En 6 kilogramos y medio de hilados solo se encuentran realmente 6 kilogramos y medio de algodón, que valen 16 pesetas y 90 céntimos, pero los 10 kilogramos cuestan 26 pesetas; la diferencia de 9 pesetas y 10 céntimos equivale al algodón contenido en los otros 3 kilogramos y medio de hilados. Pero los 6 kilogramos y medio de hilados representan todo el algodón contenido en el producto total de 10 kilogramos de hilados; en efecto, a 4 pesetas kilogramo, valen 20 pesetas, como los 10 kilogramos de algodón; en cambio, no representan nada más. Puede considerarse que no contienen una partícula del valor de los instrumentos de trabajo utilizados, ni del nuevo valor creado por la hilanza. De igual modo, kilogramo y medio de hilados valen 6 pesetas, como las brocas gastadas en doce horas de hilanza; en este caso, kilogramo y medio representa el valor de los instrumentos de trabajo utilizados mientras dura la producción de 10 kilogramos de hilados; pero no representa más que esto, y no contiene ni una partícula del valor nuevo creado por la hilanza.

En resumen, ocho décimos del producto u 8 kilogramos de hilados se considera que no contienen nada del valor nuevo creado por el trabajo del hilandero. Y, de hecho, cuando el capitalista los vende en 32 pesetas y recobra con esta suma lo que ha gastado en medios de producción, aparece evidente que 8 kilogramos de hilados son brocas y algodón bajo otra forma. Por otra parte, los dos décimos restantes, o sean los 2 kilogramos de hilados, representan, por consecuencia, el valor que queda, el valor nuevo de 8 pesetas creado en las doce horas de trabajo. El trabajo del hilandero, materializado en el producto de 10 kilogramos de hilados, se concentra ahora en 2 kilogramos, en dos décimos del producto, de los cuales un décimo, esto es, un kilogramo, representa el valor de la fuerza de trabajo empleada, es decir, las 4 pesetas del capital variable adelantado, y el otro décimo las 4 pesetas de supervalía.

Puesto que doce horas de trabajo crean un valor de 8 pesetas, ascendiendo el valor de los hilados a 40 pesetas, representa sesenta horas de trabajo. Esto es porque, además de las doce horas de hilanza, en las 40 pesetas está comprendido el tiempo de trabajo que contenían los medios de producción consumidos: cuatro jornadas de doce horas o sean cuarenta y ocho horas de trabajo, que precedieron a la operación de la hilanza y se realizaron en un valor de 32 pesetas.

Se puede, pues, descomponer el resultado de la producción, el producto, en una cantidad que representa únicamente el trabajo contenido en los medios de producción, o parte constante del capital; en otra cantidad que solo representa el trabajo necesario añadido durante la producción, o parte variable del capital, y, por último, en una cantidad que representa el sobretrabajo añadido o supervalía.

El producto total fabricado en un tiempo determinado, por ejemplo, en una jornada, descompuesto de esta suerte en partes que representan los diversos elementos de su valor, puede también representarse en fracciones de la jornada de trabajo.

El hilandero produce en doce horas 10 kilogramos de hilados; por consiguiente, en una hora y doce minutos produce 1 kilogramo, y en siete horas cuarenta y cinco minutos 6 kilogramos y medio de hilados, es decir, una parte del producto que vale por sí sola todo el algodón empleado en la jornada. De igual suerte, la parte producida en la hora y cuarenta y cinco minutos siguientes es igual a kilogramo y medio de hilados, y representa, por lo tanto, el valor de las brocas utilizadas durante las doce horas de trabajo. De la misma manera, el hilandero produce en la hora y los doce minutos que siguen 1 kilogramo de hilados, que representa un valor igual a todo el valor que ha creado en las seis horas de trabajo necesario. Finalmente, en los últimos setenta y dos minutos produce otro kilogramo de hilados, cuyo valor es igual a la supervalía producida en sus seis horas de sobretrabajo.

Nótese bien que lo que produce en estos setenta y dos minutos es un kilogramo de hilados, cuyo valor entero es igual a la supervalía que la jornada de trabajo rinde al capitalista; pero el valor entero de este kilogramo se compone, además del valor que resulta del trabajo del hilandero, del valor del trabajo anterior, que produjo el algodón y las brocas consumidas para su fabricación.

III. La «última hora».

De la representación de los diversos elementos del valor del producto en partes proporcionales de la jornada de trabajo, y de que la supervalía esté representada por el valor del producto de los setenta y dos últimos minutos, no hay que deducir, como algunos economistas que en nombre de la ciencia intentan oponerse a toda reducción de la jornada de trabajo, que el obrero en su jornada de doce horas consagra al fabricante para la producción de la supervalía tan solo los últimos setenta y dos minutos, la «última hora», como ellos dicen.

La supervalía es igual, en efecto, no al valor de la fuerza de trabajo gastado durante los últimos setenta y dos minutos, sino al valor del producto para el cual se ha realizado el gasto de la fuerza de trabajo en ese tiempo, es decir, que es igual al valor de los medios de producción (algodón y brocas) consumidos en setenta y dos minutos, más el nuevo valor que a ellos añade, durante el mismo tiempo, el trabajo del hilandero al consumirlos.