El cómo esta manera de ser de la materia que se llama la vida ha pasado de la humilde célula a las formas complicadas de los organismos superiores; a qué causa mecánica debe atribuirse la transformación gradual de los organismos y su desarrollo progresivo, esto es lo que ha investigado el ilustre naturalista; la teoría darwinista es la indicación de un procedimiento de constitución de las especies. Pero al lado de la selección natural, y más eficaces o más generales que ella, pueden existir otras causas de la producción de las especies, algunas de cuyas causas se empiezan ya a vislumbrar, pudiendo haber otras que aún no se hayan descubierto.

En todo caso, lejos de ser un manantial constante de progreso, la competencia vital es, particularmente cuando se ejerce entre los hombres, causa de extenuación.

Lo que es preciso que haya entre los hombres es la acción común, la solidaridad en la lucha contra el resto de la naturaleza, debiendo ser esta tanto más fecunda cuanto que todos los esfuerzos se concentren en este punto, no desperdiciándose una parte de actividad en una lucha intestina.

Admitiendo que la lucha entre organismos semejantes se impone a los animales distintos del hombre, se encuentra la razón de esta lucha en el hecho de que, consumiendo el animal sin producir, la parte consumida por los unos puede reducir la posibilidad de consumo de los otros; mientras que el hombre, capaz de producir y produciendo más de lo que consume, puede vivir y desarrollarse sin limitar por esto el consumo de sus semejantes.

Por otra parte, el trabajo humano es tanto más productivo, cuanto que está basado en una combinación más amplia de trabajadores que funcionan juntos con un mismo objeto; la utilidad de semejante modo de ejecución del trabajo tiende a excluir la lucha y la división entre los hombres.

Además, la lucha entre los hombres civilizados, la guerra, implica, no la supresión, sino la permanencia de los más débiles; pues los más robustos, los más fuertes, son arrebatados por el servicio militar.

La selección sexual, favorable entre los animales a los más bellos, a los más vigorosos o a los más inteligentes, produce en el hombre un efecto contrario: hombres y mujeres son generalmente atraídos solo por la riqueza, yendo esta unida con frecuencia a la inferioridad intelectual y física.

Finalmente, si es cierto que el progreso nace a veces de la lucha por la existencia, es porque al oponer los seres en lucha sus cualidades intrínsecas, la victoria pertenece incontestablemente al que es superior. Los que en las sociedades humanas combaten por la vida, se hallan en condiciones de desigualdad extrañas a su naturaleza, pues unos reciben la instrucción de que los demás están privados, y se aprovechan de los capitales de que estos se hallan desprovistos. Desde este momento, el resultado de la lucha no indica cuál sea realmente el mejor, sino el que está socialmente mejor armado.

Y no solo, dentro de nuestra civilización, el hombre, reducido a sus fuerzas orgánicas casi incultas, el hombre sin armas tiene en la vida por adversario al hombre completamente armado, que ha tenido medios de desarrollarse y los tiene de obrar, sino que ni aun le es permitido a este paria usar de las solas fuerzas de que dispone, sus fuerzas naturales, más que en los límites estrechos en que le encierra una legislación destinada únicamente a proteger a los fuertes contra los débiles. No contenta con no armar a sus adversarios y colocarlos en condiciones de desigualdad artificial, la ley burguesa los agarrota y los arroja así maniatados en el combate de la vida.

Desde hace tiempo la lucha ha perdido su carácter individual al pasar de las sociedades animales a las sociedades humanas. Los animales luchan con sus armas naturales incorporadas a su organismo, mientras que el hombre lucha con armas artificialmente unidas a su ser; y sucede precisamente que los poseedores de estas armas no son, sino excepcionalmente, creadores de ellas. A consecuencia de esta particularidad, la lucha toma en las sociedades humanas el carácter de lucha de clases, lucha que, lejos de consolidarla, la evolución humana trata de eliminar con la contradicción que le sirve de base.