital social resulta, no solo del acrecentamiento sucesivo de los capitales individuales, sino aun del aumento de su número, por la transformación, por ejemplo, en capitales de valores improductivos. Además, capitales enormes lentamente acumulados se dividen, en un momento dado, en muchos capitales diferentes, como sucede con ocasión del reparto de una herencia en las familias capitalistas. La concentración desaparece con la formación de nuevos capitales y con la división de los antiguos.
El movimiento de la acumulación social presenta, pues, por un lado, una concentración cada vez mayor de los elementos reproductivos de la riqueza entre manos de empresarios privados, y, por otro, la diseminación y la multiplicación de los centros de acumulación y de concentración.