Los progresos de la industria mecánica permiten reducir considerablemente el tiempo de trabajo indispensable para la producción, aumentando esta en proporciones enormes; el modo de apropiación concluye por ajustarse al modo de producción; mas como este es colectivo, la apropiación estrictamente individual va sin cesar disminuyendo; la organización del trabajo correspondiente a este estado de cosas ha eliminado la casta propietaria, independientemente de la cual se reclutan las capacidades directrices; la posesión por la burguesía ha traído como consecuencia el más funesto derroche de productores, de medios de producción y de productos.
Tales son los hechos ya determinados por la fuerza de los sucesos, hechos que conducen a una organización económica en que la producción, socialmente reglamentada, lo estará en vista de las necesidades de una sociedad que solo considerará los productos con relación a su utilidad respectiva; en que al gobierno desordenado de los hombres reemplazará la administración consciente de las cosas sometidas al poder del hombre, en vez de pesar tiránicamente sobre él; en que, al mismo tiempo que el propietario privado, habrá desaparecido el sistema de trabajar para otros, o sea el salario.
Esta supresión de la propiedad individual y, por tanto, del salario y de toda clase de males que aquella entraña, no es una fatalidad que la justicia prescribe, sino que la evolución del organismo productor la impone imperiosamente. «El Socialismo —ha escrito Engels— no es más que el reflejo en el pensamiento del conflicto que existe en los hechos entre las fuerzas productivas y la forma de producción.»
Como teoría científicamente deducida, nuestro colectivismo o comunismo se apoya en la observación, comprueba las tendencias y concluye afirmando que los medios de producción, una vez efectuada su evolución actual, sean socializados. Decimos socializados y no comunalizados, como algunos querrían, porque los inconvenientes de la propiedad individual reaparecerían en la propiedad comunal o municipal, y también en la corporativa, principalmente a causa de las particiones desiguales que serían su resultado, de la productividad diferente de los medios de producción, etc. Que la lucha se empeñe entre municipios y municipios, corporaciones y corporaciones, o patronos y patronos, siempre habrá desigualdad entre trabajadores que proporcionan una misma cantidad de trabajo y concurrencia ruinosa; esto sería, aunque bajo otra forma, la continuación de la sociedad presente.
Ateniéndose a los hechos, el Socialismo científico no puede precisar experimentalmente sino el modo de apropiación hacia el que caminan las fuerzas productivas, el cual rige el modo de repartición de los productos. Es evidente que una vez socializados los medios de producción, es decir, cuando estos hayan revestido como apropiación la forma comunista que ya tienen como acción, seguirá como consecuencia una distribución comunista de los productos. Solo que no se operará con arreglo a la antigua fórmula tan querida de los anarquistas y posibilistas, y que establece que «dando cada uno lo que permitan sus fuerzas, recibirá con arreglo a sus necesidades».
Pero ¿quién mediría las fuerzas de cada uno? Bien fuese el mismo individuo o cualquiera otro, siempre se tocaría en lo arbitrario. Por lo demás, no es nuestra tendencia exigir del hombre el máximum de esfuerzos que es capaz de producir; por el contrario, tratamos de disminuir el esfuerzo humano, de abreviar todo lo posible el tiempo de trabajo a fin de aumentar el consagrado a las distracciones físicas e intelectuales y al placer.
¿Quién sería capaz de medir las necesidades de cada uno? Si el organismo productor es tal que los productos están en cantidad suficiente para que cada uno pueda consumir a su antojo sin limitar el consumo de los demás, ¿por qué no dicen aquellos, dar a cada uno según su voluntad y no según sus necesidades? Si los productos son insuficientes para satisfacer por completo todas las necesidades de todos, ¿cómo proclamar el derecho de cada uno a consumir proporcionalmente para atender a las necesidades por él mismo apreciadas? No puede negarse que, en esta última hipótesis, se impondría una limitación del consumo individual, basada en las condiciones de existencia material realizadas; y ¿qué limitación concordaría mejor con el nuevo modo económico, que aquella cuya medida fuese, no la productividad individual, que favorecería a los individuos dotados de ventajas naturales, en detrimento de los menos bien dotados, sino el tiempo de trabajo que, igual para todos, garantizaría a todos los trabajadores una posibilidad de consumo igual?
III
EL PARTIDO OBRERO Y LA GUERRA DE CLASES
Si el régimen del salario toca ya a su fin, si el periodo de su duración está destinado a ser mucho más corto que los de la esclavitud y la servidumbre, es porque las condiciones exteriores que hacen inevitable su eliminación, se han producido más rápidamente. No sorprende este hecho cuando se reflexiona que las combinaciones sociales de la época burguesa, perturbadas a cada instante por modificaciones fundamentales de las fuerzas productivas, distan mucho de tener el carácter eminentemente conservador de los modos de producción que nos han precedido, y son, por consecuencia, más aptos que estos últimos para crear rápidamente una situación revolucionaria.