El hilador añade valor hilando, el tejedor tejiendo, el forjador forjando, etc., y esta forma de hilanza, de tejido, etc., en otros términos, la forma productiva especial en que se emplea el trabajo, es causa de que los medios de producción, tales como algodón y brocas, hilo y telar, hierro y yunque, den origen a un nuevo producto. Ahora bien, ya hemos visto que el tiempo de trabajo necesario para crear los medios de producción consumidos entra en cuenta en el producto nuevo; por consecuencia, el trabajador conserva el valor de los medios de producción consumidos y lo trasmite al producto como parte constitutiva de su valor por la forma útil especial del trabajo añadido.
Si el trabajo productivo especial del obrero no fuese la hilanza, por ejemplo, no haría hilados y no trasmitiría a su producto los valores de las brocas y del algodón empleado en la hilanza. Pero si nuestro hilador cambia de oficio por un día de trabajo, y se hace, por ejemplo, carpintero, añadirá como antes un valor a las materias. Añade, pues, este valor por su trabajo, no considerado como trabajo de hilador o de carpintero, sino como trabajo en general, como gasto de fuerza humana; y añade cierta cantidad de valor, no porque su trabajo tenga tal o cual forma útil particular, sino porque ha durado cierto tiempo. Así, una cantidad nueva de trabajo añade nuevo valor, y por la calidad del trabajo añadido los antiguos valores de los medios de producción se conservan en el producto.
Este doble efecto del mismo trabajo aparece claramente en una multitud de circunstancias. Supongamos que una invención cualquiera permite al obrero hilar en seis horas tanto algodón como antes en dieciocho. Como actividad productiva, la potencia de su trabajo ha triplicado y su producto es tres veces mayor: 15 kilogramos en lugar de 5. La cantidad de valor añadida por las seis horas de hilanza al algodón sigue siendo la misma; solamente que esta cantidad recaía antes sobre 5 kilogramos y ahora recae sobre 15, siendo, por lo tanto, tres veces menor. Por otra parte, siendo ahora empleados 15 kilogramos de algodón en lugar de 5, el producto de seis horas de trabajo contiene un valor seis veces mayor de algodón. Así, en seis horas de hilanza, un valor tres veces mayor de materia primera se conserva y trasmite al producto, aunque el valor añadido a esta misma materia sea tres veces más pequeño. Esto muestra que la propiedad en cuya virtud el trabajo conserva el valor, es esencialmente distinta de la propiedad por la que crea el valor durante la misma operación.
El medio de producción solo trasmite al producto el valor que él pierde, perdiendo su utilidad primitiva; pero en este concepto, los elementos materiales del trabajo se comportan de diferente modo.
Las materias primeras y materias auxiliares pierden su aspecto al servir para la ejecución de un trabajo. Distinta cosa ocurre con los instrumentos propiamente dichos, que duran más o menos tiempo y funcionan en mayor o menor número de operaciones. Se sabe por experiencia la duración media de un instrumento de trabajo, y se puede, por consiguiente, calcular su desgaste cotidiano y lo que cada día trasmite de su propio valor al producto; pero el instrumento de trabajo, por ejemplo, una máquina, aunque trasmite diariamente una parte de su valor a su producto diario, funciona todos los días entera durante la ejecución del trabajo.
Por consiguiente, aun cuando un elemento de trabajo entre todo entero en la producción de un objeto de utilidad, de un valor de uso, no entra más que en parte en la formación del valor. Al contrario, un medio de producción puede entrar entero en la formación del valor, y solo en parte en la producción de un valor de uso. Supongamos que en la hilanza de 115 kilogramos de algodón haya 15 de desecho. Si esta pérdida del 15 por 100 es inevitable por término medio en la fabricación, el valor de los 15 kilogramos de algodón que no se transforman en hilados entra todo también en el valor de los hilados, como el de los 100 kilogramos que forman parto de su sustancia. Desde el momento que esta pérdida es una condición de la producción, el algodón perdido trasmite a los hilados su valor.
No trasmitiendo los medios de producción al nuevo producto más que el valor que pierden bajo su antigua forma, solo pueden añadirle valor si ellos mismos lo poseen. Su valor se halla determinado, no por el trabajo en que entran como medios de producción, sino por el trabajo de donde se derivan como productos.
Valor simplemente conservado y valor reproducido y aumentado.
La fuerza de trabajo en actividad, el trabajo viviente, tiene, pues, la propiedad de conservar el valor añadiendo valor. Si esta propiedad no cuesta nada al trabajador, produce mucho al capitalista, que le debe la conservación del valor actual de su capital. Lo echa de ver perfectamente en el momento de las crisis, de las interrupciones de trabajo, en que tiene que soportar los gastos de deterioro de los medios de producción de que se compone su capital: primeras materias, instrumentos, etc., que permanecen inactivos.
Decíamos que el valor de los medios de producción se conserva y no se reproduce, porque los objetos en los cuales existe en un principio no desaparecen sino para revestir nueva forma útil, y el valor persiste bajo los cambios de forma. Lo producido es un nuevo objeto de utilidad en que continúa apareciendo el valor antiguo.