La ley de población adecuada a la época capitalista.
Hallándose regida la demanda de trabajo, no solamente por la cantidad de capital variable puesto ya en actividad, sino también por el término medio de su aumento continuo ([capítulo XXIV]), la oferta de trabajo sigue siendo normal mientras sigue este movimiento. Pero cuando el capital variable llega a un término medio de aumento inferior, la misma oferta de trabajo, que hasta entonces era normal, se hace superabundante, de suerte que una parte más o menos considerable de la clase asalariada, habiendo dejado de ser necesaria para poner en actividad el capital, es entonces superflua, supernumeraria. Como semejante hecho se repite con el progreso de la acumulación, esta arrastra en pos de sí un sobrante de población que va continuamente en aumento.
El progreso de la acumulación y el movimiento, que la acompaña, de disminución proporcional del capital variable y de disminución correspondiente en la demanda de trabajo relativa, los cuales, como acabamos de ver, dan por resultado el aumento efectivo del capital variable y de la demanda de trabajo en una proporción decreciente, tienen, finalmente, por complemento, la creación de un sobrante de población relativo. Llamámosle «relativo» porque proviene, no de un aumento real de la población obrera, sino de la situación del capital social, que le permite prescindir de una parte más o menos considerable de sus obreros. Como este sobrante de población no existe más que con relación a las necesidades momentáneas de la explotación capitalista, puede aumentar o disminuir repentinamente según los movimientos de expansión y de contracción de la producción.
Al producir la acumulación del capital, y a medida que lo consigue, la clase asalariada produce, pues, los instrumentos de su anulación o de su transformación en sobrante de población relativo. Tal es la ley de población que distingue a la época capitalista y corresponde a su sistema de producción particular. Cada uno de los sistemas históricos de la producción social tiene su ley de población adecuada, ley que solo a él se aplica, que pasa con él, y no tiene, por consecuencia, más que un valor histórico.
Formación de un ejército industrial de reserva.
Si la acumulación, el progreso de la riqueza sobre la base capitalista, crea necesariamente un sobrante de población obrera, este se convierte, a su vez, en el auxiliar más poderoso de la acumulación, en una condición de existencia de la producción capitalista, en su estado de completo desarrollo. Este sobrante de población forma un ejército de reserva industrial que pertenece al capitalista de una manera tan absoluta como si lo hubiese educado y disciplinado a expensas suyas: ejército que provee a sus necesidades variables de trabajo la materia humana siempre explotable y siempre disponible, independientemente del aumento natural de la población.
La presencia de esta reserva industrial, su entrada de nuevo, parcial o general, en el servicio activo, y su reconstitución con arreglo a un plan más vasto, todo esto se encuentra en el fondo de la vida accidentada que atraviesa la industria moderna, con la repetición casi regular cada diez años, fuera de las demás sacudidas irregulares, del mismo periodo compuesto de actividad ordinaria, de producción excesiva, de crisis y de inacción.
Esta marcha singular de la industria no se encuentra en ninguna de las épocas anteriores de la humanidad. Solo de la época en que el progreso mecánico, habiendo echado raíces bastantes profundas, ejerció una influencia preponderante sobre toda la producción nacional; en que, gracias a él, el comercio exterior comenzó a sobreponerse al comercio interior; en que el mercado universal se anexionó sucesivamente vastos territorios en América, en Asia y en Australia; en que, finalmente, las naciones rivales se hicieron bastante numerosas, de esa época solamente datan los periodos florecientes que van a parar siempre a una crisis general, fin de un periodo y punto de partida de otro. Hasta el presente, la duración de estos periodos es de diez u once años, pero no hay razón alguna para que este número sea inmutable. Al contrario, debe deducirse de las leyes de la producción capitalista, tales como acabamos de desarrollarlas, que ese número variará y que los periodos irán acortándose.
El progreso industrial que sigue la marcha de la acumulación, al mismo tiempo que reduce cada vez más el número de obreros necesarios para poner en actividad una masa siempre creciente de medios de producción, aumenta la cantidad de trabajo que el obrero individual debe proporcionar. A medida que el progreso desarrolla las potencias productivas del trabajo y hace, por consecuencia, que se saquen más productos de menos trabajo, el sistema capitalista desarrolla también los medios de sacar más trabajo del asalariado, ya prolongando su jornada o bien haciendo más intenso su trabajo, o de aumentar en apariencia el número de los trabajadores empleados, reemplazando una fuerza superior y más cara con muchas fuerzas inferiores y muy baratas, es decir, el hombre con la mujer, el adulto con el niño, un obrero americano con tres chinos. He ahí diferentes métodos para disminuir la demanda de trabajo y hacer superabundante su oferta, en una palabra, para fabricar supernumerarios.
El exceso de trabajo impuesto a la parte de la clase asalariada que se halla en servicio activo, a los ocupados, engruesa las filas de los desocupados, de la reserva, y la competencia de estos últimos, que buscan naturalmente colocación, contra los primeros, ejerce sobre estos una presión que los obliga a soportar más dócilmente los mandatos del capital.