Supongamos un capital de 1.200 pesetas; la cantidad relativa de la parte variable es de la mitad del capital entero. No variando este y bajando aquella de la mitad a la tercera parte, la cantidad efectiva de esta parte no es más que de 400 pesetas en lugar de ser de 600: mientras no varía la cantidad de un capital, toda disminución en la cantidad relativa de su parte variable es al mismo tiempo una disminución de la cantidad efectiva de aquel.

Tripliquemos el capital de 1.200 pesetas, que se convertirá en 3.600 pesetas; la cantidad relativa de la parte variable disminuye en esta misma proporción; es decir, es dividida por 3, y baja entonces de la mitad a la sexta parte; su cantidad efectiva será de 600 pesetas, como en su principio, pues 600 es la sexta parte de 3.600 y la mitad de 1.200: variando la cantidad total del capital, el fondo de los salarios, no obstante una disminución de su cantidad relativa, conserva la misma cantidad efectiva, si esta disminución tiene lugar en la misma proporción que el aumento del capital entero.

Si el capital de 1.200 pesetas se duplica, será de 2.400 pesetas; si la cantidad relativa de la parte variable disminuye en mayor proporción que ha aumentado el capital, y baja, por ejemplo, como en el caso anterior, de la mitad a la sexta parte, su cantidad efectiva no será más que de 400 pesetas: si la disminución de la cantidad relativa de la parte variable tiene lugar en mayor proporción que el aumento del capital adelantado, el fondo de salario sufre una disminución efectiva, a pesar del aumento del capital.

El mismo capital de 1.200 pesetas, triplicado de nuevo, es igual a 3.600 pesetas; la cantidad relativa de la parte variable disminuye, pero en menor proporción que ha aumentado el capital; dividida por 2, mientras que el capital ha sido multiplicado por 3, baja de la mitad a la cuarta parte; su cantidad efectiva asciende a 900 pesetas: si la disminución de la cantidad relativa de la parte variable tiene lugar en una proporción menor que el aumento del capital entero, el fondo del salario experimenta un aumento efectivo, a pesar de la disminución de su cantidad relativa.

Estos son, a la vez, los periodos sucesivos por que atraviesan las masas del capital social distribuidas entre los diferentes ramos de producción, y las condiciones diversas que presentan al mismo tiempo diferentes ramos de producción.

Tenemos los ejemplos de fábricas en que un mismo número de obreros basta para poner en actividad una cantidad creciente de medios de producción; el aumento del capital procedente del acrecentamiento de su parte constante hace que en este caso disminuya otro tanto la cantidad relativa de la fuerza obrera explotada, sin variar su cantidad efectiva. Hay también ejemplos de disminución efectiva del número de obreros ocupados en ciertos ramos de industria y de su aumento simultáneo en otros ramos, aunque en todos haya habido aumento del capital invertido.

En el [capítulo decimoquinto] hemos indicado las causas que, no obstante las tendencias contrarias, hace que las filas de los asalariados vayan engrosando con los progresos de la acumulación. Recordaremos aquí, pues, lo que hace relación a nuestro asunto.

El mismo desarrollo del maquinismo que ocasiona una disminución no solo relativa, sino frecuentemente efectiva, del número de obreros empleados en ciertos ramos de industria, permite a estos suministrar una masa mayor de productos a bajo precio; dichas industrias impulsan de esta manera el desarrollo de otras industrias, el de aquellas a quienes proporcionan medios de producción, o bien el de aquellas de donde sacan sus primeras materias, instrumentos, etc., formando así otros tantos mercados nuevos para el trabajo.

Además, hay momentos en que los trastornos técnicos se dejan sentir menos, en que la acumulación se presenta más bien como un movimiento de extensión sobre la última base técnica establecida. Entonces empieza de nuevo a operar más o menos la ley según la cual la demanda de trabajo aumenta en la misma proporción que el capital. Pero, al mismo tiempo que el número de obreros atraídos por el capital llega a su máximum, los productos vienen a ser tan abundantes, que al menor obstáculo que se oponga a su circulación, el mecanismo social parece como que se detiene, y el trabajo se interrumpe, disminuye. La necesidad que obliga al capitalista a economizarlo, engendra perfeccionamientos técnicos que reducen, por consecuencia, el número de los obreros necesarios. La duración de los momentos en que la acumulación favorece más la demanda de trabajo, es cada día menor.

Así, desde que la industria mecánica ha alcanzado la supremacía, el progreso de la acumulación redobla la energía de las fuerzas que tienden a disminuir la demanda de trabajo relativa, y debilita las fuerzas que tienden a aumentar la demanda de trabajo efectiva. El capital variable, y por consecuencia la demanda de trabajo, aumenta con el capital social de que forma parte, pero aumenta en proporción decreciente.