La parte de la jornada de trabajo que traspasa los límites del trabajo necesario, no forma ningún valor para el obrero, forma la supervalía para el capitalista; llamamos tiempo extra a esa parte de la jornada, y sobretrabajo al trabajo gastado en ella. Si el valor en general es una simple materialización de tiempo de trabajo, la supervalía es una simple materialización de tiempo de trabajo extra, es sobretrabajo realizado. Las diferentes formas económicas que la sociedad ha revestido, por ejemplo, la esclavitud y el salariado, solo se distinguen por la forma de imponer y de usurpar este sobretrabajo al productor inmediato.

Grado de explotación de la fuerza de trabajo.

Por una parte, el valor del capital variable es igual al valor de la fuerza de trabajo que compra, y el valor de esta fuerza determina la parte necesaria de la jornada de trabajo; por otra, la supervalía es determinada por la duración de la parte extra de esta misma jornada, por el sobretrabajo. Luego el tipo de la supervalía, expresado por la relación de aquella con el capital variable, lo está también por la relación, igual a la anterior, del sobretrabajo con el trabajo necesario.

El tipo de la supervalía es, por consecuencia, la expresión exacta del grado de explotación de la fuerza de trabajo por el capital, o del trabajador por el capitalista; pero no se debe confundir el grado de explotación con la magnitud absoluta de esta. Supongamos que el trabajo necesario es igual a cinco horas y que el sobretrabajo es también igual a cinco horas; el grado de explotación expresado por la relación de 5 a 5, es de 100 por 100, y la magnitud absoluta de la explotación es de cinco horas. Si, por el contrario, el trabajo necesario y el sobretrabajo son cada uno de seis horas, el grado de explotación expresado por la relación de 6 a 6 no varía, sigue siendo de 100 por 100, en tanto que la magnitud absoluta de la explotación, que antes era de cinco horas, crece en una hora, es decir, en un 20 por 100.

Para calcular el tipo de la supervalía consideramos el valor del producto sin tener en cuenta el valor del capital constante, que ya existía y que no hace más que reaparecer; el valor que queda entonces es el único valor realmente creado durante la producción de la mercancía. Conocida la supervalía, es preciso restarla de este valor para encontrar el capital variable; conociendo el capital variable, habrá que restar este para encontrar la supervalía. Conocidos ambos, solo hay que calcular la relación de la supervalía con el capital variable, es decir, dividir la supervalía por el capital variable, y multiplicando por 100 el cociente que resulte, se tiene el tanto por ciento del tipo de la supervalía.

II. Los elementos del valor del producto expresados en partes de este producto y en fracciones de la jornada de trabajo.

Volvamos al [ejemplo que en el capítulo séptimo] nos sirvió para mostrar cómo el capitalista convierte su dinero en capital. El trabajo necesario del hilandero ascendía a seis horas, lo mismo que su sobretrabajo; por consiguiente, el obrero trabaja media jornada para sí y media para el capitalista; el grado de explotación es de 100 por 100.

El producto de la jornada es 10 kilogramos de hilados, que valen 40 pesetas; los ocho décimos de este valor, 32 pesetas, están formados por el valor de los medios de producción consumidos: 26 pesetas por la compra del algodón y 6 pesetas por el desperfecto de las brocas. Por lo tanto, estas 32 pesetas representan el valor que no hace más que reaparecer; es decir, que los ocho décimos del valor de los hilados consisten en capital constante. Los dos décimos que restan son el nuevo valor de 8 pesetas creado durante la hilanza y por la hilanza. Una mitad de este valor reemplaza el valor diario de la fuerza de trabajo, que ha sido adelantado, es decir, el capital variable de 4 pesetas; la otra mitad constituye la supervalía de 4 pesetas. El valor de 40 pesetas en hilados es igual a 32 pesetas de capital constante, más 4 pesetas de capital variable, y, por último, más 4 pesetas de supervalía.

Puesto que el valor total de 40 pesetas está representado por 10 kilogramos de hilados, los diferentes elementos de este valor, que acabamos de indicar, pueden representarse en partes del mismo producto.

Si existe un valor de 40 pesetas en 10 kilogramos de hilados, los ocho décimos de este valor o su parte constante de 32 pesetas, existían en ocho décimos del producto o en 8 kilogramos de hilados. Estos 8 kilogramos representan, pues, el valor del algodón comprado y el desperfecto de las brocas; en total, 32 pesetas, lo cual corresponde a 6 kilogramos y medio de hilados, que representan las 26 pesetas de algodón, y kilogramo y medio, que representa las 6 pesetas del desperfecto de las brocas.