En tanto que el trabajo conserva y trasmite al producto el valor de los medios de producción, crea a cada instante un valor nuevo. Supongamos que la producción cesara cuando el trabajador ha creado de este modo el equivalente del valor diario de su propia fuerza, cuando ha añadido al producto, por medio de un trabajo de seis horas, un valor de 4 pesetas. Este valor reemplaza el dinero que el capitalista anticipa para la compra de la fuerza de trabajo y que el obrero invierte en seguida en subsistencias. Pero este valor, al contrario de lo que hemos sentado respecto del valor de los medios de producción, ha sido producido en realidad; si un valor reemplaza a otro, es merced a una nueva creación.

Sabemos ya, sin embargo, que la duración del trabajo traspasa el límite en que el equivalente del valor de la fuerza de trabajo se hallaría reproducido y añadido al objeto trabajado. En lugar de seis horas que suponemos bastarían para esto, la operación dura doce horas o más. La fuerza de trabajo en movimiento no reproduce solo su propio valor, sino que produce también valor de más. Esta supervalía forma el excedente del valor del producto sobre el de sus elementos constitutivos: los medios de producción y la fuerza de trabajo. Así, pues, en una producción, la parte del capital que se transforma en medios de producción, es decir, en primeras materias, materias auxiliares o instrumentos de trabajo, no cambia en el acto de la producción la magnitud de su valor. Por esto la denominamos parte constante del capital o simplemente capital constante.

Al contrario, la parte del capital transformada en fuerza de trabajo, cambia el valor en una nueva producción y por el hecho mismo de esta producción. Reproduce primero su propio valor y además produce un excedente, una supervalía mayor o menor. Esta parte del capital, de magnitud alterable, la denominamos parte variable del capital o simplemente capital variable.

CAPÍTULO IX

TIPO DE LA SUPERVALÍA

I. Trabajo necesario y sobretrabajo. — Grado de explotación de la fuerza de trabajo. — II. Los elementos del valor del producto expresados en partes de este producto y en fracciones de la jornada de trabajo. — III. La «última hora». — IV. El producto neto.

Vemos, pues, por una parte, el capital constante que suministra a la fuerza de trabajo los medios de materializarse; medios cuyo valor, reapareciendo solamente, es igual antes y después del acto de producción; por otra, el capital variable, que antes de la producción equivale al precio de compra de la fuerza de trabajo, y después es igual a este valor, reproducido con un aumento mayor o menor. Resultando la supervalía del aumento que experimenta el capital variable, es evidente que la relación de la supervalía con el capital variable determina la proporción en que tiene lugar este aumento. Consideremos [las cifras del capítulo séptimo]. Siendo 4 pesetas la parte de capital empleado en la compra de la fuerza de trabajo de un hombre durante una jornada o día de trabajo, en una palabra, siendo el capital variable y la supervalía 4 pesetas, esta última cifra expresa la magnitud absoluta de la supervalía producida por un trabajador en un día de trabajo; la magnitud proporcional, es decir, la magnitud comparada con la del capital variable antes del aumento de valor, está expresada por la relación de 4 a 4, esto es, de un 100 por 100. A esta magnitud proporcional es a lo que llamamos tipo de la supervalía. No se debe confundir el tipo de la supervalía, que es la relación de esta con la parte variable del capital adelantado y que solo expresa directamente el grado de explotación del trabajo, con el tipo del beneficio, que es la relación de la supervalía con el total del capital adelantado.

I. Trabajo necesario y sobretrabajo.

Hemos visto que, durante una parte de la jornada, el obrero solo produce el valor diario de su fuerza de trabajo, esto es, el valor de las subsistencias necesarias para su sostenimiento. Como hay una división del trabajo social organizada por sí misma en el medio en que trabaja, el obrero produce su subsistencia, no directamente, sino bajo la forma de una mercancía particular, hilados, por ejemplo, cuyo valor es igual al de sus medios de subsistencia, o al del dinero con que los compra.

En esta parte de la jornada, mayor o menor según el valor medio de su subsistencia diaria, el obrero, trabajando o no trabajando para un capitalista, no hace más que reemplazar un valor por otro; en realidad, la producción de valor durante este tiempo es una simple reproducción. Llamamos tiempo de trabajo necesario a la parte de la jornada en que se verifica esta reproducción, y trabajo necesario al trabajo gastado en este tiempo: necesario para el trabajador, que, sea cualquiera la forma social de su trabajo, gana la vida en ese tiempo, y necesario para el mundo capitalista, cuya base es la existencia del trabajador.