El problema, tal como lo habíamos planteado al [final del capítulo quinto], está resuelto en todos sus términos.
El capitalista compra en el mercado cada mercancía en su justo valor (algodón, brocas, fuerza de trabajo), y luego hace lo que todo comprador: consume su valor de uso. Siendo el consumo de la fuerza de trabajo al mismo tiempo producción de mercancías, suministra un producto de 10 kilogramos de hilados, que valen 40 pesetas. El capitalista que había salido del mercado después de hacer sus compras, vuelve entonces a él como vendedor. Vende los hilados a 4 pesetas el kilogramo, ni un céntimo más de su valor, y, sin embargo, retira de la circulación 4 pesetas más de lo que había puesto. Esta transformación de su dinero en capital se efectúa y no se efectúa en el dominio de la circulación, la cual sirve de intermediaria. La fuerza de trabajo se vende en el mercado para ser explotada fuera del mercado, en el dominio de la producción, donde es origen de supervalía.
La producción de supervalía no es, pues, otra cosa que la producción de valor prolongada más allá de cierto límite. Si la acción del trabajo dura solo hasta el momento en que el valor de la fuerza de trabajo pagada por el capital es reemplazada por un valor equivalente, hay simple producción de valor. Cuando pasa de este límite, hay producción de supervalía.
CAPÍTULO VIII
CAPITAL CONSTANTE Y CAPITAL VARIABLE
Propiedad del trabajo de conservar valor creando valor. — Valor simplemente conservado y valor reproducido y aumentado.
Propiedad del trabajo de conservar valor creando valor.
Los diversos elementos que contribuyen a la ejecución del trabajo tienen una parte diferente en la formación del valor de los productos.
El obrero añade un valor nuevo al objeto del trabajo por la adición de nuevas dosis de trabajo, cualquiera que sea el género de utilidad de este. Por otra parte, hallamos en el valor del producto el valor de los medios de producción consumidos, por ejemplo, el valor del algodón y de las brocas en el de los hilados. El valor de los medios de producción se conserva, pues, y se trasmite al producto por medio del trabajo. Pero ¿de qué modo?
El obrero no trabaja una vez para añadir nuevo valor al algodón y otra vez para conservar el antiguo, o lo que es lo mismo, para trasmitir a los hilados el valor de las brocas que desgasta y del algodón que elabora. Por la simple adición de valor conserva el antiguo. Mas como el hecho de añadir valor nuevo al objeto de trabajo y conservar el valor antiguo en el producto, son dos resultados enteramente distintos que el obrero obtiene en el mismo espacio de tiempo, este doble efecto no puede resultar indudablemente sino del doble carácter de su trabajo. Este debe en el mismo momento crear valor en virtud de una propiedad y conservar o trasmitir valor en virtud de otra.